El pasadizo

 

El  pasadizo

 

 

Toda esa ilusión puesta, todo ese optimismo mostrado y todo el esfuerzo realizado obtuvieron su recompensa cuando abrí los ojos y vi que había llegado adonde quería llegar.

Una oscuridad cálida era la contradictoria característica de ese lugar donde me hallaba. No había luz, porque las ventanas estaban cerradas a cal y canto, pero sabía perfectamente dónde me encontraba. Ese monótono tic tac no me engañaba, no necesité ver las imágenes que se apilaban desordenadamente por todos lados para confirmar que estaba en ese lugar tantas veces soñado por mí.

Cierto es que no necesitaba ver esas imágenes, ni siquiera quería verlas, ya que esa labor no le correspondía a este servidor, pero necesitaba reponer fuerzas antes de hacer lo que tenía que hacer. Y esto me llevó a observar algunas de aquellas imágenes: sus antiguos amores, una cena romántica, su primera noche acompañada, el primer beso, algunas lágrimas, rupturas, abrazos, desengaños…

Había cientos de miles de imágenes, pero sobraba muchísimo espacio. Y si las imágenes hubieran estado ordenadas, habría sobrado el triple de espacio que sobraba.

Dejé de mirar las imágenes (por cierto, vi unas cuantas en las que salía yo, y nunca me había visto tan atractivo como en esas imágenes) y me puse manos a la obra:

 

Saqué el mapa, me orienté en la dirección correcta y comencé a construir el pasadizo que tenía que construir.

 

Dicen que hacer un túnel de Málaga a Jerez sería más fácil que lo que yo estaba intentando hacer. Y en los comienzos creía que así era, me encontraba muchas trabas y aún me las sigo encontrando (porque aún no he acabado el pasadizo). Al principio, cuando preguntaba “¿voy bien por aquí?”, “¿me queda mucho?”, notaba que me miraban con escepticismo; luego, al ver que no cejaba en mi propósito, el escepticismo se tornó en curiosidad y a día de hoy sé, que esa curiosidad está evolucionando hacia algo que no sé exactamente qué es, pero sé que me agrada.

 

No llevo demasiado pasadizo construido, me queda mucho, aún no veo la meta; pero no pienso en eso. Sólo debo preocuparme en no desviarme, en ir por donde tengo que ir, seguramente no sea el camino más recto, pero sí el correcto. Cuando de sentimientos se trata, el camino más corto no siempre es el idóneo. Quizá no lo consiga, me consuelo sabiendo que por los menos hay imágenes mías en su corazón, y son muy bellas…

¡¡No!! no me voy a rendir tan fácilmente, sé que puedo lograrlo, sé que puedo acabar este pasadizo que una tu corazón con tu cerebro.

 

 

 

Escrito el 13 de marzo de 2006 a la persona que ocupaba mis ilusiones por aquel entonces.

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