El dios mercado

El sacerdote, antes de realizar el sacrificio, mira al pueblo congregado a los pies del templo, recuerda el dolor ocasionado por aquél fatídico terremoto y dice en voz alta:

“Inyectemos 183 mil millones de dólares en los mercados, para calmarlos”.

El dios mercado, al igual que el dios del Antiguo Testamento, siempre está enfadado, lleno de ira. Salta a la primera: si hay un terremoto, hay que calmar al dios mercado. Primero la economía, luego a las personas.

Y así aprendemos, que nos quede bien clarito, que el derecho a la alimentación, a la soberanía alimentaria, a la salud, a la educación, a un salario digno, al trabajo, al empoderamiento… en definitiva, la democracia y los derechos humanos, son sacrificios que ofrecer al dios mercado, un mal menor para mantenerle calmado.

Una fatalidad del destino, ante el que nada podemos hacer.

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