Capítulo 4. Eslavos y jázaros

(Extracto del libro “Ucrania: una historia de su tierra y sus habitantes”, de Paul-Robert Magocsi. En concreto se trata del último capítulo de la Primera Parte del libro: Notas introductorias. Época anterior a la Rus de Kiev.)

El origen de los eslavos

El origen y la historia antigua de los eslavos, al igual que la de otros pueblos, están cubiertos de oscuridad. Los hallazgos escritos más antiguos y los restos arqueológicos más significativos que se han encontrado en los siglos XIX y XX todavía no permiten a la ciencia actual responder a muchas preguntas complejas sobre el origen, la distribución, el modo de vida y la organización social y política de los eslavos antiguos. Los testimonios escritos sobre los eslavos antiguos son bastante pobres: se limitan a una corta descripción del historiador Heródoto en el siglo V ac, y otras en el siglo VI por parte del historiador bizantino Procopio y del historiador godo Jordanes. A pesar de los escrupulosos intentos de algunos historiadores por relacionar los nuevos datos arqueológicos con alguna tribu en concreto, todavía quedan muchas especulaciones. Lo único que no plantea dudas es que los pueblos eslavos y sus ascendentes protoeslavos vivían en Europa del este desde por lo menos los principios del siglo I ac. Pero la cuestión sobre de qué región en concreto de Europa del este provienen los eslavos seguirá siendo discutida.

A día de hoy, la protopatria de los eslavos se consideran las tierras al norte de los Cárpatos que se extienden desde la parte alta del valle del río Odra tras los afluentes del Vístula y del Bug en el oeste hasta la corriente media del Dnipró en el este. Hablando en términos actuales podemos decir que en la protopatria de los eslavos entraban las regiones de Polonia central y del este, el sur de Bielorrusia y el noroeste de Ucrania.

En términos geográficos la protopatria de los eslavos se encontraba al norte de la línea que separa la zona mixta de bosque-estepa y las estepas del sur. Esta línea atravesaba Ucrania en diagonal y se extendía desde la parte baja de los ríos Prut y Dníster en el suroeste hasta los afluentes del Siverskyi Donets en el noreste. Más al norte de esta línea, en la zona mezclada de bosque-estepa, los eslavos agricultores que practicaban un modo de vida sedentario estaban mejor protegidos de los guerreros nómadas procedentes de la estepa abierta.

 

Migración eslava

Ya a mediados del primer milenio antes de cristo, los eslavos comenzaron a ocupar lentamente los territorios fuera de su patria histórica. Este proceso gradual de migración duró más de un milenio y la dirección evidente era el sureste (la parte media del Dníster) y el suroeste de Ucrania (en la parte baja del Bug del Sur). A los eslavos y a otros pueblos les seducían las riquezas naturales y las posibilidades de comercio con ciudades griegas y, posteriormente, romanas situadas a lo largo de las costas de los mares Negro y Azov.

Por eso, los contactos entre eslavos y aquellas civilizaciones nómadas y semi-sedentarias que dominaban los territorios ucranianos eran inevitables. Entre ellos, con los escitas, que, después del año 750 ac, controlaron la estepa al norte del Mar Negro. Hay razones para suponer que al menos una parte de los así llamados “escitas aradores” y también quizás de los agricultores de la sociedad escita, estaba formada por eslavos. Con la llegada de los sármatas, que sustituyeron a los escitas después del año 250 ac, los eslavos seguían subordinados a los nómadas.

La información sobre los eslavos que habitaban los territorios de Ucrania en la época sármata ha sido recibida de las obras del historiador godo Jordanes y del historiador bizantino Procopio. Estos son los primeros autores que describieron a los eslavos detalladamente. Jordanes les dividió en tres grupos: 1) vénetos del Vístula, que habitaban la costa del Mar Báltico y en las tierras bajas del Elba, Odra y Vístula; 2) antaes, distribuidos a lo largo del Mar Negro, entre el Prut y el Bug del Sur; 3) esclavenos, que vivían al norte del Danubio, en Moravia, alrededor de los Cárpatos, en Valaquia y en Moldavia. El segundo de los grupos mencionados, el de los antaes, resulta de especial interés.

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La patria antigua de los eslavos

En una de las primeras obras históricas en la que se determina la localización de la patria antigua de los eslavos es la medieval “Crónica de Néstor”, según la cual, al principio “se asentaron los eslavos por el Danubio, donde se encuentran ahora las tierras húngaras y búlgaras”, es decir, a lo largo del curso medio y bajo del Danubio, desde la Llanura Panónica hasta el Mar Negro. Esta interpretación predominó durante muchos siglos, hasta que no fue sustituida por la así llamada “teoría sármata”: la patria antigua eslava se consideraba a las tierras alrededor del río Don, generando fuertes relaciones con los escitas iranios y con los sármatas. En el siglo XIX algunos historiadores aseguraban que los eslavos provienen, o de los Cárpatos o de tierras más al norte a lo largo de los pantanos del río Prýpiat. Actualmente existen cuatro teorías:

1.- Desde el punto de vista del arqueólogo checo Lubor Niederle (1902), la patria antigua eslava cuyo centro se encuentra en la Ucrania noroeste se extiende desde el nacimiento del Vístula y el valle del Bug, atravesando los pantanos del Prýpiat y el margen derecho de Ucrania desde el Dnipró, hasta las cordilleras de los Cárpatos en el sur.

2.- El eslavista Max Vasmer (1941) señaló el lugar de procedencia de los eslavos algo más al este, situando el centro en aquellas tierras de Ucrania norcentral donde el Prýpiat y el Desná desembocan en el Dnipró. Este territorio abarca los pantanos del Prýpiat y el margen derecho de Ucrania, desde los flujos del Bug del Sur en el oeste hasta los flujos del Siverskyi Donets y Don en el este.

3.- Los arqueólogos polacos del periodo de entreguerras y posguerra, Jan Czekanowski, Tadeusz Ler-Splawinski, Leon Kozlowski, Jozef Kostrzewski y Tadeusz Sulimirski, aseguraban que los eslavos provienen de la región de la así llamada cultura lusaciana, que, como mostraban los hallazgos arqueológicos, se situaba entre el río Elba en el oeste y el Bug en el este, y entre los Cárpatos del norte y el Mar Báltico. Este territorio en general coincide con las fronteras de la Polonia contemporánea.

4.- Los arqueólogos soviéticos de la posguerra Piotr Tretiakov y Boris Rybakov, apoyados por el historiador polaco Konrad Jazdzewski y por los arqueólogos checos Jan Fili, Zdenek Vania y Jiri Horak, aseguraban que el territorio de la cultura lusaciana era sólo la parte occidental más lejana de la patria antigua de los eslavos y el resto de los territorios, al parecer, se extendían al este, hasta la parte baja de los ríos Desná y Seim.

Los historiadores contemporáneos cuyas teorías difieren únicamente en detalles, parece que están de acuerdo en que la patria antigua de los eslavos se situaba al norte de los Cárpatos y también al norte de la estepa abierta. Este territorio se extendía por el curso mediano del Vístula en el oeste, a través del Bug y del Prýpiat, y en el este hasta la mitad del Dnipró y Desná; actualmente estas tierras corresponden con la Ucrania norcentral y oeste, el suroeste de Bielorrusia y la Polonia sureste y surcentral.

Los historiadores siguen proponiendo teorías sobre la patria antigua eslava. Algunos arqueólogos consideran que es la histórica Bohemia (Iván Borkovski) o Panonia (Josip Korosec); otros vuelven a las versiones más antiguas de la procedencia de los eslavos, como la de la parte baja del Danubio (Florián Kurta), la del valle pantanoso del Prýpiat a lo largo de la frontera actual entre Ucrania y Bielorrusia (Irena Rusánova), o la de los montes Cárpatos del norte a ambos lados de la frontera actual entre Polonia y Ucrania en la región histórica de Galitzia (Volodymyr Barán).

 

Los antae

Debido a que los fuentes escritas son pobres y contradictorias (Procopio, contrariamente a Jordanes, no considera que los antae fuesen eslavos) y a que los hallazgos arqueológicos no son convincentes, la cuestión de los antae sigue siendo discutida. Se sabe que vivían en estas tierras en época sármata. La tribu sármata más influyente en territorio ucraniano era la de los alanos, uno de estos grupos alanos era conocido como los antae. Parece que tras la llegada de los alanos antae a las estepas de Ucrania en los dos primeros siglos de nuestra era, éstos, de forma parecida a otras tribus sármatas de procedencia irania, empezaron a unir alrededor de ellos a las tribus eslavas y no eslavas que vivían cerca. La influencia de los antae, que al principio se extendía por las tierras del río Prut y el valle bajo del Dníster durante el siglo IV dc, con el tiempo llegó hasta los territorios del norte: primero hasta los afluentes del Bug del Sur, y luego, ya en los siglos V y VI, hasta el Volinia y la corriente media del Dnipró. En los tiempos de la propagación del poder antae profundizando hacia el norte, más allá de la estepa abierta hacia lugares densamente poblados por eslavos, a estos eslavos sometidos les comenzaron a llamar también antae. Al mismo tiempo, los eslavos mismos fueron sustituyendo gradualmente a los ex conquistadores alanoiranios y a la élite militar de los que heredaron el nombre de antae.

En el siglo IV dc los antae se consolidaron como una unión fuerte de tribus con destacamentos militares poderosos. Esta reputación como fuerza recia combatiendo se mantuvo hasta el siglo VI,  Jordanes describió a los antae como al pueblo “más valiente” que vive “entre Dníster y Dnipró al norte del Ponto Euxino (Mar Negro)”[1]. Los antae consiguieron hacer exitosas incursiones en el Imperio Bizantino y repeler a los godos que desde 1015 se habían consolidado en Crimea y en el sur de Ucrania. Debido a una de estas escaramuzas ha llegado a nuestros tiempos la mención del “rey” de los antae, cuyo nombre era Bozh.

El siglo de oro del poder antae en territorio ucraniano tuvo lugar en el siglo V. Durante este tiempo consiguieron rellenar el vacío de poder supremo que comenzó en la orilla derecha del Dnipró después de la llegada de los hunos, que a finales del siglo IV expulsaron a los godos de estos territorios, y éstos se fueron al oeste, cruzando los Cárpatos, a la llanura panónica. La zona de influencia antae se extendía por el norte de la zona central y oeste de Ucrania. Llevaban un modo de vida sedentario, estableciendo numerosas aldeas, principalmente cultivaban la tierra y cuidaban el ganado.

Los antae sedentarios establecieron también algunos asentamientos fortificados famosos, como los castros donde los artesanos elaboraban objetos de metal y vajillas de arcilla. Los restos de estas elaboraciones han sido descritas por los arqueólogos como elementos de la Cultura de Cherniajov y de la Cultura de Penkivka. De estos asentamientos fortificados, el más importante era Volinia en el oeste y Kiev en el curso medio del Dnipró, donde los antae ejercían un comercio vivo local e internacional, llegando incluso al Imperio Romano y al Bizantino.

Aunque no hay duda de que los antae habitaron la zona de los territorios ucranianos entre los siglos III y VII, las teorías de los historiadores sí difieren en cuanto al tipo de sociedad y esfera de poder. Algunos investigadores aseguran que los antae eran eslavos o grupos tribales en parte eslavizados que de vez en cuando se aliaban en una unión militar tribal. Otros defienden que esta unión desembocó en un “estado”, considerando así a los antae fundadores de uno de los primeros estados eslavos. Frantisek Dvornik incluso habla de “imperio” de los antae, ampliando de esa forma el territorio de la patria antigua de los eslavos desde el Óder en el oeste hasta el punto más alto del Donets y del Oka en el este. Pero la mayoría de los historiadores llaman a los antae los eslavos del este: los historiadores ucranianos no soviéticos (Hrushevski, Polonska-Vasylenko) aseguran que los antae fundaron un estado ucraniano; los historiadores soviéticos (Grékov, Rybakov) les llaman el grupo local de eslavos que formó el primer estado eslavo del este en el siglo VI entre los dulibos en Volinia y en el siglo VIII entre los polanos, que vivían en la parte central de Ucrania-Dnipró[2] cerca del río Ros.

Independientemente de si los antae crearon un estado o simplemente existían como grupo tribal, su influencia acabó tras la llegada de los ávaros en la segunda mitad del siglo VI. En la época de los ávaros los antae desaparecen de las fuentes escritas: son mencionados por última vez en el año 602.

 

Pax Chazárica

El siglo VII llegó a ser un siglo importante y crucial en la historia de Ucrania, no sólo porque a principios de siglo desaparecieron los antae, sino también porque a mediados de siglo los ávaros guerreros se trasladaron de las tierras ucranianas a la llanura panónica, y un nuevo pueblo túrquico, los jázaros, fundaron su propio estado política y económicamente poderoso  al este de los territorios ucranianos situados entre el curso bajo del Don, el Volga y el valle de los ríos Kubán y Térek. Al respecto de las tribus eslavas del este, podemos decir que algunas de ellas se alejaron al oeste, con los ávaros, tras los Cárpatos. Se rompió la unión tribal de los dulibos en Volinia y en su lugar apareció una nueva unión entre los polanos y siveriany en la mitad de Ucrania-Dnipró. Algunos historiadores consideran que la unión polano-severiana con capital en Roden, en la desembocadura del río Ros en el Dnipró, heredó la tradición de conformar estados de los eslavos del este (de hecho, los historiadores soviéticos insisten en la existencia temprana del Estado rus en estos territorios, los demás aseguran que esto fue una unión tribal dentro de la esfera de influencia jázara).

El territorio jázaro conformaba un triángulo delimitado por un lado por la corriente baja del Don, por otro lado por el río Volga y por otro lado por los ríos Térek y Kubán. Aún así, la influencia jázara se extendía mucho más lejos. A principios del siglo IX, algunas tribus eslavas orientales en el noroeste (polanos, radimiches, siveriany, viatiches), las tribus del norte (mordvinos, cheremysy, protobúlgaros del Volga) y también onogures, magiares, kasogos y alanos en el sur, obedecían al kaganato (Imperio) jázaro. Incluso desde el siglo VIII controlaban la mayor parte del norte de Crimea, donde bajo su poder también se encontraban los godos de Crimea con su capital en Doros.

Por este considerable territorio pasaban algunas rutas comerciales internacionales rentables, una de ellas era la parte norte de la Ruta de la Seda, que empezaba en China, atravesaba el mar de Aral, se prolongaba a lo largo de la costa del mar Caspio y terminaba en la capital jázara (Atil), en la cuenca del Volga. En Atil, los jázaros comerciaban en dirección sur: desde el Caspio hasta Bagdad y el Oriente Próximo persa (posteriormente árabe); o hacia el oeste por el curso del río Don, a través del mar Negro hasta Bizancio. El comercio constituía el principal interés de los jázaros, por tanto, el control y defensa de las vías comerciales era la prioridad de las fuerzas militares del kaganato. La fuente principal de ingresos eran los impuestos a los productos que pasaban por sus territorios y también el tributo que pagaban los pueblos sometidos al dominio jázaro. A cambio, los jázaros aseguraban la paz en la región, estabilidad y condiciones favorables para el comercio; así que sus relaciones con las tribus cercanas se pueden considerar de vasallaje. Estos eran los rasgos principales del nuevo orden establecido (Pax Chazarica).

A diferencia de sus predecesores y sucesores nómadas, los jázaros, para los cuáles el comercio era lo más importante, preferían la diplomacia y la paz a la guerra y el pillaje. Así que los protobúlgaros del Volga en el norte, incluso después de conseguir su independencia a mediados del siglo VIII, conservaban relaciones amistosas con los jázaros. Respecto al sur, tras la lucha encarnizada con el Imperio persa y luego la lucha a lo largo de los siglos VII-VIII con el califato árabe, en el año 750 aproximadamente, ambas partes acordaron que seguir luchando era inútil, por lo que marcaron una frontera “natural” con las montañas del Cáucaso.

Las relaciones con Bizancio, que era la ciudad más importante de la región, desde el principio del dominio jázaro en el siglo VII, se construyeron de la mejor manera. Los jázaros eran aliados de Bizancio en la contención de, primero, los persas y luego los árabes. El único peligro posible de estas relaciones amistosas venía de la península de Crimea, donde desde el siglo VI, bajo el poder bizantino, existía el Reino del Bósforo. En el lugar donde se hallaba la ciudad greco-bósfora de Hermonasa (Tamatarkha) en la costa este del Estrecho de Kerch, los jázaros contruyeron la fotaleza de Tmutarakáñ. Luego, utilizando de forma acertada las disputas entre Crimea y Constantinopla, a finales del siglo VII los jázaros tomaron el control  de casi toda la península. Tras este hecho, la tensión entre jázaros y bizantinos disminuyó: acordaron dividir Crimea entre la esfera de influencia bizantina que se extendía por la costa, y la jázara, por el territorio de estepa de la península.

En el siglo VIII las relaciones bizantino-jázaras sólo se hicieron más fuertes gracias a la diplomacia nupcial (a las hijas de algunos de los kaganes las casaron con emperadores bizantinos) y tras defenderse conjuntamente de los magiares nómadas y los recién llegados varegos rusos, que cada vez inquietaban más. En consecuencia, en los años 830 los arquitectos bizantinos construyeron la segunda capital de los jázaros, Sarkel (o Casa blanca), en el río Don, y en los años 860 la llegada de la misión cultural de Bizancio a los jázaros de la mano de los misioneros cristianos Cirilo y Metodio.

El comercio internacional, que era de suma importancia para los jázaros, ayudaba a desarrollar la cultura y, por tanto, la religión del imperio. Al principio los jázaros seguían el chamanismo procedente de Altai, pero la élite dominante se abrió a otras religiones más desarrolladas. Las tres grandes religiones encontraron apoyos entre la nobleza jázara: 1. Islam, llegó en el siglo VII a través de comerciantes árabes. 2. Judaísmo, traído por los misioneros judíos en 765, entre ellos se encontraba Isaac Ha-Sangarí. 3. Cristianismo, del cual eran fieles Cirilo y Metodio de Bizancio, futuros “apóstoles eslavos”, que vivieron en Sarkel en los años 860-861. En el período transcurrido entre los años 789 y 809, el kagán jázaro y la nobleza se convirtieron al judaísmo, y después, durante la primera mitad del siglo X, el kagán acogió a los refugiados judíos que huían de las ejecuciones del emperador bizantino Romano I (que gobernó en 920-944). A pesar de que al final entre los habitantes del estado jázaro la religión más influyente era el Islam, el kaganato ha sido el único estado en la historia que (aunque en un príodo corto) reconoció el judaísmo como religión oficial. Así, aparecieron muchas leyendas y teorías judías (la última ha sido el libro de Arthur Koestler, “La decimotercera tribu”) cuyos autores intentan defender que los judíos de europa oriental descienden de los jázaros.

La importancia del estado jázaro reside en el hecho de que durante dos siglos (aprox 650-850) aseguraron la estabilidad de la gran región situada entre los mares Negro y Caspio y las Montañas del Cáucaso, que colindaba con distintas culturas. El kaganato jázaro no se puede considerar un “bastión de la estepa” inexpugnable de los ataques del este, como tradicionalmente se muestra en literatura, sino que más bien era un centro fuerte alrededor del cual se reunían las tribus nómadas y sus alianzas (protobúlgaros, alanos, magiares y eslavos del este), y donde el comercio y la existencia pacífica prevalecían sobre los conflictos armados.

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Arqueología en Ucrania

El primer período de historia ucraniana o protohistoria (aproximadamente de 1150 ac a 850 dc) se presenta a menudo en las obras históricas como una época de ataques continuados de pueblos nómadas, desde los cimerios hasta los jázaros, que invadieron el territorio de Ucrania y lo gobernaron en distintas épocas. Sin embargo, el objeto de las investigaciones arqueológicas de aquel período de dos siglos diferencia estas culturas. El conocimiento sobre ellas se ha formdo en base a los rastros del pasado hallados durante las excavaciones, como restos de viviendas, instrumentos domésticos, armas, sepulturas, monedas y, sobre todo, la cerámica. Los hallazgos arqueológicos nos cuentan más sobre la forma de existencia física de la población sedentaria agrícola que los datos de varios autores antiguos que nos dejaron sólo descripciones generales sobre estos pueblos nómadas dominantes.

Los arqueólogos revelaron que en este período en el territorio ucraniano coexistían varias culturas. Estas culturas se trasladaban de vez en cuando y puede que vivieran en nuevos lugares más tiempo que en su territorio de origen. Por eso, los nombres contemporáneos de esas culturas a veces están condicionados por el lugar en el que a finales del siglo XIX y principios del XX fueron halladas por primera vez (Tripilia, Zarubintsi y Cherniajiv), o por el estilo decorativo de su cerámica, o por el modo de sepultura (catacumbas o sepulcros individuales).

En los territorios ucranianos los arqueólogos revelaron bastantes culturas prehistóricas. La más famosa es la cultura de Tripilia (aproximadamente entre 4500 ac – 2000 ac), que certifica el paso de la ganadería nómada a la agricultura sedentaria; la cultura bilohrúdiska (1350 ac – 800 ac), que revela en parte rastros cimerios; la cultura de Srubna (1200 ac – 600 ac), en la que a finales de su existencia aparecen los escitas.

A principios del primer siglo de nuestra era surgen un par de culturas nuevas, aunque los historiadores todavía no se han puesto de acuerdo en cómo clasificar estos hallazgos arqueológicos y en verificar su pertenencia a alguna cultura o pueblo en concreto. El problema de las relaciones entre arqueología e historia se hace obvio en el proceso de análisis de la cuestión  de la etnogénesis eslava.

La primera de estas culturas nuevas es la cultura de Zarubintsi (llamada así por el pueblo del mismo nombre cerca de Pereiáslav), que llegó a su esplendor entre los años 200 ac – 200 dc en Ucrania noroeste (Volinia y los pantanos del río Prýpiat) y norcentral (Kyivshchyna[3]). Era una cultura agrícola cuyos habitantes vivían en pequeñas viviendas a lo largo de las orillas protegidas de los ríos y que era famosa por su forma única de trabajar el hierro. La cultura Zarubintsi coincide en el tiempo con la época sármata, aunque quizás también otros pueblos contribuyeron a esta cultura (bálticos, escitas, pomeranios), entre los cuáles podían encontrarse los eslavos.

Aproximadamente en el año 200, en la zona geográfica de bosque-estepa y estepa abierta, en la mayor parte del territorio de la Ucrania contemporánea, Moldavia y la parte este de Rumanía, surge la así llamada cultura de Cherniajiv (proviene del pueblo Cherniajiv, cerca de Kiev, donde en 1899 Vikentii Jvoika encontró sepulturas). Aquí se encontraban cientos de poblados que se extendían a lo largo de pasos estrechos (a veces de hasta 1 kilómetro de largo) en las orillas de los ríos. La cerámica pulimentada gris o negra, los instrumentos de hierro y las joyas refinadas de metal caracterizan la cultura de Cherniajiv y dan testimonio del comercio con el mundo romano en el sur. Sobre la vida espiritual de los pobladores de aquellos tiempos, obtenemos información a través de las estatuas paganas de ídolos de piedra encontradas en varios sitios en el centro de la zona de Podnistrovia[4]. Estas estatuas tienen una altura que oscila de 1 a 3 metros y datan de los siglos II al V. Los científicos no han llegardo a ponerse de acuerdo acerca de las tribus que crearon la cultura material, aunque probablemente sea el resultado de la influencia mutua de varias etnias entre las que se encontraban los dacios, germánicos, sármatas, escitas y antae. Sea como fuere su composición étnica, la cultura de Cherniajiv parece que llegó a su inesperada hecatombe aproximadamente en el año 400, víctima de la avalancha nómada huna.

Casi al mismo tiempo que la cultura de Cherniajiv, entre el Dnipró y el Bug del sur y el curso bajo del Dnipró apareció la cultura de Penkivka (llamada así por el antiguo pueblo de Penkivka, en el centro de Ucrania-Dnipró, hoy en día inundado por el embalse de Kremenchuk). Esta cultura parece dar testimonio de la presencia en Ucrania de los sármatas: nómadas de origen iranio que gradualmente se eslavizaron y posteriormente figuraron en las fuentes históricas como los antae. A esta cultura agrícola también es caracterizada por sus poblados pequeños a lo largo de las orillas de los ríos consistentes en viviendas semi subterráneas con una estufa de piedra en cada una. La cultura de Penkivka relacionada con los antae floreció desde el siglo IV hasta el ataque de los ávaros de principios del siglo VII. Evidentemente, los ávaros rompieron la majestuosidad de los guerreros antae, pero no destruyeron el modo de vida característico de la cultura de Penkivka, especialmente en la Ucrania norcentral y noroeste.

 

Las tribus eslavas bajo la esfera de influencia jázara

Los eslavos, que vivían en Ucrania central y suroeste, se encontraban bajo la esfera de influencia de la Pax Chazarica, y por ello tuvieron la oportunidad de desplazarse al sur, a lo largo de los ríos, hasta el Mar Negro y más allá al este del Dnipró. A pesar de la antigua alianza de los antae, en el territorio de Ucrania había otras tribus eslavas independientes: los siveriany, en el noroeste a lo largo del curso bajo del río Desná y el curso alto de los ríos Seim y Sula; los polanos (habitantes de llanura, campo…), a lo largo del Dnipró entre Kiev y Roden; los drevlianos (habitantes de bosques), en los alrededores de los ríos Prýpiat y Horyn; los dulibos, en Volinia, cerca del nacimiento de los ríos Vístula, Bug y Styr; los croatas blancos, al norte de los Cárpatos; los úlychi, en la orilla izquierda del Bug del Sur; y los tývertsi, entre el Dníster y el Prut, cerca del Mar Negro.

En los tiempos de la alianza tribal antae, las metrópolis de estas tribus eslavas estaban fortificadas con castros. Al principio las rodeaban empalizadas, terraplenes y fosos con agua, donde los agricultores de los alrededores se escondían en tiempos peligrosos. Posteriormente, los castros se convirtieron en ciudades, en ellas trabajaban los artesanos y los comerciantes. En el siglo IX, en Kyivshchyna existían aproximadamente 400 castros, en Volinia 350, en Podolia 250 y en Galitzia 100. Los más importantes eran: Kyiv, metrópolis de los polanos fundada por su semilegendario Gran Príncipe Kyi (aproximadamente en el año 560); Cherníhiv, metrópolis de los siberiany; Iskórosten (actual Kórosten), metrópolis de los drevlianos; Volinia (actual Horodok del Buj), metrópolis de los dulibos; Przémysl, metrópolis de los croatas blancos, y Peresichen, metrópolis de los úlychi. Al principio, la administración de las tribus se concentraba en las manos de los representantes de aquellas familias que gracias a su prosperidad, valentía militar o cualidades propias, tenían poder e influencia. Se reunían en una asamblea (llamada veche) para decidir los asuntos importantes y en ellas de vez en cuando las personas más influyentes se convertían en caudillos o grandes príncipes de todo el grupo tribal.

Al principio, las tribus eslavas se dedicaban a la agricultura y practicaban la ganadería. Recogían las cosechas de distintos tipos de grano, pescaban, cazaban animales salvajes y recogían la miel y la cera de las abejas. Estos animales cazados eran vendidos en las ciudades, donde los artesanos ofrecían sus productos cerámicos, trenzados, metálicos y, los más importantes: productos de hierro de alta calidad. En la época jázara, en tierras ucranianas se mantuvo no únicamente el comercio interno, sino que este territorio era un eslabón importante de la red comercial internacional.

En los primeros siglos de supremacía jázara, la vía comercial más importante que unía Asia central, el mundo árabe y Bizancio con Europa del norte, pasaba por Jazaria, se estrechaba por el Volga, atravesaba algunos lagos y llegaba hasta el Golfo de Finlandia y el Mar Báltico. Los iniciadores de este comercio fueron varegos que, desde sus fortificaciones en las costas occidentales del Báltico y sus puestos de avanzada en Rusia en la parte norte (Ládoga la Vieja) y norcentral (Rostov), bajaron en el siglo VIII por el Volga hasta Jazaria. Durante el siglo IX apareció la ruta más corta desde el Báltico hasta Bizancio: a través de algunos lagos y ríos directamente al sur hasta el Dnipró saliendo al Mar Negro. Aspirando a que la gran ruta de navegación que posteriormente se convirtió en la famosa “ruta de varegos a griegos” no bordearan las tierras jázaras, éstos fortalecieron sus posiciones en la parte media de Ucrania-Dnipró con una guarnición militar en Kiev (ciudad llamada por entonces Sámbatas). Por otro lado, de Sámbatas partía la ruta terrestre dirección oeste hasta las ciudades jázaras de Sarkel y Atil. Así que en Kiev se cruzaban las rutas principales norte-sur y este-oeste por las que llegaban los productos de Asia central, tierras árabes, Bizancio y de los mercados bálticos y escandinavos. Por estas rutas y sus desvíos, las tribus eslavas del este de Ucrania intercambiaban grano, cera, miel, a veces pieles y esclavos, por ropa bonita, oro, plata, vino y cerámica.

Aunque existían unas cuántas tribus eslavas, tenían mucho en común: modo de vida agrícola, mitología y sistema de creencias. Repartidos en grupos pequeños entre la gran llanura y los bosques, los eslavos reaccionaban a su aislamiento y miedo a las fuerzas misteriosas de la naturaleza creando deidades que habitaban en nubes, bosques, tierras, ríos, campos y establos. Personificando la naturaleza intentaban encontrar con ella un idioma “humano” común y, de este modo, deshacerse del miedo a lo desconocido. Debido a que sus sistema de creencias no dejó testimonios escritos, conocemos sólo las descripciones de autores foráneos cristianos, y también a través de las costumbres nacionales posteriores donde se supone que permanecían los rasgos mitológicos precristianos eslavos.

Evidentemente, existían dos categorías de dioses: los principales, que controlaban todas las fuerzas de la naturaleza, y los secundarios, que habitaban los bosques locales, campos y ríos. Los dioses principales eran Svarog, dios del cielo, y sus dos hijos, Dazhbog, dios del sol, y Svarozhich, dios del fuego. No menos importantes eran Perún, dios del trueno, y Volos, dios del ganado. A la segunda categoría de dioses pertenecían muchísimas criaturas que poblaban bosques (lisovik), pantanos (demonios), campos (polovik), y ríos y lagos (sirenas). Otros dioses estaban relacionados con los sentimientos humanos, por ejemplo, Yarilo, dios de la pasión y renacimiento primaveral, y Kupalo, dios del agua, hierba y flores, que tenía el poder de la purificación. En honor de todos estos dioses se ofrecían sacrificios acompañados de sus rituales correspondientes.

En general, se suponía que el sistema eslavo de creencias garantizaba la comunicación directa con los dioses, sin templos, ídolos ni sacerdotes. Aunque había dos excepciones: en la isla Rugen en el Mar Báltico y en Kiev. En ambos sitios existían grandes ídolos. En Kiev, un ídolo grande de madera de Perún lanzando truenos, dios de la guerra. Los gobernantes más antiguos de Kiev y los primeros grandes príncipes, antes de ir a la guerra, le ofrecían a él sacrificios, al igual que al dios del ganado Volos. La tribu eslava rani (o rujani) de la isla de Rugen tenía ritos incluso más complejos y construyeron algo parecido a templos para el “dios de los dioses” Svantovid (Sviatovid). Parece que el culto a Svantovid se extendió también hasta las tribus eslavas del oeste que vivían al norte de los Cárpatos. Es probable que sea él el que fue personificado en un ídolo de más de dos metros de altura encontrado a mediados del siglo XIX en la orilla del Zbruch en el oeste de Ucrania. Con la llegada del cristianismo, los principales dioses eslavos y sus ídolos fueron destruidos, pero la fe en las criaturas terrestres ha perdurado con mucha fuerza en las aldeas incluso en el siglo XX y coexiste con la fe cristiana.

En los tiempos de la Pax Chazarica, las tribus eslavas en territorio ucraniano fueron protegidas de las intervenciones destructivas de los nómadas del este y por eso pudieron desarrollar la agricultura y el comercio durante los siglos VII – IX. A pesar de estos privilegios, a algunos grandes príncipes eslavos les indignaba el estatus de vasallos en las relaciones con los dirigentes jázaros. Pero durante mucho tiempo los eslavos estuvieron separados, por lo que ninguna tribu tuvo el suficiente poder para oponerse al kaganato jázaro. La aparición de aquella fuerza sólo llegó a ser posible a mediados del siglo IX en Kyivshchyna cuando las tribus locales se unieron bajo el mando de los líderes escandinavos varegos. Así apareció una nueva entidad conocida como Rus. ¿De dónde apareció este fenómeno? O citando las palabras del prólogo del libro “Crónica de Néstor” que dan comienzo a la famosa discusión: “¿De dónde empezó la tierra rusa, y quién reinó al principio en esta tierra, y cómo apareció la tierra de Rus?”[5].

[1] The Gothic History of Jordanes, traducida por Charles Christopher Mierow, segunda edición. (Princeton, NJ, 1915), p. 60.

[2] Ucrania-Dnipró es el nombre que se le da al territorio de Ucrania en el Imperio ruso, que corresponde aproximadamente al actual territorio de Ucrania, con las excepciones del Mar Negro de la península de Crimea (parte de la RSS de Ucrania en 1954) y en el oeste Galitzia, la cual fue una provincia del imperio austríaco. N del T. Fuente: Wikipedia.

[3] Parte de Ucrania histórica-etnográfica que al principio incluía los oblast contemporáneos del centro y del norte de Ucrania, es decir, la orilla derecha del Ucrania-Dnipró mediano. N del T. Fuente: Wikipedia Ucrania.

[4] Zona geográfica de Ucrania correspondiente al valle del río Dníster. N del T. Fuente: Wikipedia Ucrania.

[5] Crónica de Néstor, en Crónica de Rus, según la Lista de Ipatii traducida por Leonid Majnovets (Kiev, 1989), página 1.

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