Capítulo 5. Establecimiento de la Rus de Kiev

(Extracto del libro “Ucrania: una historia de su tierra y sus habitantes”, de Paul-Robert Magocsi. En concreto se trata del primer capítulo de la Segunda Parte del libro: El período de Kiev.)

Nuestro conocimiento sobre la historia más antigua de las tierras ucranianas se basa en un mínimum de información histórica repleta de misterios y momentos dudosos. Aunque no cabe duda de que el establecimiento político conocido hoy en día bajo el nombre de Rus de Kiev apareció en las tierras eslavas del este a finales del siglo IX aproximadamente y existió hasta mediados del siglo XIV. Su centro político y cultural se encontraba en Ucrania-Dnipró central, aunque el poder de Kiev se extendía también al norte de las tierras ucranianas. Los siguientes cinco capítulos están dedicados a la aparición, auge, caída y transformación de la Rus de Kiev en cuatro etapas: 1) 870 – 972, época de crecimiento y expansión; 2) desde 972 – 1132, época de consolidación; 3) 1132 – 1240, época de ruptura; 4) 1240 – 1340, época de transformación política.

Origen de la Rus

A pesar de que de la Rus de Kiev, comparada con la época jázara y la eslava antigua, existen bastantes más datos históricos, el primer siglo de su existencia está lleno de misterios y contradicciones. Además, la cuestión del origen de la Rus es problemática. ¿Quiénes son los rus y cómo se establece la estructura del estado de la Rus de Kiev? Estas cuestiones son todavía las más discutidas, aunque sobre ellas quizá se ha escrito más que sobre cualquier otra cuestión de Europa del este. Se sabe que las discusiones constantes y a menudo muy encendidas entre historiadores y periodistas sobre este tema, en su mayor reflejan no tanto los datos de la historia de la Alta Edad Media de Europa del este sino la necesidad de los descendientes de encontrar en el pasado su “mito de origen” correspondiente, que explicaría el origen de la nación y halagaría la dignidad nacional. ¿Los propios eslavos del este fundaron su estado o necesitaron ayuda externa? En otras palabras, ¿La Rus de Kiev fue la primera estructura estatal en las tierras eslavas del este o sólo la sucesora de estados más antiguos? Y al final, ¿quiénes son los rus: escandinavos venidos de otro país, eslavos del este o ambos?

El motivo de la discusión alrededor de esta cuestión han sido las diferentes interpretaciones de ciertos pasajes de una de las más antiguas y famosas fuentes escritas de la historia antigua de los eslavos orientales: la Crónica de Néstor. Después de las típicas descripciones de la inundación bíblica y de la distribución de los descendientes de Noé por todo el mundo, en la Crónica de Néstor se mencionan todas las tribus eslavas del este y sus territorios. Se presta especial atención a los polanos, a los que llaman “sabios y prudentes”, y su líder Kyi, uno de los fundadores de Kiev, que según la crónica tuvo suficiente poder para visitar Constantinopla y obtener “gran honor” del emperador bizantino. De la Crónica de Néstor se lee entre líneas que mucho antes del siglo IX ya existían algunas tribus eslavas del este poderosas o sus alianzas, cada una con su caudillo o gran príncipe. Pero en el siglo IX los polanos y otras tribus eslavas orientales de Ucrania-Dnipró central se convirtieron en vasallos de los jázaros; y al mismo tiempo, en el norte, junto a los fineses vecinos que poblaban la costa del golfo de Finlandia, llegaron a ser vasallos de los varegos y rus-varegos “que vinieron del mar (Báltico)”.

La gran discusión: el origen de la Rus

El “llamamiento de los varegos” y el problema del origen de la Rus causan discusiones que siguen bullendo desde hace más de dos siglos. Dependiendo de la postura de los historiadores, podemos dividirlo en dos corrientes principales: normanismo y antinormanismo1.

Se puede asegurar que la posición normanista se defendió por primera vez en las crónicas rus antiguas: en la primera crónica de Nóvhorod y en la “Crónica de Néstor”. La primera crónica de Nóvhorod data de 1071 y, a pesar de cambios posteriores, es la compilación histórica más antigua de la que disponemos. La “Crónica de Néstor” se escribió incluso antes, a mediados del siglo XI, pero se reescribió y corrigió varias veces después; así que el ejemplar actual se corresponde con la versión elaborada por el monje kievano Néstor a principios del siglo XII y posteriormente rehecha en dos ocasiones por otros clérigos (aproximadamente 1118 – 1123). Igual que la primera crónica de Nóvhorod, la “Crónica de Néstor” narra el llamamiento de los varegos relacionándolo de vez en cuando con los rus. De aquí surge la idea de que los varegos tuvieron un papel importante en la fundación de la Rus de Kiev.

Con la aparición de las primeras investigaciones históricas-críticas sobre Europa del este en el siglo XVIII, dos historiadores alemanes, Gottlieb Bayer y Gerhard Muller, contratados por el Imperio Ruso, formularon la teoría que posteriormente fue llamada normanista y de la que ellos fueron sus fundadores. Junto con sus seguidores (A.L. Schlotzer, E. Konig y V. Tossen) declararon en el siglo XIX que los rasgos característicos de la primera civilización de la Rus de Kiev, es decir, la estructura política y legal, la religión y el arte, surgieron y se desarrollaron bajo influencia escandinava. Aunque las investigaciones posteriores desmintieron varias de estas afirmaciones, un asunto que está fuera de toda duda es la relación entre el “llamamiento de los varegos” de la crónica y los rus.

Varios historiadores rusos de prestigio de los siglos XIX y XX (N. Karamzín, M. Pagodin, S. Soloviev, V. Kluchevski, P. Miliukov y M. Pokrovski), sus seguidores en el oeste (M. Florinski, F. Dvornik y D. Obolienski) y también algunos historiadores ucranianos (M. Kostomarov, P. Kulísh, V. Antonovych y S. Tomashivski) compartían el punto de vista normanista de la historia de la Rus de Kiev (con cambios y añadiduras). Reconociendo la relación que establece la crónica entre los varegos y los rus, los historiadores se pusieron manos a la obra en la búsqueda de testimonios lingüísticos que pudieran ayudar a establecer la patria verdadera de los rus. La hipótesis de Ernst Kunik y Wilhelm Tomsen sobre el origen de los rus de una región sueca (Uppland) en la costa báltica al norte de la actual Estocolmo, fue bien recibida por muchos eslavistas importantes (F. Mikloshich. I. Srieznievski, V. Iagich, O. Shajmatov y A. Bruckner). De las investigaciones lingüísticas se extrajo que la palabra “rus” recuerda a los nombres con los que las tribus finlandesas denominaban a los que “llegaban del mar”. Así que “rus” puede provenir: 1) de “ruotsi”, palabra finesa para describir a los suecos, sobre todo a los que provenían de la parte de la región costera de Uppland que está un poco más al norte de Estocolmo y conocida como Roslagen, y a sus habitantes les llamaron “rospiggar” (se pronuncia “rúspigar”); 2) de “ropsmenn” o “ropskarlar”, palabras que en escandinavo antiguo significan “navegante-remero” y en finlandés significan “nación independiente”, y que, por cierto, se conservaron en el primer nombre finés de “Suecia” (Ruotsi) y “sueco” (ruotsalaiset).

El antinormanismo de Mijaíl Lomonósov también procede del siglo XVIII, pero su defensa de la “nación rus” y de todos los eslavos del este no se plasmó en una teoría científica hasta el siglo XIX, cuando aparecieron los primeros antinormanistas convencidos: Dmitrii Ilovaiskii, Stepán Guiedieónov, a los que se unieron varios historiadores (I. Filiévich, M. Hrushevski, P. Holubovski, H. Vernadski, H. Paskevich, M. Tijomírov, B. Hriékov y B. Rybakov). Estos autores o bien criticaban ciertas afirmaciones del normanismo o, empleando restos arqueológicos, creaban nuevas teorías sobre el origen de las estructuras estatales antiguas de los eslavos orientales, donde el llamamiento de los Varegos jugaba sólo un papel anecdótico.

Según los antinormanistas, el nombre “rus” en realidad está conectado no con los varegos de Nóvhorod o con otras regiones al norte del lago Ladoga, sino más bien con una tribu mucho más al sur que vivía en la corriente media del Dnipró al sur de Kiev, o, como aseguraba H. Vernadski, al este del mar de Azov. Según el punto de vista antinormanista, en la corriente media del Dnipró, es decir, en el valle del río Ros, habitaba la tribu eslava de los “ros” (rosos o rodos), que en el siglo VI unió a los vecinos eslavos alrededor de su metrópoli, Róden. Cuando los rosos se unieron con los polanos (Kyivshchyna) y siveriany (Chernihivshchyna), esta alianza se fortaleció y extendió creando en la corriente media del Dnipró una nueva unión intertribal que llegó a llamarse “Rus”.

Utilizando esta información, que alguien podría considerar hipotética, los historiadores soviéticos B. Hriékov y B. Rybakov, llegaron a ser considerados los antinormanistas más acérrimos. Ellos además argumentaban su posición con los hallazgos arqueológicos del siglo XX, que parecían demostrar la existencia de estructuras estatales de eslavos del este antes de la aparición de los varegos en Europa oriental. Estos “Estados” se refieren a la alianza tribal duliba en Volinia y la alianza rus en la corriente media del Dnipró (formada por polanos, siveriany y uliches). Ambas alianzas se consideraban continuadoras del “Estado eslavo” antae precedente. Fue la expansión de los rus hacia el norte de Kiev y su control cada vez mayor sobre las otras tribus eslavas (y no la llegada de los varegos) lo que causó la aparición de la Rus de Kiev a finales del siglo IX y principios del X.

Los antinormanistas dudaban de la existencia de un pueblo rus (o algunas de sus variantes) tal y como mencionaban las antiguas fuentes escandinavas. Aseguraban que algunos autores musulmanes del siglo IX llamaban “rus” a una de las tribus eslavas, y que incluso mencionan la existencia de tres estados eslavos: Kuyabia, Eslavia y Artania. Los antinormanistas también escribieron que la tradición de identificar Eslavia (Slava) con Nóvhorod era errónea, ya que estos tres nombres se referían respectivamente a Kiev (Kuyaba) y a dos ciudades satélites: Pereiáslav (Eslavia) y Róden (Artania). Además, los antinormanistas consideraban que el testimonio aparentemente indiscutible de la crónica sobre el llamamiento de los varegos y la identificación de ellos con los rus, eran un añadido posterior. La historia del “llamamiento de los varegos” fue, en su opinión, añadida por los copistas leales al poder en el siglo IV, que aspiraban a legitimizar la dinastía Rúrik, llevándola desde Rúrik, que fue el mayor de los guerreros varegos invitados a la tierra de Nóvhorod y al parecer primer mandatario del Estado de Rus. Los antinormanistas también rechazaban el argumento de sus oponentes sobre los mensajeros de Rus a Bizancio, cuyos nombres eran claramente escandinavos, considerándoles contratados por los grandes príncipes de la Rus eslava, los cuáles les encargaban misiones especializadas en asuntos comerciales y diplomáticos.

La discusión entre normanistas y antinormanistas la intentó resolver por primera vez el jurista y activista social ucraniano Serhii Shelujin en 1929, que en aquel tiempo era emigrante político y vivía en Praga. Elaboró una “teoría del origen celta de la Rus de Kiev procedente de Francia”. Entre las tribus celtas de la Galia sometidas por Julio César entre 58 ac y 51 ac se menciona a los rutenos, que vivían al este del río Ródano al norte de Narbona, la primera colonia romana al oeste de los Alpes y que incluía los territorios de las posteriores regiones francesas de Languedoc y Auvernia, en el actual suroeste francés. Tras la primera mitad del siglo V, durante las invasiones bárbaras causadas por la intervención de los hunos, los rutenos se dirigieron al este y se asentaron en las provincias romanas de Recia, Nórico y Panonia (actuales Austria y oeste de Hungría). Pronto, tras las invasiones, los rutenos se rebelaron contra la autoridad romana. Entre los caudillos del levantamiento se encontraba Odoacro (u Odovacar), mencionado en las fuentes de aquellos tiempos como “el rey de los rutenos” (Rex Ruthenorum). Odoacro fue el comandante supuestamente de origen germánico que, en el año 476, puso el punto y final a la historia del Imperio romano de Occidente.

Al respecto de los rutenos celtas, S. Shelujin consideraba que seguían viviendo en Recia, Nórico, Panonia y la costa de Iliria (actuales Croacia y Eslovenia), donde se mezclaron con la población local, incluyendo eslavos. Aproximadamente en el siglo VII los rutenos de nuevo se dirigieron al este. Una pequeña parte viajó a la región de los Cárpatos, en el extremo oeste de Ucrania, donde, según esta teoría celta, dejaron las huellas de su origen en los nombres, entre los que se encuentran Rus, rutenos (etimológicamente relacionados con Ruteni) Hálych y Galitzia. La mayor parte de los rutenos fueron al sureste a lo largo del río Danubio y su delta, atravesaron las estepas ucranianas y se asentaron en la costa este del mar de Azov, en la península de Tamán, en la costa este del estrecho de Kerch. Allí fundaron su capital, Tamatarka (Tmutarakáñ). Desde esta ciudad, los rutenos viajaron al norte, hasta Kiev, donde se mezclaron con la tribu local eslava de los polanos, a los que trasladaron el nombre “rus”. Con el tiempo, la Rus se extendió desde Kiev hasta Nóvhorod, al norte.

Otra explicación que toma en consideración el factor celta (“francés”) la ofrece el historiador ucranio-estadounidense Omelián Pritsak. Coincide con los normanistas en que los rus varegos llegaron desde fuera y jugaron el papel más importante en la aparición del primer estado eslavo fuerte. Además, ya al principio del siglo IX, los rus se establecen al norte, entre las tribus finesas y eslavas orientales, y su metrópolis se situaba en las tierras alrededor de Rostov. Pero estos rus varegos primitivos y también los que posteriormente respondieron al famoso “llamamiento”, según Pritsak no constituían un grupo étnico independiente, ni tampoco eran escandinavos, celtas, eslavos, o iranios (como consideraba Vernadskii). Se trata más bien de personas de diversos orígenes que se unieron en una entente comercial y viajaban por el mar del Norte y el mar Báltico (varegos). Acerca del llamamiento del varego Rúrik y sus hermanos a mediados del siglo IX, Pritsak coincide con los antinormanistas en que otorgarle a este episodio un significado especial es un añadido posterior de los copistas. También rechaza la teoría sobre el origen étnico escandinavo de los rus y, a la vez, niega la conexión de esta palabra con la tribu de los ros, con el río Ros o con algún Estado eslavo concreto en tierras ucranianas hasta el siglo IX. Este historiador, en cambio, propone que la palabra “Rus” proviene de “Ruti/Ruzzi”: una variante de Alemania central de la palabra “Rusi” de Francia central, que surgió de “Ruteni/Rutena” (región de Francia surcentral cerca de la ciudad Rodez: sus habitantes hasta día de hoy se llama “rutenois”), donde se encontraba la sede internacional de la entente ruteno-frisia.

A pesar de los argumentos convincentes de estas y otras teorías, todavía no hay una respuesta definitiva sobre el origen de la Rus y los rus, así que la discusión sigue abierta.

Aproximadamente a mediados el siglo IX (años 860-862 según la “Crónica de Néstor”, y año 854 según la más antigua “Crónica de Nóvhorod”, que quizá sea la fecha más exacta) las tribus eslavas orientales eslovenas y krývychi y también las tribus finesas chuds, vepsos y merias bajo control varego, “expulsaron (a los varegos) más allá del mar, no les pagaron tributo y empezaron a gobernarse solos”.2 Parece que los eslavos del norte y los fineses no lograron aprovechar esta oportunidad porque “se levantó un clan contra otro clan” y “empezaron a luchar entre ellos”. Bajo estas condiciones, como describe la “Crónica de Néstor”, los ex dependientes eslavos y los fineses dijeron: “vamos a buscar un gran príncipe para nosotros que pueda gobernar nuestras tierras y juzgar según el derecho y la ley”. Se hicieron a la mar en busca de varegos, de rus… y los chuds, eslovenos, krývychi y ves dijeron a los rus: “la tierra nuestra es grande y generosa, pero no hay orden en ella. Venid a reinar y gobernarnos”.3 Los rus mandó a tres hermanos, Goerekr/Rúrik, Sineo y Truvor, que se asentaron en Stáraya Ládoga (en Nóvhorod según la primera Crónica de Nóvhorod), Beloozero (actual Belozersk) e Izborsk. Así que “de estos varegos la tierra de los rus obtuvo su nombre”, aunque de su llegada a la tierra de Nóvhorod vivían los eslavos orientales eslovenos. De esto, surge en la “Crónica de Néstor” la diferenciación entre los varegos rus que llegaron y los eslavos locales.

Aunque luego se cuenta que muy pronto dos de los hermanos murieron dejando a Rúrik reinando solo en la Rus de Nóvhorod. A los dos “boyardos” de Rúrik, es decir, a Askold y Dir, como escribe la crónica, se les permitió ir a Constantinopla, pero por el camino, surcando el Dnipró (que dentro de poco se convertirá en parte de la famosa “ruta de varegos a griegos”), se detuvieron en Kiev, que en aquel tiempo, como todas las tierras polanas, se encontraba bajo control jázaro. No se sabe si se detuvieron a petición de los habitantes de Kiev, pero Askold y Dir “se quedaron juntos en la ciudad esta y reunieron a muchos varegos y empezaron a gobernar la tierra polana. Y Rúrik reinó en Nóvhorod”.4

La consolidación temporal en Kiev les proporcionó a Askold y Dir más valentía, así que decidieron ir a Constantinopla, y en el año 860 se dirigieron a la capital del Imperio Bizantino en 200 barcas. Aunque lograron arrasar a los poderosos bizantinos, la Rus de Kiev no tuvo suerte con los hermanos varegos. En los años 880-882 un nuevo gobernador varego de Nóvhorod, Helgi/Oleg, llegó del norte con un gran ejército, marcó a Alskold y Dir y “se asentó reinando en Kiev” y proclamó: “Que sea esto (Kiev) la madre de las ciudades de la Rus”, empezando desde este momento el sometimiento de las tribus eslavas orientales y finesas.5

Así que según la “Crónica de Néstor”, varias tribus eslavas del este, entre ellas los polanos, hacía mucho que tenían sus propios ejércitos y grandes príncipes. Aunque a mediados del siglo IX se encontraron bajo el poder de los varegos y los jázaros. El efímero intento de autogobierno no salió bien, por eso invitaron a los extranjeros varegos rus de Escandinavia que gobernarían en las tierras de Nóvhorod. En poco tiempo, la influencia varega se extendió al sur de Kiev y aledaños. Al principio, los varegos controlaban dos territorios: el poder de Rúrik abarcaba las tierras de Nóvhorod, mientras que Askold y Dir abarcaban las tierras de Kiev. En los años 880 estos territorios pasaron al poder único del gobernador Oleg, que empezó a someter a otras tribus eslavas. Desde este momento dio comienzo el establecimiento de la Rus de Kiev. Para recrear las descripciones episódicas y a veces contradictorias de la “Crónica de Néstor” hay que analizar la situación de Europa durante el siglo IX y cómo los hechos de aquellos tiempos remotos influyeron de forma directa e indirecta en los eslavos del este y en Ucrania.

Europa en el siglo IX

En el siglo IX, desde la Escandinavia más al norte a la parte más sureña del Mediterráneo y desde las estepas orientales más lejanas del kaganato jázaro hasta el corazón del continente que vivía la ruptura del imperio de Carlomagno y las intervenciones ruinosas de escandinavos, árabes y magiares, ocurrieron cambios muy significativos, resultado de los cuáles aparecieron en toda Europa, y no sólo en el este, nuevas realidades políticas.

En el norte, en Escandinavia los cambios políticos y demográficos causaron constantes migraciones de guerreros, comerciantes y simples aventureros para los que Europa, desde la última década del siglo VIII, se convirtió en un territorio donde ejecutar continuos saqueos. En Alemania del Norte, Britania e Irlanda, a estos guerreros les llamaron vikingos; en Francia, España e Italia, normandos, es decir, gente del norte; los eslavos y fineses en Europa del este les llamaron varegos (del escandinavo antiguo “Vaeringjar”, es decir, “el que hizo juramento”). Durante el siglo IX, los vikingos/normandos/varegos avanzaron sin piedad hacia el sur, robando en ciudades y aldeas del continente y de las islas británicas.

Hubo varias causas que explican la expansión escandinava, pero quizá la más importante fuese la situación política. En Dinamarca y, en menor parte, en Noruega y Suecia, los reyes consolidaban su poder en sus respectivos reinos cada vez más, controlando ferozmente a los ladrones tradicionales que se aprovechaban de agricultores y pescadores. En este período de transición hacia un gobierno más centralizado, expulsaron a muchos caudillos de tribus pequeñas y a rebeldes. El resultado de este fortalecimiento político fue la seguridad y la estabilidad, provocando crecimiento y bienestar entre la población, vaciando en poco tiempo los recursos naturales de la escasa Escandinavia montañosa. En esta situación de presión sobre la población y de fortalecimiento político interno, aparecieron muchos voluntarios para las incursiones vikingas (un ejemplo clásico que en historia se llama teoría de la válvula de escape). Si los vikingos no hubiesen tenido adónde ir, lo más probable es que el conflicto entre el gobierno y la población descontenta habría provocado una guerra civil. Pero durante el siglo IX, Europa atravesaba una crisis que sirvió como válvula de escape para expulsar el “vapor escandinavo”.

En el continente europeo, el Imperio de Carlomagno (reinó entre 768-814) renovó cierta estabilidad en Europa central y occidental al sur y al norte de los Alpes. Una estabilidad que aquí era desconocida desde los tiempos del Imperio romano. Aunque poco tiempo después de la muerte de Carlomagno (814) la discordia entre sus herederos causó la ruptura del imperio y la guerra entre varios regentes cristianos. Al sur, en el Mediterráneo, reinaban los árabes musulmanes. El califato árabe que surgió en Oriente Próximo, a finales del siglo VIII mantenía bajo su control todo el norte de África y la mayor parte de la península ibérica (futuras España y Portugal). Durante el siglo IX los árabes (conocidos en Europa como sarracenos) se dirigieron desde sus tierras norteafricanas a Sicilia, Cerdeña, Córcega y el sur de Italia. La mayor parte del Mediterráneo y sus vías comerciales estuvieron en manos de los árabes.

En el extremo sureste del continente europeo comenzó la decadencia del kaganato jázaro y la estabilidad que éste proporcionaba en todo el territorio bajo su influencia. Al principio, en los años 820, estalló una guerra civil severa, y aunque en 10 años el poder del kaganato se renovó, este conflicto trajo serias consecuencias. Los kabary, que salieron derrotados de esa lucha política, huyeron al norte, a la corriente alta del río Volga (cerca de Rostov) donde se encontraban los rus varegos; y también huyeron al sur, al territorio de los magiares, antiguos fieles vasallos de los jázaros. La presencia entre los varegos comerciantes de refugiados políticos jázaros en Rostov ayudó a fortalecer el prestigio de los kabary y, finalmente, en los años 830, a crear un estado nuevo: el kaganato rus. Al mismo tiempo, los magiares que recibieron a los rebeldes kabary se convirtieron en enemigos de los nuevos gobernantes de Jazaria.

Al final, los nómadas guerreros pechenegos (llamados patzinakos por los bizantinos) comenzaron a trasladarse de sus tierras a Jazaria, al norte del mar Caspio, y desplazaron a los magiares de su nuevo país: Levedia (entre los ríos Don y Donéts). Los magiares se mudaron al oeste y, aproximadamente en los años 840-850, se asentaron en las estepas ucranianas, entre el Dnipró y el Prut. Aquí, en la nueva patria (Étel-Kiozi), los magiares comenzaron a contactar con los polanos eslavos orientales, que vivían al norte de ellos, en la zona media de Ucrania-Dnipró, y también hicieron sus primeras incursiones al oeste (Balcanes y Europa central). Todos estos cambios políticos y las migraciones de los pueblos causaron confrontaciones bélicas y el cese del comercio, cuya consecuencia fue la inestabilidad general del kaganato jázaro y de las estepas ucranianas.

En el inquieto siglo IX, la única fuerza europea que mantuvo e incluso aumentó su influencia fue el Imperio Bizantino. También sufrió un profundo estrés interno cultural y político: la iconoclasia, que duró muchas décadas del siglo VIII y primera mitad del IX. Desde el año 843 (cuando finalmente acabó la crisis que desde 726 sacudía a ratos a todo el imperio) y hasta el primer cuarto del siglo XI, Bizancio vivió su época dorada alcanzando el mayor esplendor territorial de su historia y la mayor influencia económica y cultural. Aunque el imperio repelió los ataques de los árabes de Oriente Próximo, el acceso a Europa occidental les seguía siendo denegado por el dominio árabe en el mar Mediterráneo durante el siglo IX y muchas décadas del siglo X. Así que, permanenciendo en un temporal aislamiento del sur y del oeste, la economía más poderosa de Europa estuvo obligada a seguir fortaleciendo sus vínculos con el Kaganato Jázaro y las regiones al norte y al este del mar Negro. Aunque las relaciones cercanas tradicionales entre bizantinos y jázaros estaban amenazadas por la aparición de un nuevo jugador en la zona europea oriental: los varegos de Escandinavia.

Los varegos del este

Al principio, a los expoliadores escandinavos les complacían totalmente los ataques a los puertos costeros desprotegidos y también a las ciudades y conventos accesibles por los ríos navegables, pero muy pronto se dieron cuenta de la ventaja de otro método: asentarse en estos territorios, establecer un control sobre los territorios ganados y explotar a la población local por más tiempo. Justo de esta forma surgieron la Normandía en Francia, el Reino de Sicilia en Italia del sur y la Rus de Kiev en el este.

Los contactos de los escandinavos con el este perduraron con suerte dispar desde el siglo I ac, y especialmente fuertes fueron las relaciones con las costas este del mar Báltico (actuales Estonia y Letonia). Pero en un par de siglos, los primeros escandinavos que llegaron a estos territorios se integraron con la población báltica y finesa.

En los siglos VI y VII los comerciantes escandinavos, conocidos como varegos, volvieron a las costas orientales bálticas. Avanzando gradualmente hacia el interior de estas tierras se enteraban por la población local báltica y finesa sobre las riquezas de Jazaria en la corriente baja del Volga y sobre el comercio exitoso del kaganato con el califato árabe y el Imperio bizantino. Al escuchar estas historias, a los comerciantes y saqueadores varegos les entraron ganas de aprovecharse de los mercados jázaros inmediatamente. En el siglo VIII crearon la llamada “ruta sarracena”, que comenzaba en Birka, en la costa este sueca, atravesaba el mar Báltico y el golfo de Finlandia, luego continuaba a lo largo de los ríos Ladoga, Onega y Beloózero hasta el curso alto del Volga, y siguiendo la corriente les dirigía al sur hasta la metrópoli de Jazaria. A lo largo de esta ruta establecieron puestos de avanzada con fines comerciales y con el tiempo fundaron poblados. Tres de ellos adquirieron especial importancia durante el siglo VIII: Ladoga Vieja (o según las sagas nórdicas Aldeigjuborg), en la costa sur del lago Ladoga, Belozersk, en la orilla sur del lago Blanco, y Rostov, en la zona de entrerríos del curso alto del Volga y Kliazma. De estos puestos de avanzada en el norte los varegos obtenían esclavos y pieles de animales, y los intercambiaban por especias, artesanía de metal, ropa y plata que llegaban de las rutas comerciales árabes y centroasiáticas que se cruzaban en Jazaria.

06.57.jpg

La demanda de artículos de Asia central y del lejano Oriente por parte de Bizancio y de Europa del oeste no disminuyó, pero el acceso desde Bagdad y los puertos del oeste del mar Mediterráneo se cerró en el siglo VIII a causa de las guerras entre bizantinos y árabes y el control árabe del Mediterráneo. Así que el kaganato jázaro se convirtió en el nuevo mediador de los intereses comerciales de Bizancio en el este. Parecía que al principio los varegos se conformaban con entrar en las vías comerciales jázaras y con la oportunidad de transportar los bienes del mercado jázaro por el Volga hasta el Báltico, y de ahí al norte y al oeste de Europa. Pero estas relaciones mutuamente provechosas se rompieron tras la década de 820 a causa de disturbios internos en Jazaria y el peligro externo sobre el kaganato que ya comentamos más arriba. La violación de la Pax Chazarica y la migración de los magiares y pechenegos interrumpieron el comercio por el Volga y obligaron a los varegos a buscar vías alternativas. Además, los jázaros ya no podían ejercer de mediadores efectivos entre el este, Bizancio y Europa del norte; así que los propios varegos pudieron sustituirles en esta función.

Estas circunstancias obligaron a los varegos a establecer otra vía a mediados del siglo IX, que comenzaba en los puertos Birka y Sigtuna, localizadas en el sur de Suecia. Atravesaban el mar Báltico (“Varego”) viajando a lo largo del río Dviná occidental casi hasta su nacimiento. De aquí navegaban por su pequeño afluente hacia el sur y luego, avanzaban por tierra (para distancias cortas los varegos arrastraban sus barcos –“porteo”-) hasta el Dnipró, donde fundaron su puesto de avanzada Gnezdovo, al oeste de la actual Smolensk. Los varegos también podían atravesar el mar Báltico por otra vía: a través del golfo de Finlandia llegaban al puesto de avanzada de Ladoga Vieja, y viajaban hacia el sur hasta el lago Ilmin, en cuyas cercanías fundaron su nuevo puesto de avanzada Horodyshche (Holmgard en escandinavo antiguo), posteriormente conocido como Nóvhorod. Al atravesar Ilmin, continuaban su ruta hacia el sur por la corriente del río Lovat hasta su nacimiento. De aquí había poca distancia hasta el Dviná occiental, que recorrieron tirando de los botes por la tierra (el primer “porteo”), y de ahí a Gnezdovo. Bajaron por el Dnipró hasta el puesto fronterizo jázaro en Kiev. Desde Kiev viajaron por tierra hacia al este hasta el río Donets y la capital del kaganato jázaro Atil, o seguían bajando por el Dnipró y, arrastrando los botes por tierra para pasar los rápidos inaccesibles del Dnipró, llegaban al mar Negro y continuaban hasta Constantinopla. Esta ruta alternativa se convirtió en la famosa vía “de varegos a griegos”.

El potencial beneficio del comercio internacional a lo largo de la ruta báltica Dnipró-mar Negro llegó a ser la causa de la presencia cada vez más activa de los varegos en Europa del este. El debilitamiento del kaganato jázaro, que a mediados del siglo IX perdió el control de los territorios fronterizos occidentales benefició a los varegos. En aquel tiempo, los magiares nómadas controlaban las estepas del Dnipró, mientras que las tribus vecinas eslavas orientales (polanos, siveriany y demás) cada vez más frecuentemente se revelaban por las consecuencias no efectivas de la Pax Chazarica. En el extremo norte, los escandinavos controlaban las rutas comerciales hasta que las tribus locales finesas y eslavas del este les expulsaron temporalmente. Las discrepancias y los enfrentamientos dibujaron el escenario que dio lugar al “llamamiento de los varegos” descrito en las primeras páginas de la Crónica de Néstor.

Precisamente, las implicaciones de este “llamamiento” son las que han causado tanta controversia en la historiografía de Europa del este. Una de las dos principales escuelas de pensamiento reconoce la credibilidad de la historia reflejada en la Crónica sobre el “llamamiento de los varegos”, considerando la fundación del estado de Kiev mérito de los escandinavos conocidos como rus varegos. Los representantes de la otra escuela de pensamiento disminuyen el papel de los varegos, considerando a estos eslavos orientales, y no escandinavos, y consideran la Rus de Kiev una creación de eslavos orientales que simplemente contrataron a militares varegos para servirles. Quizá la explicación más equilibrada la podemos encontrar en un comentario de historiadores del siglo XX a un famoso tratado histórico del siglo X, “De Administrando Imperio”, del historiador y emperador bizantino Constantino VI Porfirogéneta (gobernó durante 913-920 y 945-959):

Es ahora ampliamente aceptado que el estado de Kiev no nació ex nihilo con la llegada de los varegos en el siglo IX, sino que su base social y económica procedía de la época anterior, durante la cual los eslavos de la cuenca del Dnipró participaron activamente en la vida política y comercial de las estepas de Asia occidental y del mar Negro; y la aristocracia eslava de terratenientes y comerciantes después del lllamamiento de los varegos seguía garantizando la estabilidad territorial y el crecimiento económico del país. Al mismo tiempo es indudable el hecho de que la gente que llegó precisamente de Escandinavia en la segunda mitad del siglo IX reunió en un solo estado en la vía marítima Báltica-mar Negro a las dispersas tribus eslavas orientales, al que ellos llamaron Rus6.

La época de crecimiento y expansión

A pesar de la cuestión contradictoria sobre el origen de la Rus, el gran príncipe Oleg (gobernó en 878-912) se considera un personaje histórico decisivo que sentó las bases del estado de Kiev. Durante su reinado comenzó la época de crecimiento y expansión del imperio de Kiev, y duró casi un siglo, hasta el año 972. En este primer periodo de la historia de la Rus de Kiev, Oleg y los siguientes tres sucesores (Ingvar o Igor, Olga y Sviatoslav) tenían dos objetivos: 1) Conseguir apoderarse de las variadas tribus eslavas del este y finesas situadas a lo largo de las rutas comerciales que querían ser controladas por los varegos; 2) Imponer buenas relaciones con los nómadas y establecer relaciones militares y comerciales provechosas con los dos estados más poderosos de la región: Bizancio y Jazaria.

Desde que Oleg conquistó Kiev y dio muerte a Askold y Dir en 882, comenzó la consolidación de las tribus eslavas orientales y finesas bajo el poder rus varego. Según la Crónica de Néstor “y se asentó Oleg reinando en Kiev y proclamó: ‘Que sea esta la madre de todas las ciudades de las Rus’”7. Los eslovenos, los kryvychi y los meria, que obedecían a los varegos en el norte igual que los polanos gobernados por Oleg en el propio Kiev seguían pagando tributo. Debido a que el lejano norte y Ucrania-Dnipró había estado controlada por los rus varegos, Oleg se dirigió hacia otras tribus eslavas orientales. Del año 883 al año 885 obligó a los drevlianos, siveriany y radimiches a reconocer el mandato de los varegos. Los uliches y tývertsi vivían mucho más al sur, así que su conquista tomó más tiempo, hasta los 890. Por tanto, a finales del siglo IX Oleg, artífice del imperio, como a veces es llamado, controlaba desde Kiev la mayoría de las tribus eslavas orientales desde la costa del mar Negro hasta el delta del Danubio en el sur y en el norte hasta el golfo de Finlandia por un lado y la parte alta del Volga por otro.

Una expansión tan rápida como esta inevitablemente causó un conflicto entre Jazaria y Bizancio. Debilitados por los conflictos internos de los años 820 y por la migración de magiares y pechenegos a la estepa, los jázaros no podían proteger de los varegos a los siveriany y radimiches (ex vasallos eslavos orientales). Además, la política impulsiva de Oleg provocó que los magiares, bajo la presión de los pechenegos tuvieran que retroceder al oeste, fuera de Ucrania, y, cruzando los Cárpatos, asentarse en la llanura Panónica, donde viven hasta el día de hoy, en Hungría. Desde aquellos tiempos, las estepas ucranianas se abrían a los pechenegos, que podían atacar en cualquier momento desde sus nuevos puestos de avanzada en las corrientes medianas del Volga y del Don.

Las relaciones entre Oleg y el Imperio bizantino eran más difíciles y dependían del interés cultural, militar y comercial. El desarrollo de la Rus de Kiev dependía de la apertura de la gran vía comercial Báltico-Dnipró-Mar Negro llamada “de varegos a griegos”, y su bienestar y desarrollo dependían de establecer relaciones beneficiosas con Bizancio. Los bizantinos también tuvieron que tener en cuenta a los rus tras su inesperado ataque a la capital del imperio a manos de Askold y Dir en el año 860. La primera reacción de Bizancio fue fortalecer las relaciones con los jázaros, sus aliados tradicionales (la misión de Cirilo y Metodio en los años 860-861) e intentar, de manera exitosa, unir la rus a la esfera de influencia cristiana. En consecuencia, los emisarios de Askold y Dir se bautizaron a finales de la década de 860, en Kiev se construyó una iglesia y, según el tratado rus-bizantino del año 874, en la Rus (quizás, Tmutarakáñ) se instaló un arzobispo bizantino.

Pero las buenas relaciones rus-bizantinas finalizaron después de que Oleg matara a Askold y Dir y se apoderara de Kiev. Y cuando terminó de someter a las tribus eslavas orientales, Oleg en el año 907 atacó la capital bizantina. A consecuencia de esta intervención, los bizantinos tuvieron que firmar un tratado en el año 911 según el cuál los comerciantes rus quedaban exentos de pagar impuestos y obtenían un permiso especial de residencia cerca de Constantinopla (donde podían vivir gratuitamente hasta seis meses). Este tratado aseguraba el crecimiento económico del nuevo Estado de Kiev, ya que otorgaba a la Rus privilegios comerciales sobre la tierra más rica de la región. A cambio de pieles, cera, miel y esclavos, los rus obtenían “oro, seda, fruta y diferentes joyas”. Todo esto se lo quedaban los magnates de la rus o lo vendían a los comerciantes que salían al Báltico a través del Dnipró y desde ahí hacia Europa del norte y occidental. Hasta su muerte, en el año 912, Oleg extendió la esfera de influencia de la Rus de Kiev hasta alcanzar un territorio inmenso y logró neutralizar a los estados más poderosos de la región: Jazaria y Bizancio.

A pesar de grandes dificultades, el poder de la Rus de Kiev lo intentó mantener el sucesor de Oleg, Ingvar / Ihor (reinado 902 – 945), pero las tribus eslavas del este estaban descontentas con el hecho de que los gobernantes varegos recaudaran tributo (poluddia). Había que pagar con dinero (para el mantenimiento del Gran Príncipe y su mujer) y en especie (pieles, cera y miel) que recaudaban de cada granja y finca. En la práctica, ese proceso se diferenciaba poco de un robo organizado en aras de enriquecer a la élite varega. Por eso, en los tiempos de Ihor estallaron algunas revueltas, las más sonadas fueron el levantamiento de los uliches y el de los drevlianos.

En la política exterior tampoco todo marchó bien. Aunque el kaganato jázaro ya no representaba gran peligro, los pechenegos no cesaban en su empeño: volvieron a las estepas ucranianas e hicieron al menos dos incursiones a la Rus de Kiev (915 y 920). Las relaciones con Bizancio también empeoraron: la discordia con los comerciantes rus en Constantinopla impidió a Igor hacer una incursión de castigo a la capital imperial en 941. Esta vez sí los rus conocieron la derrota, y el nuevo acuerdo comercial firmado en 944 para nada fue beneficioso para Kiev.

Las relaciones con Bizancio en la situación interna de la Rus de Kiev mejoraron cuando en 945 llegó al poder la viuda de Ihor, Helha / Olha (reinado 945 – 962), que se sentó inesperadamente en el torno después de que mataran a su marido durante una nueva marcha de recaudación de tributo a los drevlianos. A pesar de que la Crónica de Néstor describe con detalle la feroz venganza de Olha a los drevlianos, una de las consecuencias de este caso fue el cambio de la forma de recaudar tributo a las tribus sometidas. Olha reformó la práctica de recaudación: el recorrido arbitrario que hacía el gobernante de Kiev fue cambiado por un sistema en el que o bien representantes regionales iban a las granjas y fincas a recoger el tributo o los súbditos acudían a pagar sus tributos en los puestos situados por todo el territorio.

Pero lo que hizo más famosa a Olha fueron sus ganas de mejorar las relaciones con Bizancio. En 955 se dirigió a Constantinopla y, a diferencia de sus predecesores que mandaban al ejército a la capital imperial, Olha realizó una visita pacífica. Incluso se convirtió al cristianismo y obtuvo un nuevo nombre: Olena. Este paso no sólo mejoró las relaciones rus-bizantinas sino que también fortaleció la influencia del cristianismo en Kiev, que durante los años 880, tras la llegada de Oleg al poder, decayó, y se renovó levemente en tiempos de Ihor. Aunque Olha /Olena se convirtió a la nueva religión, ni su hijo ni la élite rus varega aceptaron el cristianismo. Ellos no abandonaron sus ritos paganos propios a pesar de que toleraban la nueva religión e incluso parece que la apoyaban.

El reinado de Olha acabó en 962 cuando su hijo Sviatoslav cumplió 21 años y, por el derecho de edad, comenzó a reinar. Durante los 10 años que duró su reinado llevó a cabo la política invasora de Oleg. A Sviatoslav, igual que a muchos “bárbaros” predecesores, le atraían las riquezas de Bizancio, y quería llegar a ser tan rico y lujurioso como la capital imperial. Pero al principio se dirigió al este y al norte, donde logró unir a los viatiches, unificando así a todos los eslavos orientales bajo el poder de los rus; y con el tiempo, cuando los jázaros pidieron a los rus ayuda en su lucha contra los pechenegos, Sviatoslav atacó al kaganato y en el año 965 invadió Sárkel, dejando sólo en pie una fortificación lejana en el este (Torre Blanca). Este mismo año sometió bajo su poder a los aliados jázaros, a los búlgaros del Volga y luego, al volver de Jazaria, robó en su antigua capital Itil. A finales de los 960 el ejército de Sviatoslav destruyó el kaganato jázaro y junto con él lo que quedaba de la Pax Chazarica.

Ahora ya Sviatoslav sí estaba preparado para dirigirse hacia su principal objetivo: Bizancio. Los bizantinos sabían que ya no podían contar con sus aliados tradicionales, los jázaros, por lo que buscaron nuevos aliados, también entre los rus. Sviatoslav fue algo ingenuo y permitió convertirse en peón de la diplomacia del norte de Bizancio. Los jugadores principales en este tablero diplomático eran la Rus, el Reino búlgaro en la cuenca baja del Danubio y los pechenegos esteparios. Bizancio intentó enfrentar a unos contra otros. Por su parte, Sviatoslav esperaba fortalecer su posición en los Balcanes a costa de los protobúlgaros. Incluso contemplaba desplazar la capital, Kiev, a Pereyáslavets, cerca de la desembocadura del Danubio, pero finalmente se vio obligado a abandonar esta empresa y firmar un acuerdo de paz nada conveniente con Bizancio en 971. Un año después, volviendo de Kiev, cayó en una emboscada preparada por los pechenegos, que quizá fueron informados de la ruta del gran príncipe por sus ex aliados protobúlgaros y bizantinos.

La muerte de Sviatoslav en 972 significó el fin del primer siglo de la historia de la Rus de Kiev. Bajo el mandato de los boyardos y de los sucesores del caudillo varego Rúrik, que fue llamado a las tierras de Nóvhorod en la segunda mitad del siglo IX, fue creado un estado nuevo en Europa del este. Los grandes príncipes rus que se asentaron en Kiev después de la década de 880 necesitaron menos de un siglo para tomar el control de las numerosas tribus eslavas orientales y finesas. Continuando la tradición de las expediciones vikingas (varegas) que saquearon Europa en el siglo IX, los nueve gobernantes kievanos, entre ellos Oleg y Sviatoslav, soñaban con su propio imperio a lo largo de las vías comerciales del mar Báltico hasta los mares Negro y Caspio. Aunque al intentar ampliar las fronteras, se deshicieron súbitamente de los jázaros, sus mayores rivales comerciales del este, y de esta forma rompieron la Pax Chazarica que durante muchos siglos había asegurado alguna paz a los pueblos esteparios impidiendo además invasiones nómadas. Por otro lado, a pesar del éxito militar de los grandes príncipes rus en el este, fracasaron sus intenciones de expansión y saqueo sobre los territorios de influencia del Reino de Bulgaria y de Bizancio. Así que durante el primer siglo de establecimiento y expansión de la Rus de Kiev, los rus varegos lograron conquistar gran parte de Europa del este, pero a su estado todavía le faltaba integrar a sus pueblos para llegar a ser una fuerza política más poderosa en esta región.

1 O corrientes normandas o antinormandas (N. del T)

2 Crónica de Néstor, en Crónica de Rus, según la Lista de Ipatii traducida por Leonid Majnovets (Kiev, 1989), página 12.

3 Ídem.

4 Ídem.

5 Ídem, página 13.

6 Constantino VII Porfirogéneta, De Administrando Imperio, Vol. II: Comentarios de F. Dvornik, R.J.H. Jenkins, B. Lewis y otros (Londres, 1962). Página 23.

7 Crónica de Néstor, página 13.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Noticias y política. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s