CULTURAS INDIGENAS DEVORADAS POR EL CRUDO EN ARGENTINA, VENEZUELA, ECUADOR Y PERU

Hola Mirones, empezamos el mes de octubre con un artículo que me ha pasado mi colega, amigo, conciencia y, recientemente, compañero Juan Carlos Barrera, el Bluesman: leed, leed.
 
Ecuador es solo un ejemplo para un fenómeno bastante distribuido: la explotación de los recursos petrolíferos sin la menor protección medio ambiental y confirma que el oro negro en lugar de traer riqueza empobrece las regiones donde se instalan las torres perforadoras.

La industria petrolífera contamina el medio ambiente de varias maneras. La forma más grave y al mismo tiempo la más frecuente son los derrames de crudo a causa de la rotura  de un oleoducto. Datos oficiales de la compañía estatal PETROECUADOR  señalan que entre Octubre de 1994 y Octubre de 1995 se produjeron 58 accidentes, la mayoría causados por la corrosión de la tubería, que en total vertieron unos 6.047 barriles (casi un millón de litros) de petróleo en el medio. El líquido contamina los acuíferos, provoca la reducción de la pesca y a menudo envenena el agua potable de la población indígena. Un 40% de la población asentada cerca de los pozos tiene que buscar el agua potable a menos de 200 metros de un acuífero contaminado por el petróleo, y un 20% tiene que utilizar el agua contaminada por el petróleo para su propio consumo. Un 30% la utiliza para tareas domésticas, la aparición de enfermedades es una consecuencia inevitable.

Los casos de anemia, TBC, hongos de la piel, desnutrición, cálculo del riñón y molestias del hígado alcanzan más del doble de los porcentajes registrados en asentamientos alejados de los pozos de petróleo. Más de un tercio de la población sufre anemia. La cuota de mortalidad infantil es de 143 por cada mil nacidos, mientras que la media nacional de Ecuador se cifró en 44 (1.988). Los abortos alcanzan el 10% de los embarazos. Entre las actividades de mayor riesgo para la salud se encuentra  la limpieza manual de las piscinas de crudo. Estas piscinas excavadas en el suelo, sin protección alguna, sirven para almacenar el agua extraída junto con el petróleo, aunque luego es vertida en los ríos de la zona. Otras veces se utiliza para regar los caminos y evitar el levantamiento de polvo. La lluvia distribuye las sustancias químicas de esta mezcla por la cuneta y contamina de esta manera los campos.  Un 40% de la población masculina mayor de 15 años ha trabajado alguna vez en la limpieza de las piscinas de petróleo.  Seis de cada diez personas empleadas durante menos de un mes, sufren enfermedades de la piel, mientras que en el caso de los que trabajan más de un mes, son 8 de cada diez. Dolores de cabeza, de las articulaciones y del estómago son frecuentes. Este trabajo, sin embargo, suele ser incluso codiciado dado que es la única fuente de ingreso para los indígenas, cuyos campos y cafetales están afectados por el agua y el aire envenenados.

Parlamentarios y representantes de acción ecológica de Ecuador por su parte demandaron ante la Asamblea de Accionistas de TEXACO en Houston, EUA, una indemnización justa para las comunidades indígenas que habitan en la región amazónica del Ecuador, pero fueron humillados al ser expulsados del local donde se llevaba a cabo el evento por fuerzas de seguridad.

Texaco es un ejemplo del "ambientalismo corporativo" ya que la empresa se autoproclama ecologista. En el vecino Perú los consejos AGUARUNA y HUAMBISA, organización representativa de los pueblos asentados en la provincia de Condorcanqui, y del distrito de Imaza de la provincia de Bagua, jurisdicción que incluye el espacio territorial de la Cordillera del Cóndor, ha emitido un pronunciamiento en el que denuncia los graves daños en el entorno ecológico por los combates entre los ejércitos de Ecuador y Perú en 1995. El documento denunciaba el perjuicio que el combate ocasionaba, y como los ejércitos arrojaban sus desechos y otros materiales contaminantes a los ríos, además de cómo las comunidades debían desplazarse por la cercanía de los bombardeos. Las comunidades más afectadas eran: PASHKUS, MUWAIN, KUNENTSA, TEESH, ACHUIM, SHAIM, PAISA, KUSU CHICO, PAMPAENTSA, y KUSU KUBAIM DEL RIO CENEPA. Los indígenas denunciaban también el reclutamiento forzoso de sus hermanos que eran obligados a marchar al frente.

También los indígenas WARAO, pobladores autóctonos del delta del Orinoco, reunidos en el III Congreso WARAO realizado en TUCUPITA (Venezuela) en marzo de 1998 solicitaron la salida de todas las empresas petroleras del delta del Orinoco, desesperados ante las graves contaminaciones perpetradas por éstas en su espacio vital.                                            Los indígenas venezolanos fueron mucho tiempo explotados en régimen de virtual esclavitud por la oligarquía de Caracas. A costa de esta fuerza de trabajo gratuita, sumada a la de los negros africanos, la antigua aristocracia de Caracas, que también se dedicaba a la ganadería de los llanos, el añil, el azúcar, el tabaco y las minas, recibió el mote de GRAN CACAO. Venezuela siguió siendo agrícola, condenada al calvario de las caídas de los precios de café y del cacao, hasta que en 1922, el país se convirtió de pronto en una fuente inagotable de petróleo. Hoy, por obra y gracia de las compañías petroleras como la EXXON, que se llevan la parte del león en lo que se refiere a explotación y comercialización del petróleo venezolano, el 80% de la población del país vive en la pobreza.

Ambientalistas peruanos , por otra parte, responsabilizaron a la Shell Oil en julio de 1997 de la supervivencia de los indígenas Nahua y Kugapakori del Perú, ya que la empresa exportará el gas de las reservas de estas etnias.  Cuando Shell Oil hizo una perforación preliminar de la región a mediados de los ochenta, los Nahua fueron expuestos a la tos convulsa y a la gripe epidémica que exterminó a la mitad de la población.  Los indígenas no tenían anticuerpos contra estas enfermedades.

Más al sur, en Argentina, uno de cada dos integrantes de la comunidad Mapuche de PAYNEMIL de Loma la Lata, registra exceso de plomo en la sangre, como consecuencia de la contaminación ambiental originada en el yacimiento petrolífero que explota YPF (Yacimientos Petróliferos Fiscales) en esa localidad. Además, uno de cada tres integrantes de la comunidad Mapuche  tiene una alta concentración de mercurio en la orina.

La presencia de plomo en la sangre produce convulsiones, anemia y daño cerebral, en tanto que el mercurio, que afecta al 34% de la comunidad, genera irritabilidad, depresión e irregularidades hepáticas. Para peor de males, el exceso de mercurio fue detectado con mayor gravedad en los niños y adolescentes de 4 a 14 años y en adultos que superan 60 años. También en Argentina, la Shell es responsable de un desastre ecológico en La Plata; el derrame de petróleo en Magdalena.

Exiliados en su propia tierra, sentenciados a una perpetua diáspora, los indígenas de América Latina fueron desplazados hacia las comarcas más paupérrimas, los climas más aridos o al interior de los desiertos al paso que ampliaban sus fronteras los conquistadores, colonos y más tarde los latifundistas. En la amazonia ecuatoriana los pueblos indígenas utilizaron los bosques durante milenios y hasta hace poco los bosques se encontraban en un estado prácticamente prístino. Sin embargo, desde la segunda mitad del siglo XX aparecieron en esta región un número importante de colonos que comenzaron a devastar la selva. Pero estos colonos llegan a la amazonia precisamente por la situación de pobreza y degradación ambiental de sus áreas de origen, donde estos problemas tienen su etiopatogénesis en la mala distribución de la tierra que se concentra en pocas manos. Como esta situación puede derivar en conflictos sociales, el gobierno ecuatoriano utiliza a la amazonia como válvula de escape y reubica en ella  a los campesinos sin tierra.

Además, el gobierno exige que los colonos demuestren que están convirtiendo un terreno improductivo en productivo, y los campesinos son obligados a talar el 80% de la tierra asignada. Solo así se les confiere título de propiedad. La madera que resulta ni siquiera es vendida, sino que la mayor parte es quemada en el mismo sitio. El hecho de que el país tenga una abultada deuda externa lo vuelve más vulnerable a la presión externa, el FMI exige un aumento de exportaciones, que lleva a la necesidad de una mayor explotación de recursos naturales. En Ecuador esto deriva en una búsqueda continua de nuevos yacimientos petrolíferos y a incrementar la producción de productos agropecuarios que inmediatamente resultan en una aceleración de las tasas de deforestación. En casi todas estas actividades también resultan beneficiados los explotadores  nativos la "burguesía comisionista", cuyos intereses económicos coinciden con estas políticas. El bosque tropical, que había sido conservado y utilizado sustentablemente por las comunidades locales, es destruido. En la desesperada búsqueda de nuevos rubros de exportación, el gobierno comienza a promover el cultivo industrial del camarón en granjas camaroneras que rápidamente destruyen el ecosistema del manglar. La mayor parte de los productos obtenidos a expensas del bosque se orienta a los mercados de países ricos, dejando de lado a la gente local que solo sufre el impacto negativo. El beneficio lo obtienen los consumidores del norte, cuyo modelo de consumo está detrás de la deforestación. Petróleo barato, madera barata, camarones baratos y muchos otros productos  o insumos obtenidos a bajo precio les permiten continuar o incluso incrementar un consumo ya insustentable. El modelo ecuatoriano es aplicable a muchos países de la región, donde el no reconocimiento de los derechos territoriales de los indígenas y la distribución injusta de la tierra constituyen causas subyacentes de la deforestación.

Los conquistadores del renacimiento habían descargado sobre los aborígenes latinoamericanos sus bacterias y virus, traían, como pestes apocalípticas, la viruela y el tétanos, patologías pulmonares, intestinales y venéreas, el tracoma, el tifus, la lepra, la fiebre amarilla, las caries que pudrían las bocas.  La maldición que el hombre blanco trajo al indígena no ha terminado, aunque hoy ya no es necesario un contacto personal para la propagación de los males. En Paraguay, los Nivaclé, indígenas del Chaco, mueren en medio de atroces sufrimientos a causa de fungicidas mercuriales y otros productos tóxicos procedentes de los países del primer mundo y que fueron depositados en territorios indígenas por las mismas fuerzas militares paraguayas, cómplices de traficantes europeos de desechos.

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