De víctima a verdugo: la perversidad del sistema.

Víctima de la obsolescencia programada: 5 meses me ha durado el móvil. De buenas a primeras las teclas han decidido dejar de funcionar. “Sí, eso pasa, es normal” dicen en Orange (pero podría ser cualquier otra). Que me den otro móvil sin coste alguno, tan solo me consuela un poco, porque el sistema es perverso: cuanto menos duren los móviles, más hay que fabricar, más coltán hay que extraer para tal fin y menos interesa acabar con la guerra en el Congo para seguir expoliando el principal yacimiento de coltán del mundo.
Así, yo, víctima de la obsolescencia programada, me convierto en cómplice (¡y verdugo!) de, entre otras muchas cosas, la explotación infantil en las minas de coltán, de perpetuar una guerra con niños soldado y de la destrucción del planeta… ¡pero estoy contribuyendo al aumento del PIB, a “generar actividad económica”, a “volver a la senda del crecimiento”!

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