Ikea en la Seguridad Social

Brillante artículo el aparecido hoy en Diario de Jerez, y redactado por el escritor León Lasa. Espero que abra los ojos…  Un abrazo.
 
 
Casi todo el mundo alaba el fenómeno Ikea: muebles funcionales, con cierta estética desenfadada a unos precios muy asequibles. Las tiendas de Ikea están permanentemente abarrotadas de personas que buscan más por menos y que no persiguen accesorios inútiles o que no aporten nada al producto: eso sí, diseño escandinavo pero manufacturación asiática. El experimento nórdico se está introduciendo en casi todos los segmentos del mercado, desde los vuelos de bajo coste a los ordenadores portátiles, pasando por los utilitarios urbanos o la comida envasada. El prodigio, por llamarlo de alguna manera, low cost es tan reciente como gratificante para todos los consumidores occidentales que ven de qué forma se multiplican las oportunidades de conseguir la chatarrería más variada y de acudir a lugares que hasta hace poco sólo conocían, en el mejor de los casos, por los documentales de la televisión. La fiesta permanente está servida. Sin embargo, emulemos a Casandra por unos instantes. El fin de las seguridades. Es posible que, y así lo apuntábamos hace algún tiempo, estemos trocando de manera un tanto insensata el paraíso por baratijas. La creciente competitividad, la eficiencia oriental o la implementación de los circuitos productivos nos están, literalmente, inundando con todo tipo de posibilidades de adquisición hasta el punto de que, en ocasiones, nos vemos abrumados ante cualquier elección, por nimia que ésta sea: ¿qué tipo de yogur preferimos ante una gama casi infinita de opciones, qué LCD? (En este sentido, véase Por qué más es menos, la tiranía de la abundancia, de Barry Schwartz). Constituye un plus añadido por el que las generaciones europeas nacidas en los años cuarenta, cincuenta o primeros sesenta, blindadas en gran parte, apenas pagan peaje alguno. La mayoría ha conseguido un puesto de trabajo razonablemente estable y ha accedido a una (o más) viviendas antes de que la burbuja inmobiliaria comenzara a inflarse. No obstante, esos miembros conspicuos de la clase media difícilmente –salvo en casos muy puntuales de acumulación exponencial de capital– conseguirán facilitar a sus hijos una vida con certezas semejantes, sino más bien casas a precios inaccesibles y colocaciones precarias a pesar de mil y una titulaciones. Es probable que en un mundo globalizado para lo bueno y para lo menos bueno únicamente nos quede abrirnos y competir con chinos, vietnamitas o malayos. Pero estos ya no sólo producen bienes tecnológicos básicos o con poco valor añadido, sino, cada vez más, productos tan sofisticados como los fabricados en Berlín o Helsinki. La teoría de David  Ricardo de las ventajas comparativas del comercio puede dejar de tener validez en el momento  en que los doscientos mil ingenieros indios que cada año se licencian en el Manipal Institute of Technology consigan anular el desfase tecnológico con Occidente. Si descartamos el proteccionismo como solución (aunque un debate pausado no estaría de más), ¿qué salida queda?Tiempos difíciles. Según algunos, va ser poco probable que Europa emerja airosa de los retos que se avecinan arrastrando algo  tan preciado pero a la vez tan oneroso como el sistema de beneficios implantado por Beveridge en 1944, y que se basaba en el nacimiento de una clase media y un sistema fiscal cuyos cimientos se tambalean. Y, desgraciadamente, mientras antes nos preparemos para ello, en todos los sentidos, mejor. Alemania, el país pionero en la seguridad social, se ha atrevido a afrontar la reforma más ambiciosa de los últimos decenios. Una reforma que, por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, es restrictiva de derechos: la marea de ventajas y conquistas parece haber alcanzado a su bajamar. La edad de jubilación se retrasa a los sesenta y siete años de forma progresiva, las pensiones se recortan y otros beneficios sociales quedan también tocados. El modelo Ikea llega a la seguridad social: asistencias simples, elementales, de bajo coste, corregidas según el capital preexistente del beneficiario, que puedan ser asumidas por una sociedad que en 1960 tenía ocho activos por pensionista y ahora tiene sólo tiene tres, y en la cual la esperanza de vida ha hecho que las pensiones se perciban durante casi veinte años en lugar de diez. La Ley ha sido aprobada por los dos partidos mayoritarios de la nación germana: los democratacristianos  y los socialdemócratas.  Y algo similar ocurrirá en otros ámbitos del espectro social (sanidad, educación…). Vienen tiempos difíciles, especialmente para quienes observamos cómo, casi tocando el sueño, éste comienza a desvanecerse progresivamente. Ahorren, mientras ello sea posible. 
 
 
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Una respuesta a Ikea en la Seguridad Social

  1. Thats an all around incredibly written piece

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