Capítulo 9. El Estado de Galitzia-Volinia

(Extracto del libro “Ucrania: una historia de su tierra y sus habitantes”, de Paul-Robert Magocsi. En concreto se trata del quinto capítulo de la Segunda Parte del libro: El período de Kiev.)

El último periodo histórico de la Rus de Kíev en territorio ucraniano fue el ascenso y desarrollo del Principado de Galitzia-Volinia, posteriormente reinado. Llegó a ser uno de los tres centros estatales que se formaron en la época de la transformación política de la Rus de Kíev, que comenzó en la historia de Ucrania con la aparición de los mongoles en el año 1240 y finalizó con la desaparición del Principado de Galitzia-Volinia un siglo después.

En muchos aspectos Galitzia y Volinia eran parecidas a otras tierras de la Rus de Kíev. En ambas gobernaban grandes príncipes descendientes de Iaroslav el Sabio, sus sistemas económicos formaban un solo conjunto junto con las economías de las demás tierras de Kíev, y la cultura religiosa y laica, de la misma forma que el sistema legal y social, eran una parte correspondiente de las culturas y sistemas de la Rus. Precisamente, el desarrollo histórico del Principado de Galitzia-Volinia puede ser definido como una copia a pequeña escala de la Rus de Kíev. Galitzia, igual que Volinia, pasaron por épocas de estabilidad política y económica, que tuvieron lugar gracias a grandes príncipes carismáticos y también sobrevivieron a épocas de decadencia y caos que afloraron en las luchas por el poder, en las guerras internas y en las incursiones externas.

A pesar de la importante semejanza entre el Principado de Galitzia-Volinia y el resto de la Rus de Kíev, existían ciertas diferencias, especialmente las relativas a las relaciones externas, al desarrollo demográfico y al desarrollo social. Galitzia y Volinia, gracias a su localización en la periferia oeste del Estado de Kíev, no sufrían tan a menudo los ataques de los nómadas del este, que llegaban más fácilmente a los principados de Kíev, Pereiáslav y Cherníhiv. En cambio, estas tierras occidentales se abrían a las incursiones de vecinos directos: desde Polonia, Hungría y, posteriormente, Lituania. Al mismo tiempo ambos principados, especialmente Galitzia, estaban más densamente poblados que cualquier otra tierra de la Rus. El factor demográfico, junto con la relativa libertad que proporcionaba no ser constantemente atacados por pueblos nómadas, posibilitó la rápida aparición de una exitosa economía agrícola, la cual propició el nacimiento de una rica clase social: los señores boyardos. Los primeros grandes príncipes de Galitzia también solían otorgar más poder a sus druzhyna (y, posteriormente, a los boyardos) que el resto de grandes príncipes. Por eso la fuerza política de los boyardos era grande, y esto con el tiempo llevó a tristes consecuencias para la vida política de Galitzia. Por último, a pesar de que Galitzia y Volinia, igual que otras tierras de la Rus, eran parte del mundo cristiano oriental ortodoxo, hacían frontera con Estados católicos en el oeste (Polonia) y en el sur (Hungría). Esto significa que la influencia del catolicismo se sentía con más fuerza en estos principados que en cualquier otro lugar de la Rus de Kíev.

La historia del estado de Galitzia-Volinia durante la época de la Rus de Kíev se puede dividir en tres etapas. La primera comienza en los años 980, cuando estos territorios se mencionan por primera vez en las crónicas, y finaliza en 1199, cuando comienza la segunda etapa, en la que los diferentes principados que habían estado separados hasta entonces luchan por la creación de un Estado poderoso que asegurara la estabilidad y ofreciera resistencia a las incursiones externas, especialmente por el flanco de los vecinos occidentales. La tercera etapa, comprendida entre 1238 y 1340, supuso el apogeo del Estado de Galitzia-Volinia, que comenzó con el gobierno de Danylo y duró hasta el momento en que el unificado reino fue de nuevo separado y perdió su independencia debido a la presión de dos nuevas fuerzas regionales: Polonia y Lituania.

Galitzia y Volinia antes de la unificación

Galitzia y Volinia son mencionadas por primera vez en la Crónica de Néstor del año 981, cuando “Volodýmyr se dirigió al territorio de los poloneses y ocupó sus ciudades: Perémyshl, Cherven (Czerwien) y otras”1. Este episodio refleja la política de Volodýmyr el Grande de extender el Estado de Kíev, especialmente hacia el oeste, donde el tema principal de las discusiones entre los polacos y los rus eran las así llamadas “Chervenski horody” o “tierras de Cherven” (Berestia, hoy en día Brest, en Bielorrusia; Jolm, hoy en día Jelm, en Polonia; y también Cherven, actual Czermno, cerca de Belz) y Perémyshl (actual Przemysl en Polonia), situadas a lo largo de las fronteras occidentales de Galitzia. La lucha entre rus y polacos por estos territorios se prolongó durante mucho tiempo, y como resultado, durante el siglo posterior de la toma de control de estas ciudades por parte de Volodýmyr, pasaron de unas manos a otras por lo menos cinco veces en un solo siglo. Este conflicto generó posteriormente un debate histórico todavía no resuelto. La tradición rusa asegura que los asentamientos de Cherven (actualmente situados en ambos lados de la frontera polaco ucraniana) fueron desde el principio eslavos orientales, así que en el año 981, ellos simplemente los “recuperaron”: pero la historiografía polaca defiende que estos territorios al principio formaban parte del legado político polaco, y les fueron “arrebatados”.

Pero la meta de Volodýmyr y sus sucesores era consolidar el poder bajo esta zona fronteriza económicamente estratégica, debido a que los asentamientos de Cherven se localizaban en la vía comercial internacional que unía Kíev con Cracovia, Bohemia y el resto de Europa central. Además de la pretensión de los primeros gobernantes kievitas de controlar las rutas comerciales internacionales que pasan por Europa oriental, el territorio de Galitzia tenía valor en sí mismo, ya que cerca de Hálych se encontraban yacimientos de sal. La sal, como forma de conservar alimentos, fue uno de los bienes de consumo medievales más valorados, así que con el tiempo, su comercio hizo de Hálych la ciudad puntera de Galitzia. Algunos historiadores defienden que el nombre “Hálych” proviene de la palabra indoeuropea “hal” (sal). Así que considerando los factores económicos y quizá lingüísticos, Galitzia – Halychyná (o su nombre latino “Galicia”) se puede traducir como “tierra de sal”.

El valor estratégico y económico de Galitzia atrajo a los grandes príncipes kievitas y a sus vecinos de Volinia, que intentaban expandir su poder a este territorio. En su testamento, Iaroslav el Sabio dejó Volinia a su quinto hijo, Íhor, y antes de su muerte, en 1054, dejó Galitzia a su nieto Rostislav, aunque no lo mencionó en el testamento. Parece que este mismo olvido explica las pretensiones de los grandes príncipes de Kíev y Volinia sobre Galitzia. El propio Rostislav fue expulsado de Galitzia, y sus tres hijos, fundadores de la dinastía Rostislávich de Galitzia, sufrían los ataques de los vecinos rus en el este, especialmente de los grandes príncipes de Volinia, Íhor Iaroslávich y su hijo David Íhorovich.

Solo hasta el Consejo de Liubech de 1097 los demás grandes príncipes de la Rus no reconocieron a Galitzia como parte del legado Rostislávich. A pesar de esto, el gran príncipe David de Volinia rompió este trato casi enseguida, atacando de nuevo Galitzia y cegando al príncipe Vasylko (cuyo pasaje se describe detalladamente en la Crónica de Néstor). Este comportamiento indignó tanto al resto de grandes príncipes que convocaron un nuevo Consejo en Uvítychi (año 1100) donde privaron a David de derecho alguno sobre el Principado de Volinia. Como resultado, a principios del siglo XII Volinia pasó a la rama de Mystyslav, descendientes de Volodýmyr Monómaco.

Mientras tanto, Galitzia consiguió permanecer a salvo como principado independiente bajo el hábil gobierno de Volodymyrko (gobernó de 1124 a 1153) y el de su hijo Iaroslav Osmomysl -“Ocho mentes”- (gobernó de 1153 a 1187); los dos grandes príncipes más destacados de la dinastía Rostislávich. Justo en tiempos del reinado de Iaroslav Osmomysl Galitzia empezó a desarrollar por primera vez su potencial económico. Extendió su poder a través del Dníster hasta el mar Negro, abriendo una importante ruta comercial internacional desde el mar Báltico (a través del Vístula y del Bug) hasta Galitzia y desde ahí hasta Bílhorod en la cuenca del Dníster, y luego, a través del mar Negro, hasta Constantinopla. Cuando en la segunda mitad del siglo XII los cumanos cortaron el suministro de sal de Crimea, para Kíev la nueva y principal fuente de abastecimiento de este preciado bien fue Galitzia.

En el aspecto político esta primera etapa de la historia de Galitzia y Volinia estuvo marcada por: 1) los esfuerzos de todos los grandes príncipes en crear sus propias dinastías en sus principados (los Ihórovich en Volinia y los Rostislávich en Galitzia); 2) la continuación de la lucha por el poder en cada principado, debido a que los grandes príncipes de Volinia no renegaron de sus pretensiones de considerar a Galitzia-Volinia como un único legado. En el siglo XII, la rivalidad entre Galitzia y Volinia se intensificó desde que los gobernantes de cada principado comenzaron a recurrir más a menudo a la ayuda externa del oeste (especialmente de Hungría) y de boyardos del rival. Como consecuencia aumentó la independencia de los boyardos del poder del gran príncipe y se hicieron más frecuentes los ataques húngaros, sobre todo a Galitzia.

En 1189 los gobernantes húngaros la invadieron desde el sur y se autoproclamaron reyes de Galitzia y Lodomeria (nombre latino de Volinia). Aunque el dominio húngaro duró poco tiempo, el nuevo título añadido a la corona húngara tendrá importantes consecuencias en el futuro. Le dio a Hungría no solo una excusa para realizar prolongadas incursiones expansionistas en las tierras al norte de los Cárpatos durante los cincuenta años siguientes, sino también, seis siglos después, sus pretensiones sobre Galitzia y Volinia se fijaron en el título real húngaro, asegurando a los emperadores Habsburgo (que con su llegada al trono se convertían al mismo tiempo en reyes de Hungría) la justificación jurídica para anexionarse Galitzia en 1772.

La unificación de Galitzia y Volinia

La segunda etapa de la historia de Galitzia y Volinia comenzó en 1199, cuando al morir el último gran príncipe de la dinastía Rostislavich los boyardos políticamente fuertes invitaron al trono al enemigo de su dinastía, el gran príncipe Román de Volinia (gobernó entre 1199 y 1205). Al aceptar esta propuesta, Román finalmente alcanzó el histórico objetivo de los grandes príncipes de Volinia: obtener el control de Galitzia. Por su parte, los boyardos de Galitzia esperaban ver crecer su poder político en este gobierno “ausente” del príncipe de Volinia. En realidad, todo sucedió al revés. Román, que ya tenía experiencia gobernando Volinia y antes en Nóvgorod, no solo fundaría una nueva dinastía (Románovich), sino también acometería una política totalmente opuesta a la de los Rostislavich. Durante su corto reinado de seis años Volinia y Galitzia fueron unificadas bajo el poder de un único gran príncipe de la dinastía Romanóvich. También disminuyó el poder de los boyardos, echó a los que le llevaban la contraria y apoyó los intereses de los ciudadanos y campesinos. A nivel externo, Román llegó a alianzas con Polonia y controló a los húngaros.

La actividad dinámica de Román y la existencia del poderoso Estado de Galitzia-Volinia asustó al gran príncipes de Kíev. Se formó una coalición de grandes príncipes contra Román, cuyos ejércitos fueron a la guerra contra el rival de Galitzia-Volinia. Pero Román no solo destrozó a sus rivales, sino que en el año 1200 él mismo tomó Kíev. Pero debido a que Kíev, a principios del siglo XIII había perdido atractivo como capital estatal, Román (igual que antes hiciera el gran príncipe Andréi Bogoluvski de Vladímir-Súzdal), decidió colocar allí a un gran príncipe subordinado y él mismo volver a Hálych, ciudad más desarrollada. Aprovechando la ausencia de Román en 1203, el ex gran príncipe de Kíev, junto a los cumanos y a aliados de Cherníhiv, volvió a hacerse con la ciudad, tras lo cual, Kíev fue saqueada aún con menos piedad y contemplaciones que cuando cayó en manos de los ejércitos de Andréi Bogoluvski tres siglos antes. En la parte final de la vida de Román, su alianza con los polacos se fracturó y en 1205 falleció en el campo de batalla, dejando mujer y dos hijos menores de edad, Danylo y Vasylko, que aún no estaban en disposición de gobernar.

La principal característica de esta segunda etapa histórica de Galitzia-Volinia que comenzó tras la muerte de Román, fue la ausencia de gobierno constante en la región. Las cuatro siguientes décadas de lucha interna causaron la misma situación de crisis que antes abarcó toda la Rus de Kíev en la época de descomposición, que duró hasta 1240. En Galitzia y Volinia tuvieron lugar varios acontecimientos, los más destacados fueron las luchas internas entre los grandes príncipes y los boyardos y los frecuentes ataques externos. Este estado de la situación se explica si tenemos en cuenta el programa político de los boyardos de Galitzia, que se puede resumir en cuatro principios: 1) oponerse al establecimiento de cualquier dinastía de grandes príncipes; 2) no dejar llegar al trono sobre todo al hijo de Román, Danylo, que tenía el apoyo de la población; 3) proponer ellos cada vez al aspirante al trono de gran príncipe, disminuyendo de esta forma el prestigio de este cargo; 4) dejar al gran príncipe aspirar como máximo a figura simbólica, y tener ellos el poder. Siguiendo estos principios, los boyardos de Galitzia primero expulsaron a la esposa de Román y a sus dos hijos. Luego invitaron a otros grandes príncipes de la Rus a ocupar el trono; en cada momento se situaban con diferentes fuerzas externas que intervenían en la lucha por el “legado de Román”, es decir, Polonia, Hungría, Lituania y Nóvgorod. En 1214 incluso subieron al trono a uno de ellos, el boyardo Volodyslav Kormylchych. Fue el único caso en toda la historia de la Rus de Kíev en que una persona de sangre no real, es decir, no descendiente de Iaroslav el Sabio, gobernó en uno de los principados de la Rus.

Mientras tanto, Danylo, que tenía tan solo cuatro años cuando su padre murió, se hizo hombre y en dos ocasiones intentó recuperar su trono (en 1230-1232 y 1233-1235). En aquel tiempo ya era conocido por su valiente participación en la primera batalla contra los mongoles en el río Kalka en 1223. Finalmente, en 1238, Danylo alcanzó su meta recuperando Hálych definitivamente. El siguiente cuarto de siglo siguió siendo el gobernante del principado unificado de Galitzia-Volinia. Desde su último y definitivo ascenso al trono en 1238 comienza el último periodo histórico del Estado de Galitzia-Volinia.

Ocupados en el saqueo de las tierras rus del norte, los mongoles no molestaron a Danylo en la conquista de su tierra parterna. A este incluso le dio tiempo de extender su influencia hacia el este, apoderándose de Kíev justo antes del ataque mongol de 1240. Como vimos en el capítulo ocho, cuando los ejércitos mongoles empezaron a avanzar a través de las tierras del sur de la Rus, a principios de 1241 atravesaron rápidamente el Principado de Galitzia-Volinia, dirigiéndose a Polonia y Hungría. Debido a que estos Estados fueron debilitados tras la avalancha mongola, Danylo pudo así esperar que ni ellos ni tampoco Lituania se atreverían a intervenir en la política interna de sus tierras.
Para renovar el bienestar de su Estado tras cuarenta años de guerras civiles e intervenciones externas, Danylo comenzó a invitar extranjeros sistemáticamente (principalmente a armenios, alemanes, judíos y a polacos) a poblar las tierras de la Rus, sobre todo en las ciudades, donde ellos desplegaban su gran experiencia en la artesanía y el comercio. Obteniendo como resultado paz y estabilidad esto dio la posibilidad de renovar el comercio de la sal galitziana y devolver a Galitzia el rol de centro comercial entre Europa oriental y central.

En realidad, los mongoles contribuyeron a los éxitos de Danylo, aunque él no se diera cuenta de ello. Después de que Batú, kan de la Horda de Oro volvió de Mongolia a Sarái, su metrópoli, cerca de la cuenca del Volga, comenzó a establecer el control administrativo mongol en Europa oriental, colaborando con aquellos grandes príncipes rus que veían provecho en la nueva Pax Mongolica. Danylo fue potencialmente uno de aquellos gobernantes y en 1246 Batú quiso que este fuera a Sarái para honrar a su señor. Debido a que el kan mongol había oído sobre la valentía de Danylo en la batalla contra los mongoles en el río Kalka y su férreo control en Galitzia-Volinia, trataba a Danylo con mucho respeto, a pesar de lo cual el gran príncipe rus tenía que jurarle lealtad. Pero el orgullo de Danylo y su círculo quedó muy herido, de ello da testimonio la Crónica de Galitzia-Volinia: “¡Oh, mala malísima honra tártara¡ Danylo Romanóvich, que fue gran príncipe, poseía con su hermano la tierra de la Rus, Kíev, y Volodýmyr, y Hálych, y otras tierras, ¡ahora está doblado de rodillas y se llama así mismo jolop!”.2

Por su lado, los mongoles reconocieron el gobierno de Danylo en el Principado de Galitzia-Volinia. Es curioso que los polacos y los húngaros se asombraron del estatus de Danylo a ojos de los poderosos mongoles, que tan solo un par de años atrás saquearon sus países. A Danylo incluso le dieron la responsabilidad de recaudar el tributo para los mongoles, es decir, una función que en los primeros años de dominio mongol casi siempre cumplían personas asignadas por el kan (baskak). Así que aquello que Danylo consideraba una ofensa personal, los demás (entre ellos sus rivales occidentales) lo consideraban una gran victoria política. En retrospectiva, la decisión de obedecer a los mongoles jugó un papel muy importante en asegurar el poder y bienestar del estado de Galitzia-Volinia.

A pesar de ello, Danylo estaba descontento y comenzó a plantearse la posibilidad de emprender una cruzada contra la Horda de Oro. Su plan estratégico consistía en neutralizar al rival y organizar una coalición donde tendrían cabida fuerzas de Europa occidental. Al principio convirtió a sus ex enemigos (Hungría, Polonia y Lituania) en aliados, principalmente a través de la diplomacia nupcial. Luego, en 1245, comenzaron las negociaciones con el papa, pidiéndole apoyo para la coalición antimongola y también el reconocimiento oficial al estatus del gran príncipe de la Rus. Durante estas negociaciones, Danylo, junto a los jerarcas eclesiásticos de Galitzia y una parte de los boyardos, expresaron su disposición a reconocer al papa como sumo pontífice de su Iglesia. La culminación de este proceso comenzó en 1253, cuando llegó la delegación papal para coronar a Danylo como rey de la Rus (“rex Russiae”), reconociéndole monarca de pleno derecho según los requisitos del sistema feudal de Europa occidental.
Pero los pasos valientes que dio Danylo en política externa despertaron las sospechas de los mongoles. Estos comenzaron a instigar a los descontentos, entre ellos los boyardos rus que se oponían a la orientación católica de Danylo y que vivían en la zona fronteriza sur del Principado de Galitzia-Volinia. Danylo sofocó este movimiento en 1254 y en dos años incluso expulsó a los ejércitos mongoles del norte de Podolia y del este de Volinia. Pero el kan no tenía intención de tolerar esta desobediencia y en 1259 mandó un gran ejército mongol (comandados por Burundai) para fijar su poder sobre el díscolo gran príncipe de Galitzia-Volinia. Los mongoles saquearon fácilmente toda Galitzia y Volinia y obligaron a Danylo a unírsele en su campaña contra Lituania y también a desmantelar las fortificaciones construidas por Danylo alrededor de algunas ciudades de la Rus (Volodýmyr, Lutsk, Kamiánets-Podolski y Lviv).

Que el oeste siguiera sin apoyar la idea de la cruzada antimongola de Danylo (lo que provocó que el gran príncipe dejara de propagar el catolicismo en su reino) y afrontar la amarga realidad de tener que depender completamente de la voluntad del kan, quebraron a Danylo, que murió en 1264. Pero debemos volver a mencionar que la política de sometimiento a los mongoles que él personalmente despreciaba dio la posibilidad al reino de Danylo de prosperar durante la mayor parte de su gobierno y seguir siendo uno de los principales Estados de la Rus, junto al Principado de Vladímir-Súzdal y Nóvgorod en el norte, que surgieron de la federación kievita durante el proceso de reagrupación del poder político, cuyo culmen comenzó en tiempos de la avalancha mongola.

El prolongado reinado del hijo de Danylo, Lev [León] (1264 – 1301) estuvo marcado por la renovación de la estabilidad en el Reino de Galitzia-Volinia, que empezó a decaer en los últimos años del gobierno de su padre. Le debemos esa estabilidad a Lev, que cumplía con sus obligaciones debidas al kan y apoyaba la alianza con Hungría que formó Danylo. Justo durante el gobierno de Lev la capital del reino pasó a ser Lviv [Leópolis], fundada por Danylo en 1256.

Durante los reinados de Danylo y Lev en el siglo XIII, sobre el prestigio del reino dio muestra el altísimo nivel de la cultura de Galitzia-Volinia. La necesidad de fundar ciudades nuevas, entre ellas Lviv, y de fortificar algunas ciudades más antiguas, dio lugar a una amplia campaña de construcciones eclesiásticas y civiles. Ejemplos de esto último fueron unas cuántas iglesias (que no se conservaron) en Jelm, la capital temporal de Danylo y la iglesia de San Nicolás en Lviv, marcada por una fuerte influencia occidental. De este siglo también proviene la obra histórica más poética y estilizada de la Rus, la Crónica de Galitzia-Volinia, que se empezó a escribir por inciativa de Danylo. Las cualidades literarias de esta obra del siglo XIII parece ser la continuación de la tradición de aquellos altos estándares que fueron establecidos por las generaciones anteriores y algunos historiadores consideran que el famoso poema épico “Cantar de las huestes de Íhor”, que se relaciona con el siglo XIII, podría haber sido creado por un autor procedente de Galitzia.

El arzobispado metropolitano de la Rus

Los dueños de Galitzia-Volonia se ocupaban activamente de los asuntos eclesiásticos, siguiendo el ejemplo de los gobernantes kievitas más poderosos, Volodýmyr el Grande e Iaroslav el Sabio, que comprendieron el valor de la religión como vía para unificar ideológicamente toda la gran Rus; sus deseos de lograr la fusión de territorios similares y de la identidad religiosa de sus vasallos definitivamente se hicieron realidad en la última época de la Rus de Kíev, que comenzó en 1240, cuando el cristianismo finalmente se extendió también en los pueblos. Cada vez se hacía más fuerte el vínculo entre la religión “rus” y la procedencia rus y viceversa. Este entrelazamiento entre la identidad religiosa y territorial que en los tiempos modernos se convirtió en la identidad nacional fue especialmente importante para Galitzia-Volinia, que hacía frontera con países católicos.
En el contexto de aquella influencia que tenía la iglesia en la cosmovisión política y cultural de la Rus de Kíev medieval, fue enormemente importante la cuestión de dónde se establecería la sede de la cabeza de la iglesia de la Rus, es decir, el metropolitano. Su presencia añadía prestigio al gobernante civil local. Comenzando por el primer metropolitano famoso de la Rus, el griego Ioan I, que se asentó en esta cátedra en las primeras décadas del siglo XI, todas las cabezas de la Iglesia de la Rus habitaban en Kíev. Esta tradición se mantuvo hasta 1240, cuando el metropolitano de Kíev desapareció sin dejar rastro durante la toma de la ciudad por parte de los mongoles.

Danylo se dio perfectamente cuenta de la importancia política de la Iglesia, por eso quería que el nuevo metropolitano procediera de Galitzia y por ello propuso a Cirilo, arzobispo de Jelm. Cirilo, con el apoyo de Danylo, fue elegido metropolitano de Kíev en 1243, pero no ocupó este cargo con pleno derecho hasta 1251, cuando obtuvo la bendición del patriarca ecuménico de Constantinopla, máxima autoridad de la Iglesia de la Rus. El patriarca ecuménico estuvo de acuerdo con la elección de Cirilo, pero con la condición de que este no residiera en Galitzia, ya que Danylo negociaba con el papa. Así que a Cirilo le prohibieron volver a Galitzia pero a este no le atraía Kíev en absoluto debido a que la situación política en Kíev tras la avalancha mongola seguía siendo inestable, como era antes. En otras palabras, los frecuentes cambios de grandes príncipes (o la ausencia completa de ellos) hizo peligrar la entrada de dinero a la Iglesia (sobre todo del diezmo) garantizado por los grandes príncipes ya desde los tiempos de Volodýmyr el Grande. Estas circunstancias empujaron a Cirilo a mudarse a uno de las nuevas ciudades poderosas, pero no de Galitzia, sino al gran principado del norte de Vladímir-Súzdal, concretamente a su capital, Vladímir de Kliazma, donde el metroplitano residió largas temporadas en condiciones de estabilidad política y obtuvo ingresos estables. A pesar de la ausencia de Cirilo, Kíev oficialmente seguía siendo la sede del arzobispado metropolitano. Al contrario que Cirilo, su sucesor, el griego Máximo (ocupó el cargo entre 1283 y 1305), nada más obtener el título de metropolitano de Kíev y de toda la Rus, dejó la ciudad en 1299 y después de un año fijó su residencia en Vládimir de Kliazma. El sucesor de Máximo de nuevo cambió de residencia, esta vez de Vladímir a Moscú, que después de 1326, se convirtió en la sede permanente del metropolitano de Kíev.

Es decir, 1299 se puede considerar el año límite que marcó la pérdida definitiva del estatus de Kíev como capital del Estado rus. La decadencia de la ciudad se produjo por etapas. En la primera mitad del siglo XII, la ciudad perdió su posición como centro económico de la Rus de Kíev. Luego, en la época de descomposición (1132-1240) ocurrió la división del poder político que gradualmente, durante un siglo, empezando en 1240, se descentralizó en tres nuevos centros estatales: los principados de Galitzia-Volinia, Vladímir-Súzdal y Nóvgorod. Al final, durante el último período de transformación política (1240-1349), Kíev perdió también su liderazgo cultural, simbólicamente reflejado por la expulsión (temporal tras la década de 1240, y permanente desde 1299) de los metropolitanos kievitas y el cambio de la residencia metropolitana a una nueva sede permanente en el norte (1326).

Al mismo tiempo, los gobernantes de otro centro estatal del territorio rus (el Principado de Galitzia-Volinia) observaban decepcionados como la simbólicamente importante residencia metropolitana escapa a su control. Como resultado, establecieron el objetivo de crear, si es posible, un nuevo arzobispado metropolitano. Desde el punto de vista del patriarca ecuménico de Constantinopla, la división de la Iglesia rus no era conveniente, pero hacía falta tener en cuenta el peligro potencial del catolicismo, que con la ausencia del metropolitano del sur de la Rus, es decir, el territorio ucraniano, podía otra vez intentar aspirar al reino ortodoxo de la Rus. Por eso, finalmente, el patriarca de Constantinopla apoyó la fundación del arzobispado metropolitano de Galitzia-Volinia en 1303. Seis de las quince eparquias del arzobispado metropolitano de Kíev que existían en aquel tiempo, concretamente Galitzia, Przemysl, Volodýmyr, Lutsk, Jelm y Turen, a las que Constantinopla llamaba “las de la Rus menor”, pasaron a la jurisdicción del nuevo metropolitano de Galitzia, cuya residencia se encontraba en Hálych. Esto significaba que, a principios del siglo XIV, el Reino de Galitzia-Volinia fue no solo un Estado políticamente fuerte y económicamente vivo, sino también culturalmente prestigioso, teniendo su propio metropolitano ortodoxo.

Fin del Estado de Galitzia-Volinia

Pero al mismo tiempo, cuando parecía que el Reino de Galitzia-Volinia llegaba a su apogeo, comenzó el período de decadencia que llegó a ser la obertura de su final definitivo. Los últimos Romanóvich (Iuri I, que gobernó de 1301 a 1315 y Lev II (1315-1323) llevaron a cabo una política antimongola que causó el aumento de ataques del kan. Finalmente, a causa de la ausencia de descendencia masculina, subió al trono el rey católico Boléslaw, hijo de la hermana (es decir, sobrino)del último Romanóvich. Para tranquilizar a sus súbditos, se convirtió al cristianismo ortodoxo y tomó el nombre de Iuri II (gobernó entre 1325 y 1340).

Iuri II intentó renovar el poder del reino invitando a consejeros extranjeros, especialmente de la Orden Teutónica, situada en la costa del mar Báltico, introduciendo el modelo alemán de gobierno de ciudades, llamado “Derecho de Magdeburgo”. Según este derecho, las ciudades tenían su propio sistema de derecho de autogestión que les protegía de las intervenciones del gran príncipe y de los boyardos. El reconocimiento del derecho de Magdeburgo a dos ciudades de Galitzia (Sanok en 1339 y Lviv en 1356) comenzó una tendencia que se prolongó durante todo el siglo XIV y que tuvo un impacto positivo en la economía del principado. Pero los boyardos, como siempre en Galitzia, estaban descontentos. A ellos, como señores de la tierra, y de una clase social aún políticamente poderosa, les indignaba la política ciudadana de Iuri y su dependencia de los consejeros extranjeros. Además, seguían recelosos de su simpatía hacia el catolicismo. Esto terminó en una conspiración de algunos boyardos, logrando envenenar a su gobernante, Iuri, en 1340.

El Estado de Galitzia-Volinia entró en picado en un período de anarquía interna e intervenciones externas que duró un par de décadas. Los boyardos locales propusieron el trono al gran príncipe lituano Lubart, pero esto causó desde el principio el rechazo de Hungría y, sobre todo, de Polonia, donde en aquel tiempo gobernaba el más exitoso rey medieval Kazimierz [Casimiro] III el Grande (gobernó entre 1333 y 1370). Los ejércitos de Kazimierz emprendieron dos grandes campañas contra el Principado de Galitzia-Volinia (en 1340 y en 1349) y durante los siguientes cincuenta años estuvieron en guerra al mismo tiempo con Hungría y Lituania por el control del ex principado rus. Los lituanos encabezados por Lubart lograron mantenerse en Volinia, pero fue solo tras la muerte de Kazimierz en 1370 cuando consiguieron tomar el control completo de este territorio. A principios del siglo XV, Volinia llegó a ser una tierra independiente dentro del Gran Principado lituano. En cuanto a Galitzia, desde 1387, Hungría ya no quería o no podía defender sus aspiraciones en las tierras de la Rus, que entonces pasó a formar parte del Reino de Polonia.

Con la caída del Estado de Galitzia-Volinia después de 1340 desapareció en el territorio ucraniano la última entidad política que era parte del “legado de Kíev”. Los otros dos centros estatales que también surgieron dentro del Estado de Kíev (los principados de Vladímir-Súzdal y Nóvgorod) seguían existiendo, pero en formas distintas. En el siglo XV, Moscú, una de las ciudades del Principado de Vladímir-Súzdal, llegó a ser el centro de un poderoso y autosuficiente principado. Con el tiempo, a este territorio fueron anexadas las demás ciudades del Principado de Vladímir-Súzdal, el Principado de Nóvgorod y otros del norte, que juntos formaron el Estado de Moscú. El nuevo principado, que posteriormente sería el zarato conocido como Moscovia, ya en 1326 consiguió el cambio de sede del metropolitano kievita a su propio territorio y a finales del siglo XV este estado consideró como su legado todas las tierras de la Rus de Kíev. Estas aspiraciones de Moscovia sirvieron como justificación ideológica para su posterior expansión hacia el sur y el oeste.

Mientras tanto, las tierras rus sureñas, o las correspondientes al actual territorio ucraniano, que no pertenecían al Reino de Galitzia-Volinia, nominalmente seguían estando bajo el poder de la Pax Mongolica de la Horda de Oro. Pero en la segunda mitad del siglo XV, al poder de la Horda de Oro en Europa oriental se le presentó el primer desafío serio y provenía de un nuevo Estado, el Gran Principado de Lituania. El interés lituano por Volinia, que se dejó ver en la década de 1340, desembocó en la toma lituana por medio siglo de la mayor parte de las tierras ucranianas. La caída del Estado de Galitzia-Volinia también marcó el comienzo de una nueva etapa en la historia de Ucrania, cuyo siguiente trayecto definió primero el destino del Gran Principado de Lituania, y posteriormente el del Reino de Polonia.

 

1 ”Crónica de Néstor”, en Crónica de la Rus, según el Códice Hipatiense traducido por Leonid Majnovets (Kiev, 1989), p. 49.

2 ”Crónica de Galitzia-Volinia”, en Crónica de la Rus, según el Códice Hipatiense traducido por Leonid Majnovets (Kíev, 1989), p. 405.

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Capítulo 8. Los mongoles y la transformación política de la Rus

(Extracto del libro “Ucrania: una historia de su tierra y sus habitantes”, de Paul-Robert Magocsi. En concreto se trata del cuarto capítulo de la Segunda Parte del libro: El período de Kiev.)

El año 1240 se considera tradicionalmente un momento crucial en la historia de Europa oriental. Este mismo año los mongoles conquistaron y destruyeron completamente Kíev, y desde este año, según la opinión común, dejó de existir la Rus de Kíev y comenzó el período de dominio mongol, prosaicamente descrito por los historiadores posteriores como la “época del yugo mongol-tártaro”. Aunque investigaciones más precisas apuntan que la presencia de los mongoles no cambió sustancialmente la sociedad rus kievita. Más bien aceleró y culminó el proceso de cambios en el sistema político y socioeconómico de la Rus, que había comenzado un siglo antes de la llegada de los mongoles. Este proceso fue causado por tres factores: 1) la gradual decadencia de la Rus de Kíev como Estado sólido; 2) el progresivo desplazamiento como potencia regional en los ámbitos político y económico; 3) la creación de tres Estados poderosos independientes dentro de la ex federación de la Rus de Kíev: los principados de Galitzia-Volinia, Vladímir-Súzdal y Nóvhorod.

Estos procesos finalizaron un siglo después de la caída de la Rus de Kíev. Durante la “época mongol” de la historia kievita el sistema social y administrativo de la sociedad rus permaneció inalterado, y auqellos grandes príncipes locales que reconocieron el poder supremo de los mongoles en Europa del este, realmente siguieron reinando en sus tierras heredadas como antes. Esta última época de la historia de la Rus de Kíev influyó de forma diferente al desarrollo de cada uno de sus Estados sucesores. En el territorio ucraniano existió uno de ellos, el Principado de Galitzia-Volinia, que posteriormente sería un reino independiente hasta el año 1349, pero antes de analizar detalladamente su desarrollo específico debemos seguir los acontecimientos acontecidos desde la llegada de los mongoles y su influencia en toda Europa oriental.

El ascenso mongol

Como sugiere el nombre, el mongol era un pueblo nómada procedente de Mongolia. Temuyín, uno de los caudillos de este pueblo (vivió aproximadamente entre 1167 y 1227), culminó en 1206 la conquista de todas las tribus mongoles y túrquicas de Mongolia, que le juraron lealtad, proclamándole Gengis Kan (es decir “dueño de los dueños”); y con este nombre pasó a la historia universal. En las dos siguientes décadas el ejército de Gengis Kan conquistó grandes territorios, que se extendían por el este hasta el norte de China y Manchuria en la costa del Pacífico, tras Mongolia y el sur de Siberia hasta Asia central y el norte de Persia e incluso hasta el mar Caspio en el oeste. El disciplinado ejército mongol y el poder ejecutivo lograron conquistar estas enormes extensiones y mantenerlas controladas. Además, los mongoles aprendieron las formas de administrar y las culturas de los pueblos conquistados, especialmente la de los chinos. Aunque a la cabeza de sus grandes ejércitos estaban generales mongoles, estos se componían principalmente de guerreros de las tierras conquistadas, sobre todo de tártaros (procedentes de las tierras fronterizas de Mongolia-China) y turcos de Asia central.

Los ejércitos mongoles adquirieron rápidamente fama de ser invencibles y crueles. Las historias sobre matanzas en ciudades y regiones enteras se extendían por las tierras conquistadas, así que no es sorprendente que los autores occidentales describieran habitualmente a Gengis Kan como “azote de la raza humana”.1 En realidad, Gengis Kan y sus sucesores se diferenciaban poco de los constructores de otros imperios, y si sus ejércitos mongoles destruían cruelmente las tierras conquistadas, esto no constituía para ellos su verdadero objetivo. Con estas medidas intentaban asustar a sus enemigos y darles a entender que o se sometían al poder mongol o serían destruidos. Aquellos grandes príncipes que desde el principio obedecieron y reconocieron la superioridad mongola, por norma general seguían gobernando sus tierras, que bajo las nuevas condiciones, solían prosperar. Así que la meta de Gengis Kan era instaurar un nuevo imperio mundial, desde China hasta Europa y no la destrucción desordenada e irracional. Al obtener como herencia el imperio ya construido por Gengis Kan, sus sucesores en el siglo XIII lograron extender la influencia mongola más allá. En el sur conquistaron toda China y en el oeste el Oriente próximo y Europa del este. Así, en el inmenso territorio que abarca desde el océano Pacífico hasta Europa empezó una nueva época de estabilidad y prosperidad económica conocida como “Pax Mongolica”.

El destino no le brindó tiempo a Gengis Kan para la conquista de Europa del este, esto lo hicieron sus aliados y sucesores, apoderándose de los grandes territorios de la Rus de Kíev. Pero incluso durante los últimos años de la vida de Gengis Kan, los ejércitos mongoles de camino a Persia se desviaron al norte y atravesando las montañas del Cáucaso llegaron a las estepas de Kubán. En 1222 combatieron primero a los alanos y luego a los cumanos (kipchaks) y tras pasar el mar de Azov llegaron a Crimea, donde a principios del año siguiente tomaron la ciudad costera de Sudak. Mientras tanto, los temerosos cumanos pidieron ayuda a los grandes príncipes rus, y tres de ellos (los de Galitzia, Kíev y Cherníhiv) junto a otros grandes príncipes menores se dirigieron con los cumanos contra los nuevos agresores. En la primavera de 1223 el ejército rus-cumano unificado se encontró con una expedición en el río Kalka, cerca del mar de Azov, y en tres días el ejército rus-cumano fue completamente destruido.

Pero la tragedia del río Kalka no generó resultados inmediatos ni para los grandes príncipes rus sureños ni para los cumanos, porque los ejércitos de expedición mongoles no dieron continuidad a sus ataques (su objetivo era únicamente exploratorio), sino que volvieron a casa por las estepas del este. Para los rus de aquellos tiempos los mongoles fueron solo uno de los numerosos atacantes de las estepas, que aparecían tan súbitamente como desaparecían. Como escribió un cronista: “Y no sabemos de dónde vinieron y adónde se fueron; solo dios sabe de dónde vendrán por nuestros pecados”.2

Parecía que la tragedia del Kalka era ya parte del pasado y que la vida en la Rus de Kíev volvió a la normalidad. Entre los grandes príncipes rus que no sospechaban nada, incluso aumentaron la frecuencia de las disputas internas: entre 1235 y 1240 Kíev cambió de manos más de siete veces. Justo entonces los mongoles decidieron volver. Esta vez con un enorme ejército de entre 120 y 140 mil hombres encabezados por Batú Kan, nieto de Gengis Kan y gobernante de la parte occidental del Imperio mongol. Al principio eliminó todos los posibles núcleos de resistencia cerca de la frontera oriental de la Rus de Kíev. Entonces, en 1236, destruyó a los búlgaros del Volga, tras lo cual envió un ejército al sur para destruir a los alanos en Kubán y a los cumanos en la estepa ucraniana. A finales de 1237 los mongoles estaban preparados para volver a la Rus.

La avalancha mongola en la Rus de Kíev

Al principio los mongoles lanzaban ataques sistemáticos a las ciudades rus del norte. En diciembre de 1237 cayó Riazán, luego, durante los primeros tres meses de 1238 tomaron Kolomna, Moscú, Súzdal, Vladímir, Yaroslavl y Tver. Aunque el camino a Nóvhorod estaba despejado, los mongoles decidieron no avanzar más hacia el oeste sino dirigirse al sur, donde pasaron aproximadamente un año y medio en las estepas, entre los ríos Donéts y Don. Aquí, en la patria tradicional de los cumanos, en la estepa kipchak, los mongoles preparaban los siguientes ataques sobre Europa. Por su parte, los cumanos se dividieron: unos se rindieron y se sometieron a los mongoles, otros se unieron a los karakalpaks y a otros aliados túrquicos de la Rus de Kíev, y otros huyeron al oeste, a Hungría tras pasar los Cárpatos, donde recibieron una cálida acogida y, con el tiempo, se convirtieron al cristianismo.

Al conquistar a los cumanos, los mongoles en el verano de 1239 empezaron los ataques a los grandes principados del sur de la Rus: Pereyáslav, Nóvhorod-Síverskyi y Cherníhiv. En octubre de 1239 cayó Cherníhiv, y durante el siguiente año, desde su base esteparia vigilaban atentamente el sistema defensivo del sur del principado de Kíev a lo largo del río Ros. Finalmente, a finales de 1240 todo el ejército mongol estaba listo para proseguir su campaña.

Tras un asedio de varias semanas, en diciembre de 1240 Kíev cayó. Así que los mongoles siguieron avanzando hacia el oeste, separándose en dos ejércitos: uno se dirigió a Volodýmyr-Volynsky, en Volinia occidental, y el oro más al sur, hacia Hálych. Ambas ciudades cayeron en 1241 tras cortos asedios. Entonces los mongoles avanzaron aún más al sur y al oeste. En Hálych, las fuerzas principales, encabezadas por Batú Kan, atravesaron los Cárpatos y entraron en Hungría. El ejército que estaba en Volodýmyr se dividió en dos, uno se dirigió al norte hacia la Orden Teutónica, y el otro se dirigió al oeste, a Polonia. Después, por orden de Batú Kan viraron al sur y atravesaron Moravia para unirse con su principal ejército en Hungría. Los mongoles permanecieron en Hungría hasta la primavera de 1242, cuando Batú Kan, al enterarse de la muerte del kan en Mongolia, decidió volver. Los ejércitos mongoles apresurándose se encaminaron a lo largo de la orilla sur del Danubio, después atravesaron las estepas ucranianas más al norte de los mares Negro y de Azov y, por último, llegaron a la cuenca baja del Volga. Aquí, cerca de la desembocadura del Volga en la ciudad Sarái Batú estableció su cuartel general y pronto la ciudad se convirtió en un poderoso centro administrativo y comercial, desde donde los mongoles gestionaban sus bienes y posesiones en Europa del este.

La Horda de Oro

El nuevo órgano estatal creado por Batú Kan fue una de las cuatro partes u hordas en las que se dividía el Imperio mongol. Los mongoles llamaban a su parte más occidental Kanato kipchak, tomando el nombre de los kipchak o cumanos, una parte de los cuáles, tras los acontecimientos de los años 1238 y 1239, se encontraban bajo dominio mongol. En las fuentes eslavas y europeas occidentales se conocía al Kanato kipchak como la Horda de Oro. Los propios mongoles representaban una minoría insignificante en este territorio: aproximadamente cuatro mil guerreros, que gobernaban la región incluso en tiempos de Gengis Kan. La mayor parte de la Horda de Oro estaba compuesta por pueblos túrquicos: los sucesores de los cumanos y, posteriormente, los tártaros, que conformaban una gran parte del ejército mongol occidental. Los primeros gobernantes de la Horda de Oro eran gengísidas, es decir, descendientes de Gengis Kan, pero con el tiempo su lugar fue tomado por los tártaros, que lograron durante los dos siguientes siglos mantener los grandes principados de la Rus de Kíev bajo su control directo o indirecto. Cada gran príncipe rus, sin importar cuán poderoso era su principado, hasta 1480 obedecía a la Horda de Oro y cada año pagaba tributo. Si el gran príncipe se sublevaba, sus tierras, por norma, sufrían un ataque como represalia y los mongoles desmantelaban su ejército durante diez años.

Si los grandes príncipes pagaban rigurosamente el tributo mongol les dejaban en paz. Indudablemente, durante los ataques de conquista los generales mongoles fueron crueles con sus rivales, los cuáles mostraron resistencia pero finalmente fueron derrotados. Al mismo tiempo, los mongoles no pretendían convertir las tierras de la Rus en un desierto inhabitado e infértil. Incluso en la época de las intervenciones mongolas entre 1237 y 1241, las grandes y pequeñas ciudades rus quizá no sufrieran una gran destrucción, como cuentan las crónicas de aquellos tiempos y actuales. Y cuando en la ciudad se corría la voz sobre la llegada de los atacantes, sus habitantes huían a los pueblos cercanos más seguros para regresar después, cuando el ejército mongol. tras rápidas incursiones en el norte (de diciembre de 1237 a marzo de 1238) y en el sur (de noviembre de 1240 a febrero de 1241) continuaba su camino.

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Precisamente, la vida en la Rus volvió a su cauce. Aquel puñado de ciudades en tierras ucranianas que sufrieron el devastador golpe (Cherníhiv, Pereyáslav, Kíev, Kolodiazhýn, Kamianéts-Podilskyi, Hálych, Volodýmyr-Volynsky) se reconstruían, pero a decir verdad, la gente huyó a los pueblos, pero como escribió el medievalista inglés John Fennell: “Los mismos grandes príncipes gobernaban en las mismas tierras; las mismas crónicas se escribían en las mismas ciudades; …y los mismos enemigos esperaban en los mismos lugares de la frontera occidental”.3

La principal causa de la ausencia de cambios significativos consistía en que los mongoles no aspiraban a gobernar por ellos mismos los territorios de la Rus de Kíev. Consideraban la Rus de Kíev un territorio periférico, alejado de las vías comerciales más provechosas, que eran las que iban de Asia central hasta la costa norte del mar Negro. Los mongoles simplemente preferían mantener las tierras de la Rus como territorio vasallo, por eso colaboraban con la élite local, que debía obedecer y, por supuesto, pagar tributo. Los mongoles también lograron eso: gracias a su fuerza ellos prácticamente desde el principio consiguieron la obediencia de la mayoría de los grandes príncipes rus, como por ejemplo ocurrió con el gran príncipe de Nóvhorod y Vladímir-Súzdal Alejandro Nevsky en el norte, y con Daniel de Galitzia, en el sur.

Aunque el control posterior de la Horda de Oro sobre los grandes príncipes de la Rus no fue tan homogéneo (por ejemplo, Myjailo de Cherníhiv, gran príncipe de Kíev, pertenecía a los que permanecieron en rebeldía hasta que los mongoles le mataron en 1245), pero parece que consiguieron establecer una buena relación con la cabeza de la Iglesia ortodoxa. Mostrando su famosa tolerancia a otras religiones, los mongoles dejaron a la Iglesia todos su derechos anteriores e incluso le otorgaron nuevos privilegios. Las tierras de la Iglesia y algunos curas con sus familias fueron eximidos de pagar impuestos, y los jerarcas eclesiásticos obtuvieron el derecho de juzgar a todo el clero en asuntos civiles y criminales. Como resultado, en la época mongola de la historia de la Rus de Kíev, la Iglesia ortodoxa disfrutó a veces de una obvia prosperidad. La iglesia no solo aumentó su riqueza, sino que consiguió finalizar el proceso cristianizador, que “oficialmente” había comenzado en el siglo X, pero a las aldeas no llegó hasta el siglo XIII, cuando la ortodoxia expandió su influencia bajo el dominio mongol. Debido a que los mongoles favorecían al debilitamiento del gobierno de los grandes príncipes, creció el papel de la Iglesia, que cada vez más se convertía en la única fuerza entre los restos políticos del Estado de Kíev.

Merece la pena mencionar que en las tierras del sur (en la actual Ucrania) y del norte de la Rus muchos campesinos y pequeños artesanos de las ciudades se sometieron al nuevo orden mongol por su propia voluntad. Al fin y al cabo, los mongoles prometían paz y estabilidad a cambio de pagos anuales en grano u otros bienes. Al menos al principio mantuvieron su promesa, una nueva paz (Pax Mongolica) para los muchos campesinos y artesanos, y también a la iglesia ortodoxa le pareció una calma largamente esperada tras las discordias entre los grandes príncipes y los frecuentes ataques nómadas, situaciones por las que era conocida la anterior época histórica de la Rus de Kíev.

Al mismo tiempo, la Horda de Oro siguió con la tradición de los nómadas ricos que vivían en las estepas situadas entre los mares Caspio y Negro, que obtenían el dinero de los peajes de las grandes vías comerciales internacionales que pasaban por esta región. Sarái, la primera capital de la Horda de Oro, conocida posteriormente como Sarai la Vieja (Sarai Batú) y la segunda capital, Nueva Sarai (Sarai Berke), situada más arriba en la corriente del Volga, en su gran curva, donde casi se une con el Don, eran no solo centros culturales y administrativos de la Horda de Oro, sino también cruces de caminos de las vías comerciales procedentes de todas las direcciones. La famosa Ruta de la Seda procedente de China y Asia central llegaba hasta las Vieja y Nueva Sarai, desde donde algunos comerciantes se dirigían al sur a lo largo de la costa oeste del mar Caspio hasta Azerbayán y Persia, otros remontando el Volga se dirigían hacia las tierras rusnorteñas del príncipado de Vladímir-Súzdal (posteriormente principado de Moscú), de Tver y de Nóvhorod, y otros al oeste hacia Crimea o por la Ruta de las Caravanas a través de las estepas ucranianas hasta la ciudad mongola Soljat (ahora Crimea Vieja) o hasta Tany en la cuenca del Don, y desde ahí atravesar el mar de Azov hasta las ciudades costeras del estrecho de Kerch y del mar Negro. Desde Crimea se prolongaban vías comerciales de menor importancia, que se dirigían a través de las estepas hasta Cherníhiv, Kíev y Hálych y desde ahí seguían al oeste hasta Europa central.

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La Pax Mongolica y los comerciantes italianos

Bajo la protección de la Pax Mongolica se reabrió la antigua vía comercial jázara que iba desde el lejano Oriente hasta el Imperio bizantino, que en tiempos prósperos de la Rus de Kíev estuvo algunos siglos cerrada. Crimea se convirtió en una parte de la Horda de Oro mongola-tártara y como resultado renacieron las ciudades costeras de Crimea, esta vez gracias a los comerciantes italianos de Venecia, Pisa y, sobre todo, Génova. En 1266 los mongoles permitieron a los genoveses construir una cierta cantidad de almacenes en el antiguo puerto del Bósforo de la ciudad de Feodosia, que en poco tiempo se conoció como Cafa. En unas cuantas décadas, la influencia de los genoveses y, en menor medida, de los venecianos se expandió por toda la región que, en parte, lo reflejan los nombres de las ciudades: la ex capital del Bósforo Panticapeo (Bósforo) se convirtió en Cherkio, Tanais en Tana, Hermonasa en Matrega y Sugdaia en Soldaia. Los genoveses también controlaban la ciudad de Chembalo (actualmente Balaklava) en la costa sur de Crimea y reabrieron con el nombre de Moncastro el antiguo puerto rus de Bílhorod en la cuenca del Dníster al oeste de Crimea. Todas esas ciudades llegaron a ser no solo mercados del comercio internacional, sino también centros productivos y artesanos.

El centro principal de la red comercial Negro-Caspio-Mediterráneo era la ciudad de Cafa (actual Feodosia). Cafa crecía rápidamente, y a finales del gobierno genovés en las postrimerías del siglo XV su población alcanzó los 70 000 habitantes. Igual que en otras ciudades de la región, en Cafa vivían varios pueblos (armenios, griegos, eslavos, valacos, caraítas y tártaros), pero el poder de la ciudad recaía en la pequeña comunidad genovesa (en torno a mil), que eran dueños de factorías comerciales y también banqueros, que mantenían relaciones comerciales con el Imperio bizantino y un pequeño vínculo directo con la economía genovesa. Una prueba simbólica de la fortaleza del poder genovés la podemos observar, por ejemplo, en la fundación en 1311 del obispado católico romano en Cafa. La rama principal productiva era la construcción de barcos, pero las mayores ganancias obtenidas en Cafa las proporcionaba el comercio internacional de seda y especias controlado por ellos, que provenían de Asia central; y posteriormente el comercio local de pescado, grano, pieles y esclavos que provenían de las tierras europeas orientales sometidas por el control mongol, se cargaba en las naves genovesas y venecianas hasta el Imperio bizantino y de allí, a través del mar Mediterráneo, a los puertos del sur de Europa.

En aquel tiempo, cuando los genoveses lograron llegar a un acuerdo con los gobernantes mongoles y reemplazar a sus rivales venecianos en Crimea, su control de la costa y del comercio marítimo se topó con el peligro de otra fuerza. Ya a finales del siglo XIII, apareció el Principado de Teodoro (cristiano) en las regiones internas de la provincia, separadas de la costa por las montañas. Su parte central se encontraba en el lugar que entre los siglos V y X fue controlado por los godos de Crimea, donde se encontraba la archiparroquia ortodoxa, y que con el tiempo se convertiría en la ciudad de Gotia. Por estos motivos, no en pocas ocasiones , Teodoro aparece en las fuentes como Principado de Gotia. Desde la década de 1360 su capital fue Mangup, una inexpugnable ciudad fortaleza sobre una meseta (o como así consideran los historiadores, era la antigua capital goda de Doros), situada a medio camino entre la ciudad actual Bajchisarái y la costa del mar Negro. En esta época, la población del principado se componía de una heterogénea mezcla de descendientes de varios pueblos, como los godos de Crimea, grecobizantinos, alanos helenizados, tártaros, cumanos y caraítas.

Durante el siglo XV desde su tierra de Mangup los príncipes de Teodoro (la mayoría de ellos eran grecobizantinos) expandieron sus posesiones hasta la costa de Crimea, donde en el extremo suroeste fundaron el puerto de Avlita y en las alturas rocosas construyeron la fortaleza de Kalamita (actualmente Inkerman). En tiempos del príncipe Alexios (gobernó entre 1405 y 1455), los teodoros conquistaron unas cuantas ciudades de los genoveses y de este modo se apoderaron de la costa del mar Negro desde Chembalo (actual Balaklava, en las cercanías de Sebastopol por el este) hasta la actual Alushta. En esencia, desde finales del siglo XIII hasta finales del XV las antiguas relaciones tradicionales entre las provincias esteparias y las ciudades costeras fueron recuperadas lo que consecuentemente brindó una época de estabilidad en el este y el sur de Ucrania, que permanecían bajo el gobierno de la Horda de Oro, de los genoveses y del Principado de Teodoro.

Aunque la Pax Mongolica aseguró la estabilidad en una parte considerable de Europa oriental y su crecimiento económico (a menudo con el apoyo activo o pasivo de los grandes príncipes rus y del clero), la élite rus no pudo someterse ideológicamente durante el dominio mongol. Cuando en 1313 la Horda de Oro se convirtió oficialmente al islam, el abismo ideológico entre la Rus cristiana y sus dueños mongoles tártaros se hizo más profundo. Por eso los cronistas de aquellos tiempos ofrecen una imagen negativa de los mongoles y la imagen del “yugo mongol-tártaro” hasta el día de hoy permanece en la mayor parte de la historia de Ucrania y en la de otros países de Europa oriental. Además, la decadencia de Kíev, que comenzó mucho antes de 1240, y también el rechazo de algunos rus al nuevo orden mongol llegaron a ser la causa de la salida de Kíev y de otras ciudades rus del sur de representantes de las élites políticas, económicas e intelectuales, que se movieron hacia el norte (al principado de Vladímir-Súzdal) o hacia el oeste (al principado de Galitzia-Volinia). Aunque esta migración al norte o al oeste solo afectó a una pequeña parte de la población ucraniana, no fue tan numerosa como el éxodo bíblico de los hebreos en Egipto, así que no causó la despoblación de la zona media del Dnipró, como aseguraban en el siglo XIX en sus obras Mijaíl Pagodin y los historiadores rusos (ver capítulo 2).

Pero justo durante este período de la historia de la Rus de Kíev, bajo el preciso control de los gobernantes mongoles finalizó la reconstrucción gradual dela estructura política estatal. En el norte, Nóvhorod seguía aislada y el gran principado de Vladímir-Súzdal se convertiría en breve en el gran principado de Moscú. El gran principado de Galitzia-Volinia en el sur fue el único gran principado de la Rus en territorio ucraniano que existió como Estado independiente.

Crimea bajo el poder italiano y la “peste negra”

La ciudad portuaria de Cafa es símbolo de éxito económico. Pero el comercio internacional exige el movimiento de personas y bienes, y algunos de ellos resultaron ser más peligrosos que otros.

“En el muro que está en frente del mar en Cafa había una puerta alta en tiempos genoveses. (… ) Hace 600 años pasaban por allí columnas de esclavos y multitud de personas cargadas de fardos con seda china, que se traía en barco desde Tana por el mar de Azov. Pero un día de 1347 un desconocido viajero pasó por el arco de entrada y comenzó a mandar en Cafa.

La “peste negra” llegó a Europa a través de esta puerta, la pandemia de la peste bubónica acabó en unos cuántos años con un tercio de la población del continente. (…) La enfermedad quizá se extendió entre los habitantes nómadas de las estepas pónticas y luego pasó a los habitantes las ciudades “latinas” de la costa del mar Negro. Recorrió un largo camino a través de toda Eurasia, desde Manchuria o Corea, a lo largo de la Gran Ruta de la Seda transportada en los cuerpos de mercaderes, porteadores y guerreros, hasta alcanzar las cercanías de Europa y el mar Negro.

La Gran Ruta de la Seda traía riqueza y muerte. (…) En pocos meses (desde diciembre de 1347 hasta septiembre de 1348), la peste negra acabó con tres cuartos de la población europea en Crimea y otras colonias del mar Negro. También segó la vida de la mitad de la población veneciana, matando por igual a esclavos y trabajadores (y aristócratas, claro), causando una inesperada carencia de mano de obra. Toda Europa sufrió (…) la falta de mano de obra. (…)

Un buen hombre de negocios nunca desaprovechará una ocasión como esta. La influencia de la epidemia en el mercado de la esclavitud fue inmensa. Por todos sitios, en las costas del Mediterráneo, desde Egipto hasta Creta y España, los precios de los esclavos extranjeros no paraban de aumentar. La mayoría de los esclavos venecianos de Tana tuvieron una muerte horrible en 1348, pero aquellos que sobrevivieron se convirtieron en sujetos de una demanda rabiosa con precios incomparablemente altos, que crecieron como la espuma durante el medio siglo siguiente. En 1408 no menos del 78% de las exportaciones de Tana fueron esclavos. Como resultado de esta calamidad, gracias a las ganancias derivadas de las consecuencias de la peste negra, uno por uno crecían los palacios a lo largo de la arteria veneciana más prestigiosa: Rialto”.

FUENTE: Neal Ascherson, Black Sea (New York, 1995), p. 95-96.

1René Grousset, The Empire of the Steppes: A History of Central Asia (New Brunswick, N.J., 1970), p. 248.

2De la Novgorodian Chronicle, citada en la obra de Serge A. Zenkovsky, Medieval Russia’s Epics, Chronicles and Tales, segunda revisión (New York, 1974), p. 196.

3John Fennell, The Crisis of Medieval Russia, 1200-1304 (London and New York, 1983), p. 97.

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Capítulo 7. Desarrollo socioeconómico y cultural.

(Extracto del libro “Ucrania: una historia de su tierra y sus habitantes”, de Paul-Robert Magocsi. En concreto se trata del tercer capítulo de la Segunda Parte del libro: El período de Kiev.)

En la historia política de la Rus de Kíev descrita en los dos capítulos anteriores se da testimonio de los períodos de la descomposición y de la integración del Estado en la misma medida. Si durante la primera de las tres etapas de su desarrollo (870 – 972) sucedió el lento ensanchamiento de las fronteras de las tierras de Kíev y Nóvhorod, y en la tercera (1132 – 1240) se derrotó cualquier intento de mantener el poder bajo toda la Rus; durante el segundo período, en la época de consolidación (972 – 1132), apareció una especie de integración política, especialmente en los tiempos del duradero gobierno de los grandes príncipes carismáticos de Kíev (Volodýmyr el Grande -Volodýmyr Sviatoslávovich-, Iaroslav el Sabio –Iaroslav I Volodýmyrovich- y Volodýmyr Monómaco -Volodýmyr II Vsevólodovich-).

Evidentemente, la época de consolidación fue algo excepcional. Se puede también afirmar que la historia de la Rus de Kíev durante las primeras tres etapas e, indudablemente, en la etapa IV (1340 – 1349) en su mayor parte no es la historia del mismo Estado. Es más bien la historia de algunas tierras o grandes principados separados, en que cada uno de ellos tenía sus propios gobernantes y luchaban para conseguir más derechos que sus vecinos y que su señor más poderoso, el gran príncipe de Kíev. Además de que a la Rus de Kíev le faltaba integridad política, la geografía e idioma de sus vastas posesiones se diferenciaban bastante. Las diferencias entre las tribus que existían en tiempos del asentamiento eslavo, se conservaron incluso en la época de la Rus de Kíev. Por eso, algunos historiadores y lingüístas consideran la viva expresión de las diferencias territoriales en la época Kíeviana de la historia europea oriental, como la primera etapa de la posterior separación de los pueblos ucranianos, bielorrusos y rusos. Así que los lectores contemporáneos pueden preguntar con razón por qué los autores siguen escribiendo la historia de la Rus de Kíev como un Estado íntegro, en lugar de seguir el desarrollo de cada una de sus partes por separado. En pocas palabras, ¿hay razones para considerar la Rus de Kíev como un solo ente? En realidad, teniendo en cuenta la política y el idioma de la Rus de Kíev es difícil hablar de integridad, pero hay otros factores que demuestran lo contrario: a pesar del espacio geográfico y diferencias internas, la Rus de Kíev fue sorprendentemente monótona en su estructura social, sistema legal y económico y vida cultural.

Demografía y estructura social

A finales del siglo XII y principios del XIII la población total de la Rus de Kíev, según cifras aproximadas, constaba de 7 a 8 millones de habitantes. Aproximadamente, al mismo tiempo, en Alemania, que disponía de un territorio mucho más pequeño también vivían 8 millones de habitantes, y en Francia 15 millones. Así que, en comparación con Europa occidental, la densidad de población de la Rus era muy baja. Por otro lado, casi un millón de personas vivían en las ciudades (grandes o pequeñas). Así que el 13% de la Rus habitaba en las ciudades, superando por mucho las cifras de los países del oeste.

Los historiadores todavía no se han puesto de acuerdo sobre las causas de tal desarrollo urbano en la Rus: ¿comercio internacional o economía interna? Lo que es indudable es que el número de ciudades aumentó velozmente. Si por ejemplo en los siglos IX y X las crónicas mencionan solo 23 ciudades en la Rus de Kíev (13 de ellas en tierras ucranianas), a mediados del siglo XIII había aproximadamente 300. Esta cantidad impresionaba a los extranjeros, por eso no es sorprendente que las fuentes escandinavas llamaran a la Rus de Kíev “la tierra de las ciudades fortificadas” (Gardariki). En la mayor parte de estas ciudades vivían hasta 1000 habitantes, aunque al principio del siglo XIII, en algunas de ellas (Cherníhiv, Volodýmyr y Hálych en las tierras ucranianas; en Nóvhorod, Volodýmyr de Kliazma, Pólotsk y Smolensk en el norte) quizá vivieron unas 20.000 – 30.000 personas. La ciudad más grande fue Kíev, que en tiempos del florecimiento económico del siglo XII contaba con 800 casas-patios y 40.000 habitantes. Indudablemente esto suponía muchos más habitantes que en cualquier ciudad europea. En comparación, la ciudad europea occidental más grande, Londres, contaba con 40.000 habitantes solo en el siglo XIV.

Según su estructura social, la población de la Rus de Kíev se componía de seis clases sociales. Casi todas a su vez se dividían en un par de subgrupos. Tres de las seis clases sociales se pueden considerar la élite del poder: el gran príncipe con su familia, los druzhina1y boyardos, y por último el clero. Las tres clases sociales subordinadas fueron los ciudadanos (pequeños burgueses), los campesinos y los esclavos.

Hay que recordar que la división de clases se refiere por igual a hombres y mujeres. Las leyes y los usos y costumbres de la Rus de Kíev protegían los derechos de la mujer para la propiedad en la familia, y también la protegía de igual forma que a su marido. Por eso, las mujeres, hombro con hombro con los hombres, no solo se dedicaban a la artesanía y agricultura, sino que en ausencia de sus maridos gestionaban los asuntos de sus posesiones por derecho, y no hace falta mencionar el lugar prominente que ocupaba la mujer en las clases altas, donde a menudo hacía el papel de dirigente y, en ocasiones, como Olha, de gobernante.

Estructura social de la Rus de Kíev

Clases dominantes

1.- Grandes príncipes

Gran príncipe de Kíev y familia

Grandes príncipes locales y familias

2.- Druzhina del kniaz y boyardos

3.- Clero

Jerarcas

Sacerdotes, monjes y diáconos

Monaguillos de las iglesias

Clases sumisas

4.- Ciudadanos (pequeños burgueses)

Comerciantes (no residentes)

Artesanos

Obreros manuales

5.- Campesinos

Libres (smerdy)

Semilibres (zakupy)

6.- Esclavos (chéliad y jolopy)

Otras capas sociales

7.- Izgoi (personas cuyo estatus social fue cambiado)

8.- Guerreros pobladores fronterizos (“gorros negros”)

Clases sociales dominantes

Aunque los grandes príncipes de Kíev tenían raíces escandinavas, de lo que dan testimonio los nombres de los primeros gobernantes (Oleg, Ihor u Olha), a finales del siglo X, la clase social dirigente de los grandes príncipes se mezcló tanto con la élite eslava local a través de matrimonios que rápidamente fue asimilada.

La cantidad de grandes príncipes y familias crecía, condicionando el reparto del Estado entre los hijos y hermanos menores del gran príncipe. Después de Iaroslav El Sabio, en cada tierra o conjunto de tierras de la Rus de Kíev, gobernaban dinastías separadas. La clase social de los grandes príncipes se componía únicamente de personas con sangre de grandes príncipes; los cuáles, según la terminología elaborada en el siglo XIV eran herederos del semi-legendario Rúrik, por lo que pertenecían a la dinastía Rurikóvich.

A causa de los matrimonios con miembros de la élite local eslava, bizantina y, posteriormente, kipchak, la proporción de sangre varega en los grandes príncipes de la Rus era cada vez menor. Aunque los grandes príncipes de Kíev estaban convencidos de que la Rus o más bien la tierra que controlaban de facto, es su patrimonio y, por tanto, pueden disponer de todas sus riquezas. Así que no es sorprendente que los primeros gobernantes varegos y su entorno se distanciaran de la población, ya que al igual que a sus tierras les consideraban objetos de explotación y de obtención de tributos. Los grandes príncipes también participaron activamente en la vida económica manteniendo el monopolio directo o indirecto del comercio y de varias industrias. Otras fuentes de ingresos la constituían el pago por los servicios prestados por los juzgados, el impuesto transitorio relacionado con el comercio interior y exterior y también un impuesto para ciertos bienes, entre ellos la sal. Así que la lucha por los diferentes tronos de los grandes príncipes y, especialmente, por el de Kíev, a menudo estuvo motivada no solo por las ganas de conquistar prestigio político, sino también por beneficios económicos específicos.

A la clase dominante de la sociedad rus también pertenecía los druzhina del gran príncipe o kniaz y los boyardos. Al principio eran grupos separados pero con el tiempo se hicieron uno. Los druzhina (la corte del gran príncipe) se componía de los principales guerreros varegos, fuertemente asociados al Estado de Kíev. Los varegos renovaban a menudo la composición de los druzhina porque los pretendientes al trono Kíevano, especialmente en el siglo X y principios del XI, llamaban de Escandinavia a mercenarios para tomar parte en los conflictos entre los grandes príncipes. A la composición de los druzhina también podían entrar eslavos locales y algunos representantes fino-ugreses, túrquicos y de otros pueblos esteparios, vistos con buenos ojos por los grandes príncipes de la Rus. En la segunda mitad del siglo XI, los druzhina y los boyardos (compuestos por la élite tradicional del pueblo eslavo oriental) se unificaron. Esta unión coincidió en el tiempo con la tendencia de la emigración druzhina a las regiones periféricas para ejercer el papel de virreyes de los grandes príncipes.

Los boyardos son mencionados en las fuentes más antiguas como “la mejor gente” o “los hombres idóneos”. Procedían de la clase dirigente de las tribus eslavas orientales y obtenían reconocimiento gracias a sus riquezas o por su lealtad al servicio de los kniaz. Uniéndose en la segunda mitad del siglo XI con los druzhina eslava de origen escandinavo, los miembros de este grupo se convirtieron en grandes terratenientes. Aunque a los boyardos la tierra les era entregada por el gran príncipe como premio por los servicios prestados, ellos tenían pleno derecho a esta tierra (vótchina) y no tenían que esforzarse para mantenerla. Así que en la mayor parte de la Rus de Kíev, a diferencia de algunos países europeos, entre los grandes príncipes y los boyardos no existían relaciones de vasallaje. Solo en el extremo occidental del principado de Galitzia-Volinia los boyardos formaron un grupo social aparte, al cual el gran príncipe daba tierras con carácter feudal. Como resultado de esto apareció una clase social de boyardos fuertes en el gran principado de Galitzia-Volinia, que suponía una gran amenaza al poder del gran príncipe. Pero, en general, en la Rus de Kíev, el poder de los boyardos no dependía de las directrices específicas del gran príncipe, sino de su propia habilidad para conquistar territorios (a veces junto con castillos, como en Galitzia, fortalezas y las guarniciones que las protegen). De vez en cuando, en las capitales de los grandes principados se invocaban las dumas de boyardos, que eran órganos de consejo que se reunían a voluntad del gran príncipe.

La tercera clase social dominante la formaba el clero, que incluía no solo a curas sino también a todas las personas relacionadas con servicios eclesiásticos y sus instituciones (coristas, cereros, elaboradores del pan sagrado, médicos, personal de enfermería, hospicios, asilos para fieles). El clero en sí se dividía en clero negro (monjes) y clero blanco (curas parroquiales y diáconos).

La Iglesia en la Rus de Kíev fue fundada tras la aceptación oficial del cristianismo de modelo bizantino a finales del siglo X. Al principio, la mayoría de los eclesiastas de todos los niveles procedían de Bizancio y entre los metropolitanos de la iglesia de Kíev había pocos eslavos. De Bizancio también se tomaron prestados rasgos organizativos eclesiales como su autonomía jurídica, la fundación de hospicios para los izgoi y, lo más importante, el derecho de propiedad de tierras para el alto clero y monasterios. Desde el principio, los obispos y algunas congregaciones monásticas jugaron un papel importante en la vida económicas de las grandes y pequeñas ciudades, a veces compartiendo con el kniaz (o luchando contra él) para obtener la prerrogativa de control sobre pesos y medidas o el monopolio de la elaboración o producción de algún bien. En el siglo XII, como resultado del fortalecimiento del movimiento de los monjes y de las pretensiones monásticas de acaparar enormes parcelas de tierras en la Rus, la Iglesia llegó a ser uno de los grandes terratenientes. Al fin y al cabo, durante el cuarto período de la historia de Kíev, en los tiempos de la conquista mongola (1240 – 1349), la Iglesia, con la aprobación de los gobernantes mongoles (que preferían colaborar con el clero y enriquecerlo antes que con los poco estables grandes príncipes de la Rus), acumulaba cada vez más riqueza.

Clases sociales subordinadas

En la jerarquía social, la clase dominante estaba por encima de los ciudadanos (o pequeños burgueses), campesinos y esclavos. Cada uno de estos grupos se dividía en subgrupos. En las ciudades, como centros del poder económico, político y eclesiástico, vivían los representantes de las clases sociales dominantes y subordinadas. La clase social dirigente estaba representada por los grandes príncipes locales o sus regentes, boyardos, jerarcas eclesiásticos y los comerciantes ricos (invitados) procedentes de la Rus o de origen foráneo (armenios, griegos, alemanes y judíos en Kíev; y mayormente alemanes en la Rus del norte).

La mayor parte de los ciudadanos, sin embargo, eran artesanos y obreros manuales (apodados como “gente menor”), los más ricos entre ellos (“gente experimentada”) eran dueños de talleres artesanales y a veces tenían acceso a la corte del gran príncipe. Con el tiempo, esta clase social se describirá como clase media. Para proteger sus intereses se reunían en gremios, que a veces representaban un barrio o calle de la ciudad.

Para expresar sus opiniones políticas, los ciudadanos acudían a la veche: reuniones ciudadanas que tenían lugar en las plazas de la ciudad, al aire libre, cada vez que hubiera necesidad. Aunque la veche no llegó a ser un órgano permanente organizado con una cantidad fija de miembros, a veces jugaba un papel decisorio en la vida de las principales ciudades de la Rus de Kíev. Por ejemplo, algunos aseguran que la veche invitó a Askold y Dir para reinar aquí a mediados del siglo IX y en el año 1113 la veche de Kíev invitó Volodýmyr II Monómaco para que se asentara en el trono del gran príncipe. Gracias a la existencia y el crecimiento de la influencia de la veche, durante el siglo XII en ciudades céntricas como Kíev y Nóvhorod, los investigadores posteriores calificaron a la Rus de Kíev como una sociedad democrática. En realidad, la veche a menudo fue únicamente un instrumento en manos de los representantes de los ciudadanos más influyentes y de los comerciantes ricos. Igualmente, el principal representante del poder ciudadano (tísiatskyi) apoyaba a veces los intereses de las clases dominantes y a veces los de la población de la ciudad. Como jefe de la milicia de la ciudad (diferente a la de la druzhina del kniaz) el tísiatskyi era elegido originalmente por los ciudadanos de cada ciudad; aunque al final (menos en Nóvhorod) era designado por el príncipe local, que como norma elegía a un boyardo.

Pero el mayor porcentaje de la población de la Rus de Kíev eran campesinos, que también se dividían en subgrupos en función de su estatus legal. Los smerdy, es decir, los campesinos libres, vivían en sus propias tierras o en tierras del gran príncipe. Se dedicaban a la agricultura y ganadería y pagaban un impuesto al kniaz. Aquellos que vivían en las tierras del gran príncipe debían también abastecer a los hombres y caballos del ejército del gran príncipe en tiempos de guerra. Los smerdy mayormente vivían en grandes comunidades.

Hasta la llegada de los varegos y al principio de su reinado, estas comunidades se componían de grandes clanes llamadas “zadruga”, pero en los siglos X-XI, pasaron de clanes a agrupaciones territoriales no basadas en la sangre sino en intereses económicos y de grupo. En el sur de la Rus, aquellas agrupaciones territoriales fueron llamadas “verv”. Al vivir en territorios desprotegidos, los smerdy sufrían sobre todo avalanchas de nómadas. Pero resultaron aún más nefastos para ellos los conflictos internos de los grandes príncipes. En la época de la descomposición (1132 – 1240) los grandes príncipes de la Rus, al atacar a sus rivales, destruían su ganado, sus cosechas y sus pueblos y también se llevaban y esclavizaban a los campesinos locales para quitarles sus tierras o venderles a los kipchaks. Incluso el gran príncipe más generoso, Volodýmyr Monómaco, no se abstuvo de esa política. Además de los saqueos por parte de los grandes príncipes y nómadas, los boyardos locales hacían sufrir a los campesinos locales, ya que aspiraban a ampliar sus posesiones de tierra y poder sobre la población de las aldeas aprovechando crisis económicas y de otro tipo que les proporcionaba control parcial o completo sobre los campesinos. Así que los conflictos internos y la avaricia de los boyardos le quitaron a muchos smerdy el estatus de campesinos libres, convirtiéndoles parcial o totalmente en semilibres.

Aquellos cuyo estatus empeoró fueron llamados zakupy, es decir, campesinos semilibres. Normalmente estaban privados temporalmente de libertad, a menudo por deudas que, tras ser saldadas, les permitían recuperar su libertad. El número de zakupy normalmente crecía en épocas de recesión económica, condicionadas además por las guerras entre los grandes príncipes y las avalanchas nómadas. En aquellos períodos a menudo se mostraba la avaricia de algunos boyardos locales que aspiraban a enriquecerse a cuenta de los zakupy, lo que complicaba a estos últimos su liberación y vuelta al estatus de smerdy.

En la clase social más baja de la pirámide estaban los esclavos, que al principio fueron llamados “chéliad” y posteriormente “jolopy”. Pertenecían completamente a sus dueños y no tenían ningún derecho. Los propietarios no eran responsables ni siquiera del asesinato de un jolop. Si alguien matase a un esclavo, esta persona solo debía pagar a su dueño una cantidad en compensación por el perjuicio, al igual que si matara a un animal. La mayoría de los esclavos habían pasado a ese estatus a causa de los frecuentes enfrentamientos entre boyardos o grandes príncipes, cuyos vencedores convertían en esclavos a los guerreros y campesinos del enemigo. La existencia de estas dos categorías de esclavos favoreció el desarrollo de dos tipos de esclavitud: temporal o permanente. Los guerreros permanecían en cautiverio de forma temporal, ya que podían ser liberados tras acuerdos políticos. Los campesinos en cautiverio se convertían en esclavos para siempre y no tenían ningún derecho. Solo podían obtener la libertad como un regalo o comprarla a sus dueños.

Otras clases sociales

En la Rus de Kíev existían por lo menos otras dos categorías que no pertenecían a ninguna de las clases sociales mencionadas. Una de ellas eran los izgoi: grandes príncipes sin tierra, hijos analfabetos de curas, comerciantes en bancarrota y esclavos que han recuperado su libertad. En pocas palabras, los izgoi eran personas que habían cambiado de estatus y por eso no cabían en ningún estamento de la estructura social. A menudo, la Iglesia les daba refugio.

Tampoco encajaban en la pirámide social los karakalpaks (sombreros negros). Eran los turcos esteparios: pechenegos, berendei y torkos, que fueron expulsados por los kipchaks de sus tierras natales nómadas en el siglo XI, tras lo cual estos últimos fundaron el Estado semi-nómada Desht-y-Kipchak (Cumania: la estepa kipchak) entre el Donets y la cuenca baja del Don. Desde ahí controlaron durante los siglos XI, XII y XIII las estepas ucranianas del lejano oeste entre la cuenca baja del Danubio y los Cárpatos. A pesar de su estilo de vida nómada, los kipchak fundaron las ciudades de Sharukán, Sújrov y Balin a lo largo del curso alto del Donets. También mantenían relaciones comerciales y de otro tipo con la Rus de Kíev. Los pechenegos, berendei y torkos (enemigos acérrimos de los kipchak) encontraron refugio en las tierras de la Rus. Conocidos como karakalpaks, estos fugitivos formaron una unión con el mismo nombre que permaneció fiel a los grandes príncipes de la Rus. Estos “turcos fieles” que en las crónicas son llamados “suyos malos” se asentaron a lo largo de la frontera sur de la Rus de Kíev, en el valle del Ros, cerca del lejano puesto fronterizo de Torchesk. Además de esto, los karakalpaks tenían en Kíev su propia guarnición que, junto con sus ejércitos fronterizos, desempeñaban un papel importante en la vida de la Rus, ya que a menudo participaban en los enfrentamientos eternos entre los grandes príncipes y las guerras civiles. Igual que los karakalpaks en la frontera sur de Kyivshchyna, los boyardos políticamente poderosos de Galitzia-Volinia constituían más bien excepciones, ya que en la mayoría de las tierras de la Rus la jerarquía social predominaba.

Sistema legal

Otro factor integral importante de la sociedad Kíevana fue el sistema legal. El código de leyes escritas unificado en el siglo XI rigió cada juicio de la Rus. Como consecuencia, la población de la Rus de Kíev, independientemente del principado donde viviera y a qué gran príncipe obedeciera, debido a estas leyes tuvo la oportunidad de asimilar una misma tradición: algunas normas de conducta compartidas por todos.

Bajo este punto de vista lo más importante era el establecimiento, por orden de Iaroslav El Sabio en el siglo XI, de la famosa y ya mencionada anteriormente “Ruska pravda” (“La verdad de la Rus”: una redacción corta de 43 artículos). Los sucesores de Iaroslav ampliaron este código, una de estas ampliaciones fue la redacción extendida de Volodýmyr Monómaco a principios del siglo XII. La gran cantidad de copias de la “Ruska pravda” encontradas posteriormente da testimonio del amplio uso que los jueces hacían de ella, teniendo la posibilidad de tomar sus decisiones en base a las normas generales. En realidad, la “Ruska pravda” era una compilación de los usos y costumbres, una tradición oral que dominaba en la Rus incluso en tiempos anteriores a la aparición de la propia Rus, y también recogía las órdenes de los grandes príncipes (que aparecieron en la redacción extendida) que se referían a ciertos precedentes, ampliando así el derecho de usos y costumbres. En la “Ruska pravda” entraban las leyes del derecho civil (propiedad, obligaciones, familia) y penal. El aspecto más interesante del derecho penal fueron los castigos por los crímenes cometidos: confiscación de propiedades, exilio y, con mucha frecuencia, multas. Incluso el asesinato y otros crímenes graves (incendio, robo organizado de caballos, robo) se regulaba con una indemnización económica. Aunque Volovdmyr El Grande introdujo la pena de muerte, muy poco después fue sustituida por la indemnización económica.

La “Ruska pravda” también da testimonio del estatus generalmente igualitario de hombres y mujeres en la sociedad de la Rus Por ejemplo, el asesinato de una mujer era igualmente castigado que el asesinato de un hombre. A diferencia de otras sociedades europeas de aquel tiempo, en la Rus de Kíev la mujer que vivía más años que su marido no necesitaba un tutor legal, convirtiéndose en cabeza de familia y decidía, si el marido no puso lo contrario en su testamento, cuándo sus hijos iban a obtener la herencia. En la distribución de las pertenencias de la familia, la mujer obtenía su parte y la utilizaba a su criterio.

El viaje de Kíev a Constantinopla

Las relaciones especialmente importantes a nivel político, socioeconómico y cultural entre la Rus de Kíev y el Imperio bizantino fueron posibles gracias a la ruta marítima “de varegos a griegos” que unía Kíev y Constantinopla por el Dnipró y a través del mar Negro. El emperador Constantino VII Porfirogéneta dejó a su hijo y sucesores un “manual” de valor incalculable de título “Sobre la administración del Imperio”, del cual tomamos la descripción del viaje que realizaban los militares y comerciantes rus escandinavos por esta ruta:

Que las canoas que llegan a Constantinopla procedentes de la Rus externa (del norte), unas de Nóvhorod, donde tiene su sede Sviatoslav, hijo de Ígor, el gran príncipe de la Rus, otras de la ciudad fortificadande Smolensk, de Liúbech, de Cherníhiv y de Výshehrad. Todas ellas descienden por el Dnipró y se reúnen en la ciudad fortificada de Kíev, también llamada Sámbatas. Las tribus eslavas tributarias de los rus, concretamente los llamados crivichianos, los lenzanenos y otros habitantes de los territorios eslavos, confeccionan sus canoas en la estación invernal talando los árboles de sus montañas y cuando los tienen listos, al llegar la primavera, cuando se derrite el hielo, los conducen a los lagos cercanos. Y puesto que esos lagos desembocan en el río Dnpró, entran en este río desde ellos y descienden así hasta Kíev, donde sacan las canoas a tierra para acabarlas y venderlas a los rus. Los rus compran solamente estos troncos ahuecados y después de desmantelar sus viejas canoas, las dotan de remos, escálamos y las demás cosas que necesitan y así las dejan aparejadas.

En el mes de junio parten pues por el Dnipró y descienden hasta Vitichev, que es una ciudad fortificada tributaria de los rus, y se reúnen allí durante dos o tres días. Cuando todas las canoas se hallan juntas, entonces parten y descienden por el mencionado río Dnipró. En primer lugar llegan a la primera barrera, llamada Essupi, que en rus y eslavo significa “no te duermas”. Esta barrera es tan estrecha como la anchura que tiene un campo de polo. En el medio hay peñascos de gran altura hincados en tierra que se asemejan a islotes. Contra ellos fluye el agua que se acumula para luego precipitarse desde allí hacia abajo provocando un enorme fragor que causa pavor. Por esta razón los rus no se atreven a pasar a través de ellos, sino que atracando las canoas allí al lado y desembarcando a sus hombres en tierra firme, después de dejar el resto de la impedimenta en las canoas, luego tientan el terreno con los pies desnudos para no golpearse contra ninguna piedra. Esto lo hacen unos en la proa, otros en el centro, otros en la popa, apoyándose en pértigas y así, con el máximo cuidado, recorren esta primera barrera a través de un recodo del margen del río. Cuando superan la primera barrera, al recoger otra vez de tierra los demás, se adentran en el río y llegan a la segunda barrera, llamada Ulvorsi en rus y Ostrovunipraj en eslavo, que significa “islote de la barrera”. Se parece a la primera, siendo difícil de superar y de nuevo desembarcan a sus hombres y transportan las canoas. De este modo superan también la tercera barrera, llamada Helandri, “ruido de la barrera”. Después llega la enorme cuarta barrera, llamada en rus Ayifor y en eslavo Neasit, porque en las piedras hacen los pelícanos sus nidos. Así que junto a esta barrera, todas las canoas se atracan con la proa hacia adelante y bajan los hombres indicados a montar guardia y, sin dormir, permanecen alerta ante los pechenegos.

Los demás, cogiendo sus cosas de las canoas acompañan a los esclavos encadenados durante seis millas, hasta cruzar la barrera. Luego, algunos tirando de sus canoas, otros cargándolas en hombros, las llevan al otro lado de la barrera, las empujan al río y las cargan. Luego entran en las canoas y comienzan a navegar de nuevo. Al acercarse a la quinta barrera, que en rus se llama Varu-foros y en eslavo Vulnipraj porque crea un gran lago, trasladan de nuevo sus canoas por la orilla del río igual que en la primera y segunda barrera, alcanzan la sexta barrera, que en rus se llama Leandi y en eslavo Veruchi, que significa “bullicio del agua”, pasándola de forma parecida. Desde aquí se dirigen navegando hacia la séptima barrera, que en rus se llama Strukún y en eslavo Naprezi, “pequeña barrera”. Después llegan al vado llamado kraria, por el que vuelven los quersonesos de la Rus y los pechenegos de camino a Quersoneso. Este vado es tan ancho como un hipódromo y mide desde el fondo hasta donde se encuentran los pedruscos que sobresalen del agua, la distancia que recorre una flecha. Es en este lugar, por tanto, adonde los pechenegos descienden y atacan a los rus.

Al superar este sitio los rus llegan a la isla de San Jorge. Aquí hacen sus ritos porque en ese lugar crece un gran roble, y sacrifican gallos. Clavan flechas alrededor y alguien reparte trozos de pan, carne o lo que tenga cada uno, como manda la costumbre. También echan a suertes el destino de los gallos: acuchillarlos, comerlos o dejarlos en libertad. Desde esta isla hasta el río Selina los rus no temen a los pechenegos. Después (de esta isla) navegan cuatro días hasta llegar al lago que forma la desembocadura del río, donde se encuentra la isla de San Eterio. Cuando llegan a esta isla descansan durante dos o tres días. Otra vez abastecen sus canoas con todo lo que les falta: velas, mástiles y timones que portaban con ellos. Dado que la desembocadura lleva al mar y que ahí está situada la isla de San Eterio, desde ahí se dirigen al río Dníster, y al encontrar una localidad, descansan.

Cuando el tiempo es propicio salen navegando y encuentran el río Aspros, y tras descansar ahí también continúan hasta llegar al Sulina, afluente del Danubio. Hasta que no pasan el Sulina los pechenegos navegan tras ellos. Y si el mar, como suele ocurrir, expulsa las canoas hasta tierra, las atracan para agruparse y rechazar a los pechenegos. Tras el Sulina ya no temen a nadie y al pisar la tierra de Bulgaria se adentran en la desembocadura del Danubio. Desde ahí llegan a Kokona, luego a Konstantsia hasta el río Varna; desde el río Varna navegan hasta el río Ditzina. Todo esto son tierras búlgaras. Desde el Ditzina alcanzan la provincia de Mesembria, y ahí finaliza su travesía difícil, insoportable, horrorosa y peligrosa.”

Constantino Porfirogéneta. De Administrando Imperio. (Washington D.C., 1967) p. 59-63

Sistema económico

El florecimiento de la Rus de Kíev estuvo directamente condicionado por las necesidades del comercio internacional. Los grandes príncipes varegos, empezando por Oleg en las últimas décadas del siglo IX, principalmente aspiraba a controlar aquellas tierras, a través de las que pasaba la vía norte-sur de la rutacomercial de varegos a griegos. Con el mismo objetivo , los sucesores de Oleg siguieron conquistando algunas tribus eslavas orientales que vivían a lo largo de las vías que unían el mar Báltico con el mar Negro. Por tanto, la importancia del comercio internacional como factor integrador en el período inicial de la Rus de Kíev parece ser indudable.

Los historiadores no muestran consenso sobre el desarrollo económico posterior en la Rus de Kíev, es decir, cuál era el motor de la vida económica: ¿el comercio internacional (V. Kluchevskyi) o la agricultura (B. Hrékov)? Esto dependía de la situación política interna y, sobre todo, externa. En realidad, resultó que los rus varegos fueron continuistas de los jázaros, porque siguieron con la tradición de mantener el comercio internacional con Asia Central y Oriente Próximo y los mercados del Imperio bizantino y Europa.

La mercancía del comercio internacional no había cambiado desde la época escita hasta la jázara y rus varega. La Rus de Kíev proporcionaba miel, cera, lino, cáñamo, pieles, a veces grano, y lo que más pieles codiciadas y esclavos que solían ser cambiados por vino, seda, equipamiento de barcos, joyas, vidrio y obras de arte (después de convertirse al cristianismo también iconos) de Bizancio, y también por especias, piedras preciosas, manufacturas de seda y satén y armas de Asia Central y del Oriente Próximo de Arabia. Por tanto, la Rus de Kíev era tradicionalmente exportadora de materias primas por las que recibía productos manufacturados, especialmente artículos de lujo.

Pero las rutas comerciales cambiaron. La llamada ruta “sarracena” (“de Soróchyntsi” o “del Volga”) que descendía por la corriente del Volga, uniendo los puestos fronterizos de la región de Rostov-Súzdal con el kaganato jázaro, y que luego seguía hacia el sur por el mar Caspio hasta Oriente Próximo; fue sustituida a finales del siglo IX por la más importante ruta Báltica – mar Negro. El punto de destino de la nueva ruta, que pasaba por Kíev, era Bizancio. En condiciones apropiadas, el viaje en bote de Kíev a Constantinopla duraba seis semanas.

Al principio, en el siglo X, cuando las vías comerciales del Dnipró y del Volga eran cada vez más frecuentemente amenazadas por los pechenegos, y en el siglo XII cuando expulsaron a los kipchak, las orientaciones del comercio internacional de la Rus de Kíev se desplazaron. Nóvhorod viró su orientación pasando del sur a la zona económica del Báltico, vendiendo así las mercancías del extremo norte (entre ellas las pieles) en Europa del norte y oeste. En el sur, obtuvo especial importancia la ruta terrestre este-oeste a Halychyná, en parte porque Kíev comenzó a depender de Hálych en cuanto al reparto de las mercancías mediales de valor, como la sal (medio principal para conservar los alimentos), que después del siglo XII no necesitaba llegar de Crimea a través del Dnipró. Aparte de esta ruta de la sal, por Galitzia pasaban unas cuántas vías comerciales internacionales que unían la Rus de Kíev, en el oeste, con Polonia y Europa central, y en el sur con Hungría a través de los Cárpatos. El comercio externo en general estuvo bajo el control de los grandes príncipes y de los comerciantes ricos y les generaba muchas ganancias. Pero en la Rus de Kíev prosperaba también el comercio interno que, al principio, daba servicio a los burgueses ricos y clases dominantes y, posteriormente, comenzó a atraer a los campesinos, que intercambiaban su producción agrícola, ganado y miel en los mercados de las ciudades por telas, instrumentos de artesanía local y sal de Crimea, primero, y posteriormente de Halychyná. La variedad de artesanías locales creció con el tiempo (los historiadores discuten la cantidad: de 40 a 64 variedades). Las actividades manuales más desarrolladas fueron la construcción, la elaboración de utensilios caseros y eclesiásticos, las armas y los artículos artísticos.

La conexión entre el comercio externo y la agricultura fue la base de la economía de la Rus y dependía directamente de la cambiante situación internacional. Hasta cierta medida la Rus de Kíev se fortaleció económica y políticamente porque las vías comerciales tradicionales que unían Bizancio y Europa con Asia central y oriental tras el Mediterráneo levantino fueron destruidas en las últimas décadas del siglo VII, cuando apareció el Islam y los árabes extendieron su control en Oriente Próximo. Esto posibilitó la aparición de la ruta norte que unió Bizancio y el Oriente Próximo y Lejano con Europa del norte y del oeste, que al principio estuvo controlada por los jázaros y, posteriormente, por sus sucesores, los rus.

Pero en el siglo XII las discordias internas y las cruzadas acabaron con el dominio árabe en el Mediterráneo oriental. A finales del siglo XI los cruzados fundaron una ciudad fortificada en la costa este del Mediterráneo: el Reino de Jerusalén. Desde entonces la vecina Antioquía y los demás puertos del Mediterráneo oriental adonde llegaba la mercancía de Oriente próximo (y no solo de ahí), otra vez llegaron a estar disponibles para Bizancio y Europa occidental. Los comerciantes italianos de Génova, Pisa y, sobre todo, de Venecia (que obtuvieron de Bizancio en el año 1088 el monopolio comercial) sacaron el mayor beneficio de la nueva situación política exterior. Así que independientemente de la aparición de los kipchaks, que a mediado del siglo XI detuvieron el comercio en las estepas ucranianas, la vía báltica- mar Negro dejó de ser la base del bienestar de la Rus de Kíev.

El declive de la Rus de Kíev (1132 – 1240) y el cambio de las rutas comerciales internacionales coinciden en el tiempo no por casualidad. Las clases dominantes de la Rus, entre ellos los boyardos, intentaban enriquecerse aún más en este nueva situación política externa y acumulaban tierras y mercancía, la cuál se podía vender o intercambiar en las ciudades por artículos de lujo y de uso cotidiano: elaborados por cada vez más numerosos y artesanos de la Rus de Kíev, o traídos de Europa central y del este, entre otro lugares, a través de Halychyná. Esta acumulación de tierras tuvo dos consecuencias: 1) los boyardos se enfrentaron a los grandes príncipes causando una desestabilización general en el país y la esclavitud de los smerdy libres; 2) el acento en la economía de la Rus de Kíev cambió gradual e inevitablemente: si al principio el comercio internacional estaba en la base del sistema económico, ahora ese papel lo ocupaba la agricultura.

Las influencias culturales de Bizancio

El tercer y quizá el mayor factor de influencia integrador de la Rus de Kíev fue la cultura. No se puede no prestar atención al papel del Imperio romano oriental o bizantino, ya que la cultura de la Rus de Kíev era hija de Bizancio. Para la Rus varega y eslava oriental, igual que para muchas otras civilizaciones sedentarias y nómadas en los Balcanes y en la parte norte del mar Negro, Bizancio era un imán especialmente para aquellos que tenían como objetivo invadir la capital del imperio (Roma Nueva o Constantinopla) o comerciar con ella entrando en su órbital cultural y económica.

Durante los más de mil años de existencia del Imperio bizantino (del siglo IV hasta mediados del XV) su situación política cambió más de una vez. Tras superar su crisis interna profunda (movimiento iconoclasta) y las aspiraciones de los árabes musulmanes en el este y las del primer zarato búlgaro en los Balcanes en el siglo VIII y mediados del IX, el imperio recobró su anterior fuerza. Desde mediados del siglo IX entró en una nueva época de florecimiento que duró casi dos siglos (843 – 1025) y que posteriormente se consideró como la época dorada de Bizancio. El imperio fijó sus posiciones en los territorios de Asia Menor y los Balcanes al sur del Danubio y renovó su influencia en la parte sur de los Apeninos en el oeste y en Crimea en el noroeste. El comercio y la educación prosperaban, así que el Imperio bizantino llegó a convertirse en un poderoso estado en Europa. Justo durante esta época dorada se levantó la Rus de Kíev, que con el tiempo entró en la zona de influencia bizantina. Dentro de los límites de la órbita cultural bizantina, la religión, la literatura, la arquitectura y el arte de la Rus de Kíev se creaban según los modelos grecobizantinos o se inspiraban en ellos.

La entrada al mundo bizantino, es decir, la unión con Bizancio, llegó a ser posible tras la aceptación de la ideología imperial oficial: cristianismo oriental de rito grecobizantino. Ya a principios de la época dorada Bizancio logró bautizar no solo a los rus sino también a otros eslavos. Este éxito, en su mayor parte, se puede agradecer a la actividad misionera de los años 860 – 880 de dos hermanos monjes bizantinos y fervorosos cristianos: Constantino (llamado Cirilo al convertirse en monje) y Metodio. No solo llevaron una nueva fe a los eslavos, sino que Cirilo creó un nuevo alfabeto para ellos (alfabeto glagolítico) y llevó la escritura. Aunque ambos monjes comenzaron predicando a los eslavos occidentales, entre otros lugares en el estado de Gran Moravia (que abarcaba las tierras de la actual República Checa, Eslovaquia, el sur de Polonia y el norte de Hungría), la mayor influencia de la tradición cristiana bizantina se dio entre los eslavos del sur y del este. El primer idioma escrito (eslavo antiguo) fue creado por Cirilo y Metodio basándose en los dialectos macedonios hablados en los Balcanes. Los alumnos de estos misioneros, tomando como base las letras griegas, elaboraron una nueva escritura eslava, el cirílico, utilizado hoy en día por los pueblos eslavos orientales y la mayoría de los pueblos eslavos del sur.

En el capítulo 5 se comentó que tras el ataque de los rus varegos a Constantinopla en el año 860 en Kíev apareció una misión cristiana y el arzobispo fue enviado a Tmutarakáñ. Durante el siguiente siglo hubo pocos cristianos en Kíev y nadie supo a cuál de los mundos cristianos se uniría la Rus varega. Pongamos el ejemplo de la gran princesa Olha, que se convirtió al cristianismo en Constantinopla y luego dirigió una petición al emperador alemán Otón I, que en el año 961 respondió enviando a un obispo católico romano al que la Rus debía obedecer. Al final, cuando el nieto de Olha, Volodýmyr, decidió aceptar el cristianismo, se decantó por el rito bizantino. Al hacer del cristianismo la religión estatal a finales del siglo X, Volodýmyr I comenzó a introducir en las vastas tierras de la Rus la idea de la unión, basada en esta religión importada y que fortaleció la influencia cultural grecobizantina.

Incluso en los tiempos del reinado de Volodýmyr el Grande (978 – 1015), el clero bizantino, los maestros y artistas comenzaron a llegar a Kíev dando vida al modelo de rito bizantino. Hasta el día de hoy sigue la discusión sobre las relaciones eclesiásticas entre Bizancio y Kíev en los tiempos de Volodýmyr: si hubo desde el principio una iglesia de la Rus independiente o si mandaban los obispos de Bizancio, Bulgaria y Roma. Hay testimonios que reflejan que en tiempos de Iaroslav el Sabio la iglesia de Kíev definitivamente estaba bajo jurisdicción del gran patriarcado de Constantinopla y que su primer arzobispo metropolitano, cuyo nombre llegó a nuestro tiempo, fue el griego Ioan I. Una considerable cantidad de sus sucesores fueron también griegos.

Al parecer, la influencia bizantina dejó su marca también en los monasterios de la Rus. En Bizancio existían tres tipos de monasterio: 1) anacoretas, aislados del mundo, existían en el monte Afón (Athos), en la costa norte del mar Egeo; 2) lavra, donde los eremitas vivían en soledad y el higúmeno solo les reunía para la liturgia dominical; 3) cenobios, donde, según las normas estuditas, existía una sociedad organizada y centralizada bajo el mando del higúmeno. El segundo y, sobre todo, el tercer tipo de monasterio fueron los más extendidos en la Rus de Kíev y existían como una especie de órdenes auto controladas de monasterios bajo el mando de un superior (archimandrita o higúmeno) que era elegido por los monjes o se componía de los monasterios donde vivían los eremitas que formalmente pertenecían al monasterio mayor. El término “lavra” aludía a un monasterio grande no solo con derecho a autogestionarse, sino que también pertenecía a la jurisdicción del obispo local y obedecía a la estructura eclesiástica regional superior, en este caso al metropolitano de Kíev. La única institución de estas características en las tierras de la Rus fue Pecherska Lavra (el Monasterio de las Cuevas), en el mismo Kíev.

Entre los 70 monasterios más antiguos fundados en las tierras de la Rus hasta el siglo XIII, la gran mayoría fueron construidos dentro de las ciudades o cerca de ellas. Además, la actividad de los monasterios fue bastante variada: jugaban un papel significativo en la vida económica y cultural de la Rus de Kíev. Precisamente, los monasterios se encargaban sobre todo de extender el cristianismo y, a la sazón, la identidad de la Rus. Aquí mismo se elaboraban las crónicas y se desarrollaba el arte, como por ejemplo la elaboración de iconos. El monasterio más influyente fue el Monasterio de las Cuevas, fundado en 1050, justo tras la frontera de Kíev en las colinas a lo largo del banco derecho del Dnipró. El Monasterio de las Cuevas jugaba un papel definitivo en la economía capitalina y también era el centro principal e la vida cultural de toda la Rus de Kíev. Al mismo tiempo, el monasterio extendía su influencia por todo el estado con la ayuda de los numerosos obispos que abandonaron sus muros.

Las cercanas relaciones con Bizancio en las áreas religiosa y cultural explican por qué los acontecimientos que sucedían en el gran imperio del sur influían directamente en la dirección de la vida cultural de Kíev. El cisma entre las ramas oriental (regida por el gran patriarca de Constantinopla) y occidental (regida por el papa de Roma) de la iglesia cristiana mostraba el final de la época dorada bizantina. En 1054 el papa acusó al gran patriarcado de herejía y le excomulgó de la Iglesia. Las diferencias dogmáticas y litúrgicas entre la iglesia oriental y occidental existían incluso en los primeros siglos del cristianismo, pero la gota que colmó el vaso fue una discusión sobre el derecho de cualquier diócesis eclesiástica de tener las competencias del papa de Roma. Así que en 1054 comenzó el proceso de separación de dos tradiciones cristianas distintas: la romana o latina en el oeste y la grecobizantina u ortodoxa en el este. Al principio la frontera entre los dos mundos cristianos no era infranqueable: el clero, los gobernantes laicos y los intelectuales de la Rus de Kíev seguían manteniendo relaciones con el oeste latino. Pero finalmente, entre las dos ramas de la misma religión se creó un verdadero abismo. Desde entonces, los eslavos orientales de la Rus de Kíev y de sus estados sucesores pertenecieron al ámbito de influencia religioso y cultural del este bizantino.

La cultura griega llegó de verdad a la Rus de Kíev tras Bizancio, aunque aquí se interesaron únicamente por la cultura cristiana griega. De la cultura bizantina los rus tomaron prestado sobre todo las obras religiosas y también el arte y la arquitectura cristiana. Los autores paganos de las épocas griegas clásica y helénica representados en el pensamiento humanista bizantino fueron ajenos a la Rus. Desde el principio, los círculos culturales kievitas desconfiaban del helenismo por su carácter no cristiano y pronto perdieron casi totalmente interés por él.

El Imperio bizantino y su actitud hacia la Rus de Kíev

El Imperio bizantino era la parte oriental del Imperio romano y, tras la caída de Roma en 476, siguió con las tradiciones imperiales unos mil años, hasta que en 1453 fue conquistado por turcos otomanos. Los términos “bizantino” y “Bizancio” son de origen posterior. Los habitantes del imperio y sus gobernantes siempre se hacían nombrar romanos (en griego, romeos) aunque Bizancio se levantara en la costa este del mar Mediterráneo y el idioma de la vida cultural y administrativa fuera el griego.

Los fundamentos del Imperio romano oriental o bizantino fueron establecidos, incluso antes de la caída de Roma, por el emperador Constantino I el Grande (reinó en 306 – 337), que decidió desplazar la capital del imperio al este. Como lugar fue elegido el pequeño pueblo de Bizancio en las estrechas costas del Bósforo que separa Europa y Asia y tiene un significado estratégico, ya que une el mar Negro con el mar de Mármara, el Egeo y el Mediterráneo. En el año 330 la nueva capital imperial fue renombrada como Constantinopla en honor del emperador Constantino, que la fundó y convirtió al cristianismo en la religión estatal. Así que las características principales del Imperio bizantino fueron: 1) tradición política romana (con sus tradiciones del poder y de la ley escrita concentrados en las manos del principal gobernante); 2) cultura helénica (sucesora de la cultura clásica griega); y 3) cristianismo.

Durante miles de años, las fronteras del Imperio bizantino cambiaron a menudo. Llegó a su mayor tamaño en la época del emperador Justiniano I a mediados del siglo VI, abarcando el norte y el sur del este del Mediterráneo, los Balcanes, Anatolia, el sur de Crimea y el este del mar Negro. Y en los tiempos de total decadencia, a mediados del siglo XV, el imperio poseía únicamente la capital Constantinopla, el Peloponeso y unas cuántas ciudades. Aunque durante mil años, e incluso más si nos referimos al área cultural, bajo el control de Bizancio se encontraban no solo las tierras que controlaban directamente sino también los territorios aledaños, llamados por el historiador británico de origen ruso Dimitri Obolensky a finales del siglo XX “fraternidad de naciones bizantinas”. A esta fraternidad se pueden vincular muchos pueblos eslavos, entre ellos la Rus de Kíev. La influencia bizantina en ella quizás la resume de la mejor forma el bizantinista estadounidense de origen ucraniano Íhor Shevchenko:

Durante más de mil años de la historia de su estado, los bizantinos lo consideraron sucesor del extinto Imperio romano que, según las convicciones de los ideólogos bizantinos, abarcaba todo el mundo civilizado. Resultaba que Bizancio era un imperio mundial, los emperadores sus gobernantes mundiales y los bizantinos, también romanos, conformaban el pueblo más civilizado del mundo. Aunque consideraban que superaron a sus antecesores romanos por llegar a ser cristianos; además, desde el siglo VII, el componente latino en la cultura de sus élites y en la administración casi desapareció y fue totalmente reemplazado por el griego. Igual que los romanos antiguos, los bizantinos sentían que tenían derecho a tratar como inferiores a los que no pertenecían a la civilización, es decir, a los bárbaros. Desde su punto de vista, la salida óptima para los bárbaros era renegar de su existencia animal uniéndose (por supuesto en un estatus de inferioridad) a la familia de los pueblos civilizados encabezados por el emperador bizantino. El camino hacia la civilización pasaba por el cristianismo: única ideología correcta y monopolizada por Bizancio. El cristianismo, más precisamente el bizantino, era la esencia de la civilización.

Estas simples ideas se propagaron durante mil años con la ayuda de la retórica de la corte (el periodismo de la Edad Media) y también con la ayuda de las ceremonias, las proclamaciones imperiales, documentos, inscripciones en monedas…

En el siglo IX, estos hechos culturales se consideraban obvios: el mundo se dividía en bizantinos y bárbaros. A este último grupo pertenecían no solamente los eslavos (uno de los grupos inferiores dentro de los bárbaros) sino también los latinos. Nueva Roma, es decir, Constantinopla, por su tamaño, arte y cultura superaba a todas las demás, entre ellas, la Roma antigua tras el Tíber (Trastevere). Dios eligió al pueblo bizantino para el papel de un nuevo Israel: porque el evangelio fue escrito en griego y para griegos. Dios fue tan clarividente que incluso cedió a los antiguos griegos el desarrollo de las ciencias y el arte, y los bizantinos fueron sus sucesores. En una polémica en la corte árabe en los años 850, un diplomático bizantino proclamó: “todas las artes vienen de nosotros”. Es curioso que este diplomático fuese ni más ni menos que el futuro apóstol de los eslavos Constantino (Cirilo). Los bizantinos no cambiaron de punto de vista durante toda la existencia de su estado”.

Fuente: Íhor Shevchenko, Ucrania entre el este y el oeste (Lviv, 2001), páginas 13 y 14.

La arquitectura de la Rus de Kíev

En la arquitectura de la Rus los modelos bizantinos eran populares y se copiaban masivamente. La influencia de Bizancio se reflejó más plenamente en el estilo arquitectónico y en las técnicas de construcción (que se caracterizaban por el uso de ladrillos estrechos y alargados) de los centenares de templos levantados en la Rus. Entre los más famosos hay que mencionar la iglesia de Nuestra señora de la Dormición de Theotokos (más conocida como iglesia del Diezmo) terminada en 996 en tiempos de Volodýmyr el Grande y también la majestuosa catedral de Santa Sofía de Kíev, que Iaroslav el Sabio comenzó a construir en 1037 y finalizó en 1040. Y aunque el aspecto exterior de la catedral cambió significativamente con el paso del tiempo, el interior original con sus asombrosos mosaicos y frescos todavía sigue indemne. El modelo para la iglesia de Kíev llegó a ser la Santa Sofía de Constantinopla: fuente original del cristianismo ortodoxo.

Las monumentales iglesia del Diezmo y Santa Sofía, al igual que todas las iglesias de la Rus de Kíev, se construyeron según los modelos arquitectónicos griegos con planta en forma de cruz. Sobre el transepto central se eregía la cúpula principal, a menudo bañada en oro, alrededor de la cual se construían cúpulas más pequeñas. Esta forma arquitectónica se diferenciaba mucho de las basílicas europeas occidentales de largas naves y torres ubicadas en la fachada oeste. El interior de las iglesias rus también recordaba a los modelos bizantinos y se decoraba con pomposos mosaicos. En el altar destacaba un alto iconostasio con imágenes de santos. Los exigentes requisitos para pintar los iconos también llegaron de Bizancio y eran seguidos a rajatabla en los talleres de los monasterios de la Rus.

¿Qué idioma se hablaba en la Rus de Kíev?

¿Cuál fue el idioma de la Rus de Kíev? Esa cuestión surge bastante a menudo, aunque si la formulásemos correctamente, sonaría diferente: ¿cuáles fueron los idiomas de la Rus de Kíev? Porque en el ex territorio de este Estado existen tres idiomas: bielorruso, ruso y ucraniano. Entonces, se consideraba a menudo que debería haber alguna “protoforma” de alguno de estos idiomas o de los tres. Los historiadores soviéticos y algunos occidentales aseguraban la existencia del idioma rus antiguo, pero en realidad este idioma no existía, y tampoco fueron idiomas de la Rus de Kíev el ruso antiguo, el bielorruso antiguo o el ucraniano antiguo.

Igual que en la mayoría de las sociedades medievales e incluso a veces en el mundo moderno, en la Rus de Kíev existían al menos dos idiomas: uno hablado y otro escrito. Cada uno tenía sus variaciones: el idioma hablado tenía varios dialectos y el idioma escrito tenía diferentes formas, dependiendo del uso (comercial, administrativo, religioso o asuntos privados).

Sobre el idioma hablado de aquel tiempo la historia contemporánea sabe poco, ya que las fuentes escritas provienen al menos del siglo X y están escritas en eslavo antiguo literario, que llegó a la Rus de fuera y no se basaba en el habla local. Al afrontar este problema de las fuentes, los investigadores recurrieron a testimonios indirectos y formularon algunas hipótesis, a menudo contradictorias entre sí. La polémica se expuso alrededor de dos cuestiones: 1) ¿cuándo exactamente existió un idioma eslavo común hablado que dio lugar al ucraniano, bielorruso y ruso? 2) ¿El desarrollo de los tres idiomas eslavos orientales fue precedido por un periodo en el que se hablaba un idioma rus común? Los partidarios de la teoría del paso eslavo oriental o rus común al ucraniano, bielorruso y ruso no llegaron a un acuerdo sobre la fecha en que sucedió: A. Krymskyi consideraba que el paso ocurrió en los siglos X – XI, O. Shájmatov, M. Trubietskoy, M. Durnovo y G. Lant insistían en el siglo XII, I. Srieznievsky y T. Lier-Splavinsky en el siglo XIV. La historia soviética formuló una tesis sobre el así llamado idioma rus antiguo que sostenía que este era hablado por todos los eslavos de la Rus de Kíev y que existió por lo menos hasta el surgimiento del Gran Principado de Lituania en el siglo XIV. Así que consideraban que la fecha del nacimiento de los idiomas ucraniano y bielorruso era el siglo XIV. Pero algunos historiadores ucranianos (O. Ogonovskyi, S. Smal-Stotskyi, I. Shevelov) partidarios del continuum lingüístico (del idioma eslavo común directamente al ucraniano) aseguraban su existencia incluso en tiempos anteriores a Kíev, desde los siglos VII – VIII. Al final, entre los partidarios de la teoría del idioma eslavo oriental común hubo una discusión sobre la cantidad de dialectos regionales en aquellos tiempos: ¿Coincidían estos dialectos con las antiguas distribuciones de las tribus eslavas orientales o con las áreas lingüísticas que posteriormente llegaron a ser el ucraniano, el bielorruso y el ruso? ¿Existió algún otro esquema? En pocas palabras, no se puede asegurar nada relativo al idioma hablado en la Rus de Kíev, a excepción de que se dividía en dialectos.

La existencia de textos posibilita sacar conceptos en claro sobre la existencia del idioma escrito, aunque aquí se ve la incoherencia en la clasificación de estos textos. Una cosa es indudable: la base del idioma escrito de la Rus de Kíev no fue ninguno de los dialectos de sus habitantes. Dicho de otra manera, el idioma escrito no se basa ni en los dialectos eslavos orientales, ni en las formas antiguas de los idiomas ucraniano, bielorruso o ruso. Más bien este idioma fue creado por los misioneros Constantino (Cirilo) y Metodio basándose en los dialectos eslavos de Macedonia. Con el tiempo este idioma se desarrolló en las vecinas tierras búlgaras y ya desde ahí, en su forma búlgara, llegó a Kíev en la primera mitad del siglo X.

Tras la aceptación del cristianismo en la Rus de Kíev en los años 980, el idioma eslavo oriental comenzó gradualmente a utilizarse en los textos religiosos y laicos. Desde el año 1037 es reconocido oficialmente como el idioma de la Iglesia de la Rus, dentro del contexto de los intentos de Iaroslav el Sabio en subir el nivel cultural y el prestigio del estado. A pesar del nuevo estatus, este idioma de liturgia mantuvo su forma búlgara antigua hasta más o menos el año 1100, cuando en el crisol literario prestado entran algunos elementos del idioma local. Así, gradualmente empezó a desarrollarse la variación rus o eslava oriental del idioma eslavo antiguo, conocido como eslavo eclesiástico o, simplemente, idioma eslavo.

Al mismo tiempo, la élite eclesiástica de la Rus empleó el idioma eslavo eclesiástico (casi como el latín en el oeste del Medievo) como idioma comunicativo y como idioma literario que en sus diferentes formas hasta el siglo XVIII utilizaban todos los eslavos orientales (ucranianos, bielorrusos y rusos). Solo en los tiempos modernos, entre ellos el siglo XIX, cuando el estatus de todos los idiomas eslavos orientales nacionales crecían gradualmente y empezaban a ser utilizados en la literatura, estos idiomas reemplazaron al idioma eslavo eclesiástico en el que fueron escritos la mayoría de los textos de la época de la Rus de Kíev.

Así que a la pregunta del idioma hablado en la Rus existen varias respuestas. Respecto al idioma hablado la más probable es la hipótesis que sostiene que un único idioma eslavo oriental en la Rus comenzó a dividirse en la época de la descomposición a mediados del siglo XII y desde los siglos XIII-XIV se separaron el ucraniano, bielorruso y ruso. El idioma escrito aparece en el siglo X, al principio es eslavo antiguo prestado, creado en base a los idiomas macedonio antiguo y búlgaro antiguo, y posteriormente por influencia local surgió su versión rus o eslava eclesiástica.

Al final, la existencia simultánea de por lo menos dos idiomas distintos característica de la sociedad kievita (el idioma escrito y el hablado) influyó en posteriores siglos. Así que el siguiente desarrollo cultural ucraniano en su gran medida se puede describir como una historia de confrontación entre aquellos que eligieron la literatura escrita en el idioma “prestigioso” (eslavo eclesiástico, griego, latín, polaco o ruso) y aquellos que prefirieron elevar el idioma nacional ucraniano a nivel literario y comunicativo.

La lengua y la literatura de la Rus de Kíev

Las obras literarias en la Rus de Kíev se escribían también bajo la influencia de los estilos grecobizantinos, aunque pronto comenzaron a alejarse de ellos. Al principio se tuvo constancia de esto por el idioma. El idioma eslavo antiguo escrito, una creación de los misioneros Constantino/Cirilo y Metodio en los Balcanes, finalmente llegó a la Rus de Kíev. Este idioma alcanzó su esplendor durante el primer Zarato búlgaro (que aceptó el cristianismo en el año 865), escribiéndose muchas obras en este idioma. Cuando en 1018 Bizancio destruyó el Zarato búlgaro, unos cuántos refugiados búlgaros encontraron cobijo en Kíev, donde bajo la cuidadosa protección de Iaroslav el Sabio, extendían la versión búlgara del idioma que, al absorber varios elementos locales, comenzó a llamarse idioma eslavo eclesiástico, o simplemente eslavo. El idioma de la élite culta y, más importante, el idioma litúrgico de la nueva Iglesia de Kíev, consiguió de esta forma alcanzar el estatus de idioma religioso, digno de utilizarse junto al griego, el otro idioma culto.

La escritura de los libros en la Rus se desarrolló ampliamente por primera vez en tiempos de Iaroslav el Sabio. Animó a los escribanos a traducir las obras griegas, especialmente las históricas y hagiográficas, al idioma eslavo, y también fundó un centro de investigación y reescritura de este tipo y una biblioteca junto a la catedral de Santa Sofía. Indudablemente la gran mayoría de la literatura creada en la Rus de Kíev era de carácter religioso. Las antologías de sermones, las normas de los monjes y las vidas, obras y milagros de los santos (“Chetiyi mineyi”) traducidas del griego o dedicadas a los santos de la Rus, fueron especialmente populares. Las figuras más antiguas y más gloriosas fueron los hijos mártires de Volodýmyr el Grande: Borís y Hlib, a los que están dedicadas muchas obras hagiográficas, donde se juzgaban los desacuerdos entre los gobernantes y se subrayaba que los grandes príncipes menores debían obedecer a los mayores. Principalmente el carácter didáctico y moralista de la literatura de Kíev también muestra el famoso “Pateryk” (Patericón): antología de relatos sobre la vida de los monjes del monasterio de las Cuevas de Kíev. Desde el siglo XIII, el Pateryk se recogió de forma manuscrita hasta que en el siglo XVII fue imprimida.

Aunque los tratados religiosos predominaban en la literatura rus, hubo algunas obras parcial o completamente laicas. Las más importantes entre estas eran las crónicas, que siguen siendo la principal fuente de nuestro conocimiento sobre aquellos tiempos. La crónica más famosa (“Crónica de Néstor”) apareció gracias a las aspiraciones de Iaroslav el Sabio de argumentar históricamente su política de unificación y centralización de la Rus de Kíev. Desde mediados del siglo XI la Crónica de Néstor empezó a escribirse en la corte de Iaroslav, y fue ampliada y reescrita varias veces en la misma corte y en los monasterios durante la segunda mitad del siglo XI. La modificación completa de esta crónica la hizo el monje del monasterio de las Cuevas, Néstor (de ahí su nombre), terminándola en 1113, aunque su redacción fue muy pronto modificada en dos ocasiones por otros monjes del mismo monasterio (en 1118 y en 1123). Precisamente estas dos redacciones fueron las que llegaron a nuestros tiempos, pero solo en forma de copias: una de finales del siglo XIV, preservada en el Códice Lauretiense, basada en la redacción de 1123, y otra de mediados del siglo XV conservada en el Códice Hipatiense, basada en la redacción de 1118.

Aunque la Crónica de Néstor es el manuscrito más conocido, existían unas cuántas obras parecidas. En cada una de las ciudades importantes de los grandes principados de Kíev, Cherníhiv, Volinia, Pereyáslav y Galitzia se hacían sus propias crónicas. A veces era solo una mera recogida de hechos históricos desnudos y, a veces, como la Crónica de Galitzia-Volinia del siglo XIII, unas completas interpretaciones históricas (delincuencias de “boyardos deshonestos”) y a veces eran obras con estilo literario. Curiosamente, cada uno de los autores de las crónicas regionales comenzaba su escritura desde la Crónica de Néstor. Con esto, como aseguraba el experto literario soviético Nikolai Gudzyi destacaban conscientemente “la unión con los intereses no solo de esta región, sino con toda la tierra de la Rus”. 2

Indudablemente, la mejor obra literaria de los tiempos de la Rus de Kíev, que demuestra el alto nivel de la cultura rus ya en la Edad Media, es el Cantar de las huestes de Ígor. Su valor literario es tan alto que algunos historiadores desde el principio empezaron a dudar sobre su autenticidad diciendo que no podía haberse escrito en tiempos tan remotos. Los escépticos (A. Mazon, O. Zymin, E. Kinnan) consideran que el manuscrito (encontrado únicamente a finales del siglo XVIII y publicado por primera vez en Moscú en 1800) era una falsificación realizada en el siglo XVIII, por un patriota eslavo oriental, posiblemente el eslavista checo Josef Dobrovsky, que quería demostrar que la antigua Rus de Kíev alcanzó un nivel cultural superior al de la Europa occidental de aquellos tiempos. Aquellos que reconocen la autenticidad del Cantar (R. Jacobson, D. Lijachov, D. Chyzhevskyi) aseguran que fue escrito justo después de los acontecimientos mencionados en él, y algunos (por ejemplo, O. Pritsak) consideran que su autor desconocido pudiera ser oriundo de Galitzia.

El Cantar trata la campaña militar del gran príncipe de Nóvhorod- Síverskyi, Ígor, que en el año 1185 se dirigió desde su fortaleza de Nóvhorod-Síversky en Desná, al noroeste de Kíev, a atacar a los cumanos. Cuando fue apresado por Konchak, kan de los cumanos, este intentó convencerle para que fuera su aliado y juntos apoderarse así de toda la Rus; pero Ígor se negó a aliarse con el enemigo pagano kipchak, jurando morir por su patria cristiana rus. Además de los indisimulados intentos de interpelar al patriotismo rus, esta obra es famosa por sus perfectos paisajes poéticos y las descripciones de los sentimientos de la esposa de Ígor que, desconocedora de los hechos, llora a su marido en casa.

El Cantar de las huestes de Ígor no solamente muestra el alto nivel alcanzado por la civilización de la Rus de Kíev, sino junto a otras formas artísticas (arqutectura, pintura, literatura) atestiguan que la cultura de toda la Rus de Kíev medieval se desarrollaba en una misma dirección. Estas formas artísticas y también la pirámide social y la base económica posibilitan hablar sobre una sola civilización rus que empezó a formarse en el siglo XI y existió durante los tres siglos siguientes, prosperando en la capital (Kíev, zona central) y posteriormente en los diferentes grandes principados de la Rus.

El Cantar de las huestes de Ígor

Abajo mostramos un trozo del cantar, llamado “El llanto de Iaroslavna” por su amado esposo Ígor y que refleja toda la belleza lírica de este poema épico del siglo XII

Llora, lamenta Iaroslavna

por la mañana en Putvyl en el terraplén,

expresando con las palabras:

“¡Oh, viento, ventisca!

¿Por qué, señor, soplas con fuerza?

¿Por qué lanzas las flechas enemigas

en tus ligeras alas

contra los guerreros de mi amado?

¿Es poco para ti desplazarte entre las nubes

meciendo los barcos en el mar?

¿Por qué, señor, por la estipa plateada

sembraste mis alegrías?”

Llora, lamenta Iaroslavna

por la mañana en Putvyl en el terraplén,

expresando con las palabras:

“¡Oh, Dnipró – Eslavuto!

Horadaste las montañas de piedra

a través de la tierra cumana,

meces los barcos de Sviatoslav,

llevándolos a las huestes de Kobiak,

trae tú, señor,

a mi amado hacia a mí,

¡así no le mandaré mis diligentes lágrimas

al mar muy temprano!”

Llora, lamenta Iaroslavna

por la mañana en Putvyl en el terraplén,

expresando con las palabras:

“¡Sol luminoso, triple luminoso!

¡Para todos eres cálido y bonito!

¿Por qué, señor sol,

extiendes tus rayos calientes

a los guerreros de mi amado

en el campo yermo?

¡Con sed desecaste sus arcos,

con tristeza cerraste sus aljabas!”

Fuente: El Cantar de las Huestes de Ígor. Traducción al ucraniano de Maksym Rylskyi (Kíev, 1989). p. 185 – 186.*

* [Traducción propia al castellano]

1 Una druzhina (en ruso, дружи́на, druzhina, “equipo/grupo de compañeros” en Ruso), en la historia de los primeros eslavos orientales, fue una sección de tropas selectas para servicio particular de un caudillo, llamado más tarde kniaz. Sus funciones originales eran las de guardaespaldas, cobro de tributos a los pueblos conquistados y núcleo del ejército durante las campañas bélicas. La organización de la druzhina varió con el tiempo y sobrevivió hasta el siglo XVI. Wikipedia. (N del T)

2Nikolai K. Gudzy, History of Early Russian Literature (New York, 1949), p. 146.

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¿Quién era Stepán Bandera?

Daniel Lazare

(He traducido del inglés este artículo de Daniel Lazare escrito en 2015)

Agasajado como un héroe nacionalista en Ucrania, Stepán Bandera fue un simpatizante nazi y dejó un legado terrible.

Cuando los periodistas occidentales viajaron a Kiev a finales de 2013 para cubrir las protestas de Euromaidán, se encontraron con una figura histórica que pocos reconocían. Fue Stepán Bandera, cuya imagen en blanco y negro de joven aparentemente estaba por todas partes: en barricadas, sobre la entrada al Ayuntamiento de Kiev y en los carteles de los manifestantes que pedían el derrocamiento del entonces presidente Viktor Yanukovych.

Bandera era, evidentemente, un nacionalista muy polémico de alguna manera, pero ¿por qué? Los rusos dijeron que era un fascista y un antisemita, pero los medios occidentales fueron rápidos calificándolo como propaganda de Moscú. Así que lo taparon.

El Washington Post escribió que Bandera había entrado en una “relación táctica con la Alemania Nazi” y que sus seguidores “fueron acusados de cometer atrocidades contra polacos y judíos,” mientras que el New York Times escribió que él había sido “vilipendiado por Moscú como un traidor Pro Nazi,” una acusación vista como injusta “a los ojos de muchos historiadores y ciertamente a los ucranianos occidentales.” Foreign Policy despachó el asunto Bandera como “el hombre del saco favorito de Moscú… la metonimia para todos los males ucranianos”.

Fuera quien fuera Bandera, todos estaban de acuerdo en que no podía ser  tan desagradable como Putin decía que era. Pero gracias al libro de Grzegorz Rossoliński-Liebe “Stepán Bandera: vida y muerte de un nacionalista ucraniano”, ahora parece claro: los terribles rusos tenían razón.

Bandera era en efecto tan nocivo como cualquier personaje histórico de las infernales décadas de 1930 y 40. Hijo de un sacerdote católico griego con vocación nacionalista, Bandera fue el tipo de fanático que se hacía daño a sí mismo, por ejemplo, fijando alfileres debajo de sus uñas para prepararse para la tortura a manos de sus enemigos. Como estudiante de la Universidad de Lviv, se dice que se prendió fuego a sí mismo con una lámpara de aceite, que se pillaba los dedos con puertas y que se azotaba con un cinturón. “¡Admítelo, Stepán!” gritaba. “¡No, no lo admito!”.

Un sacerdote que escuchó su confesión lo describió como “un “übermensch”… que priorizaba Ucrania a cualquier otra cosa”, mientras que un seguidor dijo que él era el tipo de persona que “podía hipnotizar a un hombre. Todo lo que decía era interesante. No podías parar de escucharlo”.

Se alistó en la Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN) a los 20 años, y usó su influencia cada vez mayor para guiar a un grupo de violentos en una dirección aún más extrema. En 1933, organizó un ataque contra el cónsul soviético en Lviv, que sólo logró matar a una secretaria de la oficina. Un año más tarde, dirigió el asesinato del Ministro polaco del interior. Ordenó la ejecución de un par de presuntos informantes y fue responsable de otras muertes, así como la OUN robó bancos, oficinas de correos, comisarías y casas privadas en busca de fondos.

¿Qué empujó a Bandera a tomar una dirección tan violenta? Un ingente estudio de Rossoliński Liebe nos lleva a través del tiempo a la época y la política que capturó la imaginación de Bandera. Galitzia había sido parte de Austria-Hungría antes de la guerra. Pero mientras que su parte occidental controlada por Polonia se incorporó a la recién creada República de Polonia en 1918, la parte oriental de la Ucrania dominada, donde Bandera nació en 1909, no fue absorbida hasta 1921, después de la guerra polaco soviética y de un breve período de independencia.

Fue un mal ajuste desde el principio. Amargados al estar privados de un estado propio, los ucranianos nacionalistas se negaron a reconocer la adquisición y, en 1922, respondieron con una campaña de ataques en unas  2200 granjas de polacos. El gobierno de Varsovia respondió con represión y guerra cultural. Llevó a agricultores polacos, muchos de ellos veteranos de guerra, para instalarse en el distrito y cambiar radicalmente la demografía de la zona. El gobierno de Varsovia cerró las escuelas ucranianas y trató de prohibir el término “ucraniano”, insistiendo en que los estudiantes emplearan en su lugar el término más vago “ruteno”.

Cuando la OUN lanzó otra campaña de incendio y sabotaje en el verano de 1930, Varsovia recurrió a detenciones masivas. A finales de 1938, hasta 30.000 ucranianos languidecían en cárceles polacas. Pronto, los políticos polacos hablaban de la “exterminación” de los ucranianos mientras que un periodista alemán que viajaba por el este de Galicia a principios de 1939 informó que los ucranianos locales pedían al “Tío Führer” intervenir e imponer su propia solución sobre los polacos.

El conflicto en la frontera polaco-ucraniana ejemplifica las horribles guerras étnicas que fueron estallando en toda Europa oriental mientras una nueva guerra mundial se acercaba. Posiblmente, Bandera podría haber respondido al creciente desorden virando hacia la izquierda política. Anteriormente, la política cultural bolchevique liberal en la República Socialista Soviética de Ucrania, había causado una oleada de sentimiento pro comunista en la vecina provincia polaca de Volinia.

Pero existían otros factores: la posición de su padre en la iglesia, el hecho de que Galicia, a diferencia de la anteriormente rusa Volinia, era una antigua posesión de los Habsburgo y, por lo tanto, orientada hacia Alemania y Austria, y, por supuesto, las políticas desastrosas de la colectivización de Stalin, que en los primeros años 30, habían destruido totalmente la Ucrania soviética como modelo digno de emular.

En consecuencia, Bandera respondió desplazándose cada vez más a la derecha. En la escuela secundaria leyó a Mykola Mikhnovskyi, un militante nacionalista que había muerto en 1924 y que predicaba una Ucrania unida “desde las montañas de los Cárpatos al Cáucaso,” que estaría libre de “rusos, polacos, magiares, rumanos y judíos.” Su entrada en la OUN unos años más tarde lo expuso a las enseñanzas de Dmytró Dontsov, “padre espiritual” del grupo, otro ultraderechista que tradujo el Mein Kampf de Hitler y La Dottrina Del Fascismo de Mussolini y que enseñaba que la ética debe estar subordinada a la lucha nacional.

Entrar en la OUN también le sumió en un entorno marcado por el creciente antisemitismo. El odio contra los judíos había estado profundamente vinculado al concepto de la nacionalidad ucraniana desde al menos el siglo XVII cuando miles de campesinos ucranianos, enloquecidos por los abusos de los terratenientes polacos y sus gerentes de raíces judías, se embarcaron en una viciosa sangría bajo el liderazgo de un noble menor llamado Bohdan Khmelnytsky.

Ucrania fue el escenario de pogromos aún más espantosos durante la Guerra Civil Rusa. Pero las pasiones antisemitas levantaron una muesca más en 1926 cuando un anarquista judío llamado Sholom Schwartzbard asesinó al exiliado líder ucraniano Symón Petliura en París.

“He matado a un gran asesino,” declaró Schwartzbard, que había perdido catorce miembros de su familia en los pogroms que se extendieron por Ucrania cuando Petliura dirigió una república anti-bolchevique de breve duración en 1919-1920, al entregarse a la policía. Pero tras escuchar testimonios de supervivientes sobre bebés empalados, niños arrojados a las llamas y otras atrocidades contra los judíos, un jurado francés le absolvió en treinta y cinco minutos.

El veredicto causó sensación, en particular en la derecha de Ucrania. Dontsov denunció a Schwartzbard como “agente del imperialismo ruso,” declarando:

“Los judíos son culpables, muy culpables, porque ellos ayudaron a consolidar el dominio ruso en Ucrania, pero «El judío no es culpable de todo». El imperialismo ruso es culpable de todo. Podremos resolver la cuestión judía en nuestro país de manera que se adapte a los intereses del pueblo ucraniano sólo cuando Rusia deje a Ucrania.”

Mientras que los bolcheviques eran el principal enemigo, los judíos eran su fuerza de ataque más llamativa, por lo que la forma más efectiva de enfrentarse a uno era eliminando completamente al otro. En 1935, los miembros de la OUN rompieron ventanas de casas judías y, un año más tarde, quemaron alrededor de un centenar de familias judías fuera de sus hogares en la ciudad de Kostopil, situada en lo que ahora es Ucrania occidental. Celebraban el décimo aniversario del asesinato de Petliura distribuyendo folletos con el mensaje: “Atención, mata y golpea judíos por nuestro líder ucraniano Symón Petliura, los judíos deben ser expulsados de Ucrania, larga vida al estado ucraniano”.

En este momento, Bandera ya estaba en la cárcel cumpliendo cadena perpetua después de un par de  juicios altamente mediáticos por asesinato en los que se burló de la corte realizando el saludo fascista y clamando, Slava Ukraïni, “Gloria a Ucrania”. Pero fue capaz de escapar de prisión tras la toma alemana de Polonia occidental que comenzó el 1 de septiembre de 1939 y se dirigió hacia Lviv, la capital de Galitzia oriental.

Pero la incursión soviética del 17 de septiembre le obligó a huir en la dirección opuesta. Finalmente, él y el resto de los líderes de la OUN se instalaron en Cracovia, controlada por los alemanes, unos doscientos cincuenta kilómetros al oeste, donde prepararon la organización de las batallas que vendrían después.

La invasión nazi de la Unión Soviética, que la dirección de la OUN parecía haberse enterado meses antes de tiempo, era el momento que habían estado esperando. No sólo se prometían a liberar a Ucrania del control soviético, sino que también se abría la perspectiva de unificar a todos los ucranianos en un solo Estado. Así se lograría el sueño de una Ucrania más grande.

Un mes antes, Bandera y sus principales lugartenientes (Stepán Lenkavskyi, Stepán Shukhevych y Iaroslav Stetsko) dieron los toques finales a un documento interno del partido titulado “La lucha y las actividades de la OUN en tiempo de guerra”: una lista de tareas que llevar a cabo cuando la Wehrmacht cruzara la frontera soviética.

Pidió a los miembros, para tomar ventaja de la “situación favorable” que planteaba una “guerra entre Moscú y otros Estados”, crear una revolución nacional que movilizaría a toda Ucrania desde el corazón de la misma. Se concebía la revolución como un proceso de gran purificación en el que “moscovitas, polacos y judíos” serían “destruidos… en particular los que protegen el régimen [soviético].” Aunque la OUN consideraba a los nazis como aliados, el documento destacó que los activistas de la OUN deben iniciar la revolución tan pronto como sea posible, así como presentársela a la Wehrmacht como un hecho consumado:

“Tratamos al ejército alemán que viene como el ejército de los aliados. Tratamos antes de su llegada poner la vida en orden, a nuestra manera, como debe ser. Les informamos que ya está establecida la autoridad ucraniana, está bajo el control de la OUN bajo el liderazgo de Stepán Bandera; todos los asuntos están regulados por la OUN y las autoridades locales están listas para establecer relaciones amistosas con el ejército para luchar juntos contra Moscú.”

El documento continuaba diciendo que “está permitido liquidar a los polacos indeseables… miembros del NKVD, informadores, provocadores… todos los ucranianos importantes que, en momentos críticos, tratarían de hacer ‘su política’ y amenazar así la mentalidad determinante de la nación ucraniana”, agregando que sólo un partido sería permitido bajo el nuevo orden, la OUN.

Aunque Bandera y sus seguidores más tarde intentarían pintar la alianza con el Tercer Reich como simplemente “táctica”, como un intento de enfrentar un estado totalitario contra otro, era de hecho una idea fuertemente arraigada e ideológica. Bandera visualizaba Ucrania como un clásico estado de partido único en el que él mismo jugaría el papel de führer, o providnyk y esperaba que esa nueva Ucrania tuviera su lugar bajo el paraguas nazi, como el nuevo régimen fascista que Jozef Tiso tenía en Eslovaquia o Ante Pavelić en Croacia.

Algunos nazis de alto rango pensaban de manera similar en líneas generales, en particular Alfred Rosenberg, el recién nombrado Ministro del Reich para los territorios del este ocupados. Pero Hitler obviamente era de un parecer diferente. Veía a los eslavos como “una raza inferior”, incapaz de organizar un estado y a los ucranianos en particular como “simplemente tan perezosos, desorganizados y asiático-nihilistas como los granrusos”.

En lugar de un socio, él los vio como un obstáculo. Obsesionado con el bloqueo naval británico de la I Guerra Mundial, que había causado hasta 750.000 muertes por hambre y enfermedad, estaba decidido a bloquear cualquier esfuerzo similar por los aliados mediante la expropiación de suministros del grano del este en una escala sin precedentes. De ahí la importancia de Ucrania, el gran granero en el mar Negro. “Necesito Ucrania para que nadie sea capaz de matarnos de hambre otra vez, como en la última guerra”, declaró en agosto de 1939. El embargo de grano a gran escala significaría una condena de hambre a una gran cantidad de personas, 25 millones o más en total.

Pero eso a los nazis no sólo les daba igual, sino que una aniquilación a tal escala encajaba perfectamente con sus planes para la renovación racial de lo que consideraban la frontera del este. El resultado fue el famoso Generalplan Ost, el gran proyecto nazi que pretendía matar o expulsar al 80% de la población eslava y reemplazarla por “volksdeutsche” (colonos de la antigua Alemania) y veteranos de la Waffen-SS.

Claramente, no había lugar en ese plan para una Ucrania independiente. Cuando Stetsko anunció la formación de un estado ucraniano “bajo el liderazgo de Stepán Bandera” en Lviv  sólo ocho días después de la invasión nazi, un par de oficiales alemanes le advirtieron que la cuestión de la independencia ucraniana era únicamente asunto de Hitler. Oficiales nazis dieron a Bandera el mismo mensaje unos días más tarde en una reunión en Cracovia.

En consecuencia, escoltaron a Bandera y Stetsko a Berlín y les colocaron bajo arresto domiciliario. Cuando el 19 de julio de 1941 Hitler decidió la partición de Ucrania mediante la incorporación de Galicia del este al “Gobierno General”, como se conocía a la Polonia gobernada por los nazis, los miembros de la OUN se quedaron pasmados.

En vez de unificar Ucrania, los nazis la estaban desmembrando. Cuando una pintada apareció declarando, “¡Fuera la autoridad extranjera! ¡Larga vida a Stepán Bandera!”, los nazis respondieron disparando a miembros de la OUN y, en diciembre de 1941, deteniendo a 1.500 de ellos.

Aún así, como muestra Rossoliński-Liebe, Bandera y sus seguidores seguían anhelando una victoria del eje. A pesar de lo tensas que eran las relaciones con los nazis, no podría plantearse la neutralidad en la lucha épica entre Moscú y Berlín.

En una carta dirigida a Alfred Rosenberg en agosto de 1941, Bandera se ofrecía a satisfacer las objeciones alemanas si reconsideraban la cuestión de la independencia ucraniana. El 9 de diciembre le envió otra carta pidiendo reconciliación: “Los intereses alemanes y ucranianos en Europa del este son idénticos. Para ambos, es una necesidad vital consolidar (normalizar) Ucrania de la manera mejor y más rápida e incluirla en el sistema espiritual, económico y político europeo”.

El nacionalismo ucraniano, continuaba en su carta, tomó forma “en un espíritu similar a las ideas nacionalsocialistas” y era necesario para la “cura espiritual de la juventud ucraniana” que había sido envenenada por la educación bajo el dominio soviético. Aunque los alemanes no estaban dispuestos a escuchar, su actitud viró una vez que su suerte comenzó a cambiar. Desesperado por mano de obra después de la derrota en Stalingrado, acordaron la formación de una división ucraniana en la Waffen-SS, conocida como Galizien, que crecería finalmente hasta los 14.000 miembros.

En lugar de disolver la OUN, los nazis la estaban renovando como una fuerza policial alemana. La OUN había desempeñado un papel destacado en los pogromos contra los judíos que se desató en Lviv y docenas de otras ciudades ucranianas en los talones de la invasión alemana, y ahora servían a los nazis patrullando los guetos y ayudando en tiroteos, allanamientos y deportaciones.

Pero a partir de principios de 1943, miembros de la OUN abandonaron la policía masivamente con el fin de formar una milicia propia que finalmente se llamaría Ejército Ucraniano Insurgente (Ukraïnska Povstanska Armiia, UPA). Aprovechando el caos tras las líneas alemanas, su primer acto importante fue una limpieza étnica dirigida a expulsar a los polacos de Volinia y Galitzia oriental. “Cuando se trata de la cuestión polaca, esto no es un asunto militar sino una cuestión de minorías”, dijo un líder de la UPA según una fuente clandestina polaca. “Vamos a resolverlo como Hitler hizo con los judíos.”

Citando al historiador polaco Grzegorz Motyka, Rossoliński-Liebe dice que la UPA mató a cerca de 100.000 polacos entre 1943 y 1945 y que los sacerdotes ortodoxos bendijeron las hachas, horquetas, guadañas, hoces, cuchillos y palos que los campesinos cedieron para acabar con los polacos.

Al mismo tiempo, la UPA continuó atacando a los judíos a un nivel tan feroz que los judíos incluso buscaron la protección alemana. “Las bandas banderistas y los nacionalistas locales atacaban todas las noches, diezmando a los judíos,” declaró un superviviente en 1948. “Los judíos se refugiaron en los campos donde estaban asentados los alemanes, por temor a un ataque de los banderistas. Algunos soldados alemanes fueron traídos para proteger los campos y así también a los judíos.”

Rossoliński-Liebe narra la historia de Bandera y su movimiento a través de la derrota nazi cuando la división Galizien luchó junto a la Wehrmacht que estaba en retirada y luego en la posguerra cuando aquellos que se quedaron atrás en Ucrania montaron una resistencia desesperada de retaguardia contra los invasores soviéticos.

Esta “guerra después de la guerra” fue un asunto serio en que los combatientes de la OUN mataron no sólo a informantes, colaboradores y a ucranianos del este transferidos a Galicia y Volinia para trabajar como profesores o administradores, sino también a sus familias. “Pronto los bolcheviques llevarán a cabo la recaudación del grano,” advirtieron en una ocasión. “Cualquier persona que lleve grano a los puntos de recogida será matado como un perro y toda su familia asesinada.”

Cadáveres mutilados aparecieron con signos que decían “por colaborar con el NKVD”. Según un informe de la KGB de 1973, más de 30.000 personas fueron víctimas de la OUN antes de que los soviéticos lograron acabar con la resistencia en 1950, incluyendo unos 15.000 campesinos y trabajadores de granjas colectivas y más de 8.000 soldados, milicianos y personal de seguridad.

Incluso dada la barbarie de los tiempos, destacan las acciones de este grupo.

“Stepán Bandera…” es un libro importante que combina biografía y sociología, exponiendo la historia de un importante nacionalista radical y la organización que dirigió. Pero lo que lo hace tan relevante es el poderoso resurgimiento de la OUN desde 1991.

Aunque la Inteligencia occidental abrazó con entusiasmo a Bandera y a sus seguidores cuando la guerra fría comenzó a moverse (“la emigración ucraniana en el territorio de Alemania, Austria, Francia, Italia, es en su mayoría un elemento sano, inflexible en la lucha contra los bolcheviques”, señaló un agente de inteligencia del ejército de los EEUU en 1947), las perspectivas a largo plazo del movimiento no parecían ser muy prometedoras, sobre todo después de que un agente soviético consiguiera traspasar el anillo de seguridad de Bandera en Munich en 1959 y matarle rociándole con un aerosol de cianuro.

Con eso, los banderistas parecían que iban a seguir el camino de las demás “naciones cautivas”, exiliados de ultraderecha que se reunían de vez en cuando para cantar viejas canciones, que parecían reliquias de una época pasada.

Por supuesto, lo que les salvó fue el colapso soviético. Veteranos de la OUN se apresuraron a la primera oportunidad. Stetsko murió en Munich en 1986, pero su viuda, Iaroslava, regresó en su lugar, según Rossoliński-Liebe, fundó un partido de extrema derecha llamado Congreso de Nacionalistas Ucranianos y ganar un escaño en el Parlamento. Iurii Shukhevych, el hijo del exiliado líder de la UPA Román Shukhevych, estableció otro grupo de extrema derecha que se hace llamado Asamblea Nacional Ucraniana. Incluso el nieto incluso de Bandera, Stephen, hizo su aparición recorriendo Ucrania inaugurando monumentos, asistiendo a mítines y elogiando a su abuelo como el “símbolo de la nación ucraniana”.

Mientras tanto un grupo de banderistas  fundó el Partido Social-Nacional de Ucrania, más tarde conocido como Svoboda. En un discurso en 2004, su líder, el carismático Oleh Tiahnybok, rindió homenaje a los combatientes de la UPA:

“El enemigo vino y tomó su Ucrania. Pero no tenían miedo; como nosotros no debemos tener miedo. Se colgaron sus ametralladoras al cuello y se adentraron en el bosque. ¡Lucharon contra los rusos, alemanes, judíos y demás escoria que querían arrebatarles nuestro estado ucraniano! Y por lo tanto nuestra tarea, para cada uno de vosotros (jóvenes, mayores, canosos,  muchachos) ¡es defender nuestra tierra nativa!”

Excepto por la omisión de los polacos, el discurso era una indicación de que poco habían cambiado las cosas. El movimiento era tan xenófobo, antisemita y obsesionado con la violencia como siempre, salvo que ahora, por primera vez en medio siglo, miles de personas estaban escuchando su discurso.

Uno podría pensar que el Occidente liberal no querría tener nada que ver con tales elementos, pero la respuesta no fue menos inmoral de lo que fue durante los años que abrieron la Guerra Fría: como los banderistas estaban contra Rusia tenían que ser democráticos y como eran democráticos, su parafernalia de ultra derecha era inconsecuente.

Los retratos de Bandera que fueron cada vez más habituales a medida que las protestas de Euromaidán se tornaban más violentas, la wolfsangel que antiguamente era un símbolo de la SS, pero ahora fue tomada por el batallón de Azov y otras milicias; y el viejo grito de guerra de la OUN de “Gloria a Ucrania, Gloria a los héroes” que ahora era omnipresente entre los manifestantes anti-Yanukovich; todo tenía que ser ignorado, subestimado, o blanqueado.

Citando sin nombre a “comentaristas académicos”, The Guardian anunció en marzo de 2014 que Svoboda “parece haberse suavizado” y ahora “evitaba la xenofobia.” El embajador estadounidense Geoffrey Pyatt dijo que miembros de Svoboda “han demostrado su buena fe democrática,” mientras que la historiadora Anne Applebaum anunció en The New Republic que el nacionalismo era algo bueno y que lo que los ucranianos necesitaban era más nacionalismo: “necesitan más ocasiones donde puedan gritar, ‘Slava Ukraini, Heroyam Slava’, ‘Gloria a Ucrania, Gloria a sus héroes,’ que era, sí, el lema del polémico ejército ucraniano revolucionario [sic] en la década de 1940, pero se ha adoptado a un nuevo contexto”.

Muchos, como Alina Polyakova en el Atlantic Council, expresaron defensas similares: “el gobierno ruso y sus delegados en el este de Ucrania han catalogado consistentemente al gobierno de Kiev de junta fascista y les acusa de tener simpatizantes nazis. La propaganda de Moscú es indignante y equivocada”. Dado que Ucrania profundizaba en sus problemas económicos, continuó, “¿deben los observadores de Ucrania estar preocupados por el potencial de crecimiento de partidos de extrema derecha?” Su respuesta: “Absolutamente no”.

Eso fue el 9 de junio. Unas semanas más tarde, Polyakova ejecuta un giro de 180 grados. “El gobierno de Ucrania”, declaró el 24 de julio, “tiene un problema en sus manos: un grupo de extrema derecha se ha aprovechado de la creciente frustración entre los ucranianos sobre la economía y el tibio apoyo del oeste.”

Como resultado, el partido Pravy Sektor (Sector derecha) era ahora una fuerza «peligrosa», «una espina en el costado de Kiev», uno de los numerosos grupos de extrema derecha “aprovechándose de la frustración pública para ganar apoyos para su agenda equivocada.” La comunidad internacional debe intensificar la ayuda económica y el apoyo político, advirtió, si no desea que Ucrania caiga en manos de la derecha radical.

¿Qué había sucedido? El 11 de julio un sangriento tiroteo estalló en la ciudad occidental de Mukáchevo entre miembros fuertemente armados de la derecha neo-nazi y los seguidores de un político local llamado Mykhailo Lanio.

Los detalles son turbios y no está claro si Pravy Sektor fue a tratar de poner fin al muy lucrativo negocio de contrabando de cigarrillos en la provincia fronteriza de Zakarpatia o trataba de meter músculo en el comercio. Una cosa, sin embargo, era evidente: dada la confusión en su propio ejército, el gobierno ucraniano había crecido cada vez más dependiente de las milicias privadas de grupos banderistas como Sector Derecha para luchar contra los separatistas pro rusos en el este y, en consecuencia, estaba cada vez más a merced de los ultraderechistas, a quienes no podía controlar.

Gracias al apoyo militar que había allanado su camino, grupos como el Pravy Sektor y la brigada neonazi Azov eran mayores que nunca, se habían curtido en la batalla, estaban fuertemente armados y hartos de políticos ricos que hacían las paces con los rusos y seguían obteniendo muchos  beneficios mientras que la economía se hundía en nuevas profundidades. Sin embargo, poco podía hacer el gobierno de Kiev en respuesta.

El nerviosismo de Polyakova estaba justificado. Dada la desesperada situación económica de Ucrania (se espera este año una caída del 10% en la producción económica tras la caída del 7.5% de 2014, la inflación ha alcanzado el 57% debido al derrumbamiento de la hryvna, mientras la deuda externa ahora se encuentra en 158 por ciento del PIB), se notaba en el aire un cierto olor a Weimar.

Unas semanas más tarde, el 31 de agosto, cientos de simpatizantes del Pravy Sektor lucharon contra la policía en Kiev mientras en el Parlamento ucraniano se votaba a favor de los acuerdos de Minsk II destinados a desactivar la crisis en el este. Tres personas murieron cuando un partidario del Pravy Sektor lanzó una granada en medio de la pelea y resultaron heridas más de cien personas, mientras, el país se precipitaba hacia una guerra civil.

Aunque el presidente ucraniano, Petró Poroshenko, catalogó el ataque como “una puñalada por la espalda”, fue este mismo líder el que en mayo firmó una ley que considera crimen “exponer públicamente una actitud irrespetuosa” hacia la OUN o la UPA. Una vez más, los centristas que comenzaron aplacando a los fascistas acaban siguiéndole el juego a su voluntad.

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Capítulo 6. Consolidación política y descomposición

(Extracto del libro “Ucrania: una historia de su tierra y sus habitantes”, de Paul-Robert Magocsi. En concreto se trata del segundo capítulo de la Segunda Parte del libro: El período de Kiev.)

Después de la precoz muerte de Sviatoslav en 972, sus sucesores se quedaron con las grandes extensiones que se prolongaban desde los límites de las estepas ucranianas en el sur hasta el golfo de Finlandia y lagos al norte de Rusia. Durante los siguientes 60 años (972 – 1132) los gobernantes de la Rus de Kiev fortalecieron su influencia en este territorio, convirtiéndolo en uno de los más fuertes e influyentes de la baja Edad Media. Agradecemos esta consolidación al exitoso gobierno de los carismáticos tres grandes príncipes: Volodýmyr El Grande, Iaroslav El Sabio y Volodýmyr Monómaco.

Estos tres reinados suponen más de la mitad (84 de 160 años) del período descrito en este capítulo. En la época de consolidación (972 – 1132) a los magnates kievanos les interesaban dos cuestiones: 1) La creación de una administración que pudiera controlar de forma eficaz los territorios de la cada vez mayor Rus de Kiev 2) y la protección ante intervenciones externas, especialmente de los esteparios.

En general, estos problemas se fueron resolviendo con éxito, aunque con algunas interrupciones, hasta el año 1132. Después, los conflictos internos y el peligro externo aumentaron, haciendo entrar a la Rus de Kiev en un periodo de descomposición y un gradual cisma en el poder político. La época de la descomposición duró poco más de un siglo y llegó a su punto álgido en tiempos de la avalancha tártaro-mongola (1237 – 1240) seguida de una fase de reconstrucción política.

Durante los seis años posteriores a la muerte de Sviatoslav, es decir, hasta la subida al trono de Volodýmyr El Grande, se hizo notar uno de los problemas más profundos de la Rus de Kiev: el traspaso de poderes de un gran príncipe a otro. Tradicionalmente, los gobernantes rus varegos consideraban que las tierras bajo su control eran propiedad de la familia y se heredaba de padres a hijos. El hijo mayor heredaba Kiev , el resto de hijos heredaba otras ciudades y tierras. En este simple sistema los hermanos solo tenían que respetar la herencia de cada uno, y los menores la superioridad del hermano mayor gran príncipe. Sin embargo, los conflictos entre los miembros de la familia llegaron a ser una constante muy frecuente, llegando incluso a desatar guerras fraternales y muertes de grandes príncipes. Este escenario empezó a hacerse realidad tras la muerte de Sviatoslav y llegó a ser un rasgo típico de la política de Kiev durante la así llamada época de consolidación y descomposición.

Iaropolk, el mayor de los tres hijos de Sviatoslav, tras la muerte de su padre se convirtió en gran príncipe de Kiev (972 – 980). Aunque en estos años Iaropolk batalló a menudo contra sus hermanos, una de estas confrontaciones (977) acabó con la muerte del hermano mediano, Oleg, que iba a reinar sobre los derevlianos. El asesinato de Oleg asustó al hermano menor, Volodýmyr, que reinaba en Nóvhorod y, temiendo por su vida, huyó a Escandinavia. En 980 Volodýmyr volvió con un ejército varego, y le quitó primero Nóvhorod a Iaropolk, y luego se dirigió al sur expulsándole de Kiev. Este mismo año Volodýmyr mató a su hermano Iaropolk y reinó en Kiev hasta el año 1015. A falta de otros pretendientes al trono de gran príncipe de Kiev, la Rus no volvió a contemplar guerras fraternales durante casi las cuatro décadas siguientes.

Volodýmyr El Grande

Volodýmyr I El Grande (reinado 980 – 1015) logró extender las fronteras de la Rus de Kiev y fortalecerlas. Al contrario que su padre Sviatoslav, que aspiraba a conquistar el sur hasta los Balcanes, Volodýmyr se concentró en las tierras de los eslavos orientales, poniendo bajo su control a los viatiches y radimiches. También fortaleció las fronteras de su estado destrozando a los protobúlgaros del Volga en el este, quitándoles Cherven, Przemyszl y otras ciudades fronterizas polacas en el oeste. En el norte conquistó a los yotvingios (sudovios), pueblo báltico de origen común con el lituano, y habitaba a lo largo del río Niemen.

Según la tradición varega, los numerosos hijos legítimos y no legítimos de Volodýmyr debían ser sus sustitutos en los inmensos territorios del estado de Kiev. De facto, precisamente en tiempos de Volodýmyr, la Rus de Kiev llegó al culmen de su florecimiento territorial y los cronistas llamaban a su actividad guerrera de una forma poética, “recogida de las tierras de la rus”. En la época de Volodýmyr, “las tierras de la rus” ya se identificaban no tanto con las patrias de las variadas tribus eslavas orientales, sino con las metrópolis comerciales, políticas y militares de las que ellas normalmente obtenían sus nombres. Desde aquel tiempo estos territorios comenzaron a llamarse las tierras de Pereiáslav, Cherníhiv, Hálich, Volinia, Pólotsk, Smolensk, Rostov-Súzdel y Nóvhorod. Todas ellas eran satélites de Kiev y su gran príncipe, que las distribuyó entre sus hijos. Así que la Rus de Kiev no fue un estado integrado, sino más bien el típico conglomerado medieval de tierras y diversos principados unidos por las relaciones familiares con el gran príncipe de Kiev.

Durante el reinado de Volodýmyr El Grande, entre la élite militar, comercial y palaciega de la sociedad kievana se formó una imagen en la que todo el estado de Rus conformaba una unidad. El concepto “los rus”, que antes era sinónimo de varego, obtenía ahora un nuevo significado: se refería a todo el territorio y sus habitantes bajo el mandato de Volodýmyr y sus hijos, que representaban a su padre en sus dominios. A causa del respeto que causaba Volodýmyr a sus hijos la Rus de Kiev destacó por un alto nivel de integridad política durante la mayor parte de su reinado.

A esta integridad basada en las relaciones familiares del gran príncipe se añadía la ideología: al contrario que sus antecesores, que parecían sólo pasivamente fieles al paganismo tradicional y, por tanto, más tolerante a otras creencias, Volodýmyr decidió hacer de la religión un asunto de estado y, al parecer, de esta forma esperaba unir ideológicamente a sus súbditos, fortaleciendo su fidelidad al poder de Kiev. Empezó a llevar a cabo esta política al principio de su reinado, cuando estableció los fundamentos del panteón pagano de los dioses eslavos orientales tradicionales (Perún, dios principal; Hors, Dazhvoj, Stryboj y Mokósh) con la intención de establecer este panteón como rito oficial del estado. Paralelamente a este proceso apareció la discriminación religiosa: los cristianos y los practicantes de otras religiones que no reconocieron el paganismo fueron perseguidos.

Aunque la idea de establecer una religión estatal fue políticamente acertada, el paganismo parecía una elección equivocada. Todos los estados cercanos con los que Volodýmyr mantenía relaciones poseían unos sistemas de creencias y ritos más desarrollados: en tierras de griegos y bizantinos en el suroeste y polacos en el oeste se había extendido el cristianismo; en las tierras de los búlgaros del Volga en el este, el islam; y en las tierras de los jázaros en el sureste, el judaísmo. La existencia de estas religiones en los estados vecinos militarmente poderosos no podían pasar desapercibidas a los ojos del astuto y ambicioso político Volodýmyr.

El significado de la palabra “rus”

Aunque alrededor del origen del nombre rus sigue en pie una ardiente polémica, los historiadores están de acuerdo en que este nombre se utilizaba para el territorio y los habitantes del estado de Kiev. Al principio se empleaba para llamar a los grandes príncipes varegos y a los territorios bajo su control, es decir, a Kyivshchyna, Chernihivshchyna y Pereyáslavshchyna. Las tierras situadas en el gran triángulo Kiev – Cherníhiv – Pereiáslva llegaron a ser nombradas por excelencia como la tierra de Rus.

A finales del siglo X, en tiempos del reinado de Volodýmyr el Grande, y especialmente en el siglo XI, en tiempos de Iaroslav el Sabio, se hicieron muchos esfuerzos para que se identificara este nombre con todas las tierras del gran príncipe de Kiev. El nombre “rus” como territorio obtuvo un significado complementario desde que sus habitantes cristianos comenzaron a llamarse a sí mismos “rus” o “rúsiches”. Y aunque los habitantes de los diferentes principados (Galitzia-Volynya, Nóvhorod, Súzdal y demás) llamaron a sus tierras “tierras de Rus”, al mismo tiempo utilizaban muchas veces esta palabra en su significado más estrecho: entendiendo por “Rus” un triángulo convencional al este del curso medio del Dnipró, marcado por Kiev, Cherníhiv y Pereyáslav.

En la segunda mitad del siglo XIV, tras la caída de la Rus de Kiev, los estados sucesores que aspiraban extender su poder a su ex territorio llamaban “Rus” a todas las tierras que antes estaban bajo el dominio de Kiev. Para los lituanos, “Rus” eran las tierras que conquistaron: Pólotsk y Smolensk en el norte, Volynya, Túriv y Pinsk en el centro, y Kiev, Cherníhiv y Pereyáslav en el sur.

Al mismo tiempo, los polacos llamaron a Galitzia, conquistada a mediados del XIV, “voivodato de Rus”. A finales del siglo XVI, en las partes bielorrusas y ucranianas de la República de las Dos Naciones (Polonia y Lituania), llamaron rus a todos sus habitantes ortodoxos y sus territorios. Pero posteriormente, los gobernantes de los principados de Volodýmyr y Súzdal, y luego el de Moscú, que se consideraban a sí mismos descendientes de la dinastía Rúrik (que, al parecer, proviene del gran príncipe varego Rúrik, siglo IX) heredaron el nombre Rus, que para ellos no sólo significaba todas las tierras que en aquel tiempo estaban bajo el dominio de Moscú, sino también otros territorios del legado kievano, que posteriormente serán reunificados. Dicho en pocas palabras, durante los siglos XV y XVI, en la conciencia política de toda la Europa del este se grabó fuertemente la idea de que “Rus” eran todas las tierras que en tiempos de Iaroslav El Sabio eran controladas por Kiev.

Pero desde el punto de vista de la iglesia ortodoxa y del mundo bizantino, a los que parte de la Rus de Kiev también pertenecía, se abre otra perspectiva. Desde los tiempos de la aceptación del cristianismo en la Rus, la iglesia bizantina ortodoxa llamó al arzobispo de la iglesia de la Rus “arzobispo de Kiev y de toda la Rus”. Cuando en el siglo XIV Bizancio aceptó la creación de un segundo arzobispado en la Rus (Arzobispado de Galitzia) y el arzobispo kievano trasladó su residencia a Moscú, apareció la necesidad de dividir la jurisdicción de estos dos arzobispados. El más cercano a Constantinopla, el de Galitzia en el sur (Ucrania), con sus seis parroquias fue llamado por los griegos bizantinos “Micra Rósiia”, es decir, Rus Interna o Rus Menor; mientras que el territorio más alejado, el del arzobispado de Moscú (doce parroquias) fue llamado “Megale Rósiia”, es decir, Rus Externa o Gran Rus.

Esta división se conservó a lo largo de toda la expansión política de Moscú. A principios del siglo XIV los gobernantes moscovitas se llamaron a sí mismos “grandes príncipes”, posteriormente “zares de toda la Rus”, y desde mediados del XVII, los zares de “toda la Rus Menor, Mayor y Blanca”. A lo largo de la primera mitad del siglo XVIII, cuando el zar Pedro I convirtió el Zarato moscovita en el Imperio ruso se cambió el término antiguo “Rus” por el de “Rusia”. Desde entonces, bajo el Imperio ruso, Ucrania se convirtió en “Rusia Menor” y sus habitantes “pequeñorrusos”.

El significado original del nombre “Rus” se ha mantenido sólo en las tierras del oeste de Ucrania (Galitzia, Bukovina y Transcarpatia), las cuáles, después de 1772, estaban bajo dominio austríaco. La iglesia greco-católica utilizó este término en el imperio austríaco para nombrar a la renovada parroquia de Hálych y Rus (1808). Este término también se extendía entre los habitantes eslavos del este de estas tres regiones, que hasta el siglo XX se llamaban a sí mismos “rus” o “gente de la fe rus”, o sea, “rusinos”.

Además del término greco-bizantino “Rosia”, en los documentos latinos se utilizaban algunas formas emparentadas a éste (“Ruscia”, “Russia” y “Ruzzia”) para nombrar a toda la Rus de Kiev. Posteriormente, a los cristianos del este ucranianos y bielorrusos (especialmente a los uniatas, luego llamados greco-católicos) que vivían en el territorio de la República de las Dos Naciones, les llamaron “ruteni” y “rutheni”. Las versiones alemana, francesa e inglesa de estos términos (“Ruthenen”, “ruthéne” y “Ruthenian”), normalmente se referían sólo a los habitantes de Galitzia y Bukovina bajo el poder austríaco y la Transcarpatia bajo dominio húngaro. Durante un largo período de tiempo, en las investigaciones angloparlantes, los nombres “rus” y “Rusia” no se diferenciaron, y a consecuencia de ello se produjo una tergiversación básica: “Rusia de Kiev” (Kievan Russia). Aunque últimamente, cada vez más a menudo, en las publicaciones angloparlantes figuran los términos correctos “rus” y “Rus de Kiev”; pese a ello, la forma de nombrar a los habitantes de la rus con un término “rus / rusýn” no se popularizó y por eso se utiliza un término incorrecto (“Russian”) o visualmente complicado (“Rus’ian / Rusian”).

Cristianismo y bautismo de la Rus

De las tres religiones mencionadas, los rus quizá conocían mejor el cristianismo, extendido por una parte de las tierras ucranianas (Crimea entre ellas) desde el siglo IV. En Kiev echó sus raíces en tiempos del gobierno de los primeros varegos, Askold y Dir, en la segunda mitad del siglo IX; y tras un período de indiferencia renació un siglo más tarde, en tiempos de la gran princesa Olha. Y fue a su nieto Volodýmyr a quien tocó extender esta nueva religión por toda la Rus de Kiev.

Aunque los autores de las crónicas medievales pusieron el énfasis en la conversión religiosa de Volodýmyr, en verdad, los intereses políticos y personales empujaron a este gran príncipe a cambiar el recién establecido panteón pagano por el cristianismo oriental de Bizancio. De este modo, Volodýmyr logró aumentar el prestigio internacional de la Rus de Kiev, fortalecer los vínculos comerciales y diplomáticos con Bizancio y reforzar su poder en un estado eslavo varego fiel a una única iglesia a la que él, como gobernante laico, tenía que cuidar. La decisión de aceptar el cristianismo apareció a finales de la década de 980 como consecuencia del complicado desarrollo de los hechos, cuyos datos y orden no están aún aclarados.

A finales del año 987, Volodýmyr aceptó ayudar al emperador bizantino, causando un levantamiento. Por la ayuda militar dada, el gran príncipe de Kiev tenía que obtener un regalo excepcional: la hermana del emperador como esposa. Se trataba no simplemente de un familiar del emperador, sino también de una princesa “porphyrogenesis”, es decir, literalmente “nacida en Porfir”.1 Aunque para casarse Volodýmyr tenía que bautizarse y también bautizar a su Estado, adjuntándolo a la zona de influencia bizantino-cristiana.

Pero la cuestión de la sucesión de estos hechos sigue siendo discutida hasta el día de hoy. Algunos historiadores opinan que para la acogida del cristianismo a Volodýmyr le influyó la élite local, siendo por tanto una decisión tomada sin la influencia política de Bizancio. Quizás fue bautizado incluso antes de aceptar “la cruz” para complacer a Bizancio. Al final no se sabe cuándo exactamente sucedió: si en 987, en 988 o en 989. Sólo sabemos que en 988 Volodýmyr prestó ayuda militar al emperador bizantino y gracias a la cual, éste pudo mantenerse en el trono. Se sabe también que la rus conquistó la ciudad bizantina Quersoneso, en Crimea, y esto quizás hizo que el emperador bizantino cumpliera su promesa política. Al fin y al cabo, Volodýmyr el Grande volvió triunfal a Kiev en 990 junto a su novia porfirogeneta.

Al parecer, el cambio del paganismo recién proclamado como religión estatal por el cristianismo le ocupó a Volodýmyr un poco de tiempo. Unos siglos después, la “Crónica de Néstor” describe detallada y dramáticamente que Volodýmyr ordenó tirar los ídolos paganos (algunos de ellos fueron troceados y otros arrojados al fuego), y cómo todos los kievanos fueron obligados a meterse en el Dnipró para serbautizados.2 Posteriormente, fueron edificadas varias iglesias y se trajeron curas y libros eclesiásticos primero de Bizancio y luego de Bulgaria, que era el satélite cultural de Bizancio en el mundo eslavo. La estructura de la iglesia también la tomaron prestada de Bizancio: las unidades principales eran las diócesis (con el obispo a la cabeza por regla general) unidas al arzobispado regido por el arzobispo. La imposición del cristianismo fuera de Kiev comenzó en 990 y, aunque la población recibió con rechazo esta nueva religión, fueron fundadas siete diócesis (dos de ellas durante el reinado de Volodýmyr): en Nóvhorod, Bílhorod, Cherníhiv, Túriv, Volodýmyr-Volynsky, Rostov y Pólotsk (ver mapa número 7).

Para la financiación de toda la estructura de la iglesia cristiana, Volodýmyr puso el 10% (diezmo) de los ingresos estatales. Como resultado de la cristianización de una sociedad que antes era “lujuriosamente insaciable”, Volodýmyr (que, según los testimonios de la Crónica de Néstor, mantenía a 800 concubinas) junto con su abuela Olha, que tampoco era la encarnación de las virtudes cristianas, obtuvieron el respeto de la iglesia de la Rus y fueron canonizados en el siglo XIII. En los escritos posteriores de la Rus, a Santa Olha/Olena y San Volodýmyr les llaman isapostolos.

A pesar de los grandes esfuerzos de Volodýmyr el Grande, la cristianización de los habitantes de la Rus de Kiev fue muy lenta. La aceptación fue más rápida quizás en Kiev y otras ciudades, pero pasaron unos siglos más antes de que enraizara en los pueblos paganos. Así que con ayuda del cristianismo, Volodýmyr comenzó el proceso de cimentación ideológica de la Rus de Kiev como estado. Por tanto, el concepto “rus” se equiparaba con el territorio y los habitantes del estado kievano y, al mismo tiempo, obtuvo un significado religioso. En pocas palabras, ser “rúsych” y ser cristiano ortodoxo significaba lo mismo.

La aceptación del cristianismo fue también provechosa para la Rus de Kiev en cuanto a los asuntos exteriores. Uniéndose a esta religión y cultura y, por lo menos de palabra, reconociendo la autoridad de un único gobernante seglar “ungido por dios” (el emperador bizantino); la Rus finalmente entró en la zona de influencia principal del Imperio bizantino o romano oriental. Tener una única religión ayudaba también en la defensa contra los pechenegos, que varias veces atacaron de nuevo la Rus a finales de siglo (988, 992, 996 y 997). Volodýmyr también aquí obtuvo dividendos políticos animando a los rus-cristianos a luchar contra los paganos. Los habitantes de la Rus de Kiev tenían desde entonces un objetivo común: defender el pueblo y la fe de la Rus.

A la hora de la muerte de Volodýmyr el Grande en 1015, Kiev había fortalecido el control político e ideológico en muchos de los territorios controlados, había mejorado las relaciones con Bizancio y, al mismo tiempo, protegió e incluso extendió las fronteras de la Rus durante sus enfrentamientos con sus vecinos en el oeste, este y sur. Por otro lado, el problema de la sucesión del poder no había sido resuelto, por lo que la guerra entre los hijos de Volodýmyr se mantuvo durante diez años. En este nuevo ciclo de guerras fraternales, dos hijos de Volodýmyr pasaron a la historia de la cultura rus y eslava oriental. Borýs y Hlib, profundamente creyentes, fieles al valor cristiano de “ofrecer la otra mejilla” no ofrecieron resistencia cuando los guerreros de su hermano les estaban matando (1015). Rechazando responder “a maldad con maldad”, los mártires Borýs y Hlib se convirtieron en los primeros santos canonizados de la Rus.

El cristianismo en Ucrania

Desde los tiempos del gloriosamente famoso bautizo de la Rus, a finales de los 980, el cristianismo se convirtió en la religión estatal de la Rus de Kiev, pero aparece en tierras ucranianas significativamente antes. La Crónica de Néstor menciona los principios del cristianismo en Ucrania desde los tiempos apostólicos. Según la Crónica, los primeros diez años después de Cristo, el apóstol Andrés durante su viaje misionero llegó a Quersoneso, al sur de Crimea, y desde ahí se dirigió hacia el Dnipró siguiéndolo a través de Escitia, llegando hasta las colinas donde posteriormente se levantó la ciudad de Kiev.

No se sabe con certeza hasta qué punto es verdadera esta historia, pero los testimonios escritos y los hallazgos arqueológicos muestran que desde el siglo I el cristianismo existía en las ciudades costeras al norte de los mares Negro y Azov. Crimea y el Reino del Bósforo renacido como parte del Imperio romano llegaron a ser lugares de refugio para los cristianos que huían de persecuciones. Entre los refugiados más famosos se encontraba el cuarto papa romano San Clemente I, que en el año 92 fue desterrado a Quersoneso. Ahí encontró varios miles de cristianos y convirtió al cristianismo a más personas, hasta que en el año 101 fue condenado a muerte por el emperador romano. La memoria sobre Clemente I siguió viva en las tierras de la Rus, y en los años 860, el misionero bizantino Constantino trasladó sus restos a Roma. Con el tiempo, cuando Volodýmyr el Grande se bautizó y casó, la cabeza de Clemente le fue devuelta como gobernante del nuevo estado cristiano en el año 989, y desde entonces los descendientes del Gran Príncipe la guardaron durante siglos como un tesoro sagrado.

Tras Clemente I, el cristianismo se extendió con mucho éxito por las ciudades costeras y las lejanas estepas. Las tribus germánicas godas que ocuparon las tierras ucranianas en el siglo III también aceptaron ciertas formas del cristianismo: los visigodos el arrianismo y los ostrogodos el cristianismo oriental de rito bizantino. Después de que los hunos derrotaran definitivamente a los godos en el año 375, el cristianismo no desapareció, sino que junto con los ostrogodos que retrocedieron a la península de Crimea, se trasladó al sur. De esa forma se hicieron conocidos como los godos de Crimea y su capital, Doros, que se encontraba en el centro de Crimea, llegó a ser el centro de la diócesis cristiana de Gotia aproximadamente en el año 400. Bajo la jurisdicción del patriarca de Constantinopla, existieron en la península la diócesis y, posteriormente, las metrópolis Gotia y Caffa hasta finales del siglo XVIII.

Después de que en el siglo VI Bizancio estableciera control directo sobre las ciudades de la costa crimeana, la influencia del cristianismo creció significativamente. En Quersoneso, el centro administrativo de la región bajo Bizancio, había varias iglesias. La costa entera se convirtió en refugio de cristianos huídos, entre ellos el papa romano Martín I. Durante el movimiento iconoclasta, que causó un profundo cisma político y cultural en Bizancio en el siglo VIII y primera mitad del IX, muchos epíscopes, monjes y curas descontentos llegaron a Crimea. Precisamente, para llevar a cabo esta expansión cristiana, cerca del año 730 en la costa este del estrecho de Kerch, concretamente en Tamatars (posteriormente Tmutarakáñ), se creó una diócesis bajo jurisdicción del epíscope godo de Doros, que a su vez estaba bajo la jurisdicción de Constantinopla. Aunque la diócesis de Tamatars no se menciona en las fuentes hasta los años 970, en tiempos fue ocupada por los rus varegos, lo que hizo que algunos autores situaran a Tmutarakáñ como primera diócesis de la Rus.

Desde que los rus varegos llegaron a Kiev y establecieron los primeros contactos con Bizancio, el cristianismo apareció en el curso medio del Dnipró. Tras el ataque varego a Constantinopla, bajo el mando de Askold y Dir, en el año 860, los emisarios enviados a Bizancio fueron bautizados y trajeron a Kiev una religión nueva. No se sabe si Askold y Dir se bautizaron, pero el patriarca de Constantinopla, Focio, en el año 867, proclamó que los rus “no iluminados” se habían convertido en “súbditos y amigos” cristianos de los pastores espirituales del imperio bizantino. Luego, en el año 874, el patriarca asignó a los rus un epíscope propio (probablemente en Tmutarakáñ). Este comienzo esperanzador del cristianismo entre los rus en la región de Kiev se truncó durante el mandato de Oleg en los años 880. Pero parece que algunos representantes de la sociedad cristiana conservaron la fe, así, a mediados del siglo X, esta sociedad se expandió y llegó a su culmen en el año 957 cuando la gran princesa de los rus, Olga, se bautizó con el nombre de Olena.

Además de la presencia duradera de los cristianos en Crimea y la aparición de creyentes en la región de Kiev en los años 860, el cristianismo se abrió camino en Ucrania hasta el lejano oeste. Este proceso está relacionado con la actividad de los “apóstoles eslavos”: los misioneros bizantinos Constantino / Cirilo y Metodio, que entre los años 863 y 885 llevaban a cabo una misión cristiana en Centroeuropa (Gran Moravia, centro político importante). En la esfera de su control entraban las tierras ucranianas del extremo oeste, donde se considera en la ciudad de Przemysl en Galitzia y también en Mukáchevo en los años 890, los misioneros bizantinos fundaron sendas diócesis (según algunos datos, la diócesis de Mukáchevo existía ya desde los años 860).

En base a todos estos datos, algunos historiadores (M. Chubaty, P. Bilaniúk) aseguran que hubo continuidad del cristianismo en Ucrania: desde tiempos apostólicos hasta el “bautizo de la Rus”, aproximadamente en 988, y hasta el día de hoy. Y, por eso, en su opinión, la iglesia ucraniana es apostólica, ya que con sus raíces llega hasta el principio del cristianismo.

Iaroslav el Sabio

Tras casi diez años de guerra fraternal, en la Rus de Kiev se renovó la paz. Dos hermanos, Iaroslav y Mstyslav, resultaron ser los más fuertes pretendientes al trono. A pesar de que el mayor de los hijos de Volodýmyr, Iaroslav, obtuvo el título de gran príncipe de Kiev en el año 1019, él prefirió qudarse en el norte, en Nóvhorod, donde reinó su padre en vida. Al principio, Iaroslav y Mstyslav luchaban por el control de Kiev, el sur de la Rus, pero en 1026 llegaron al acuerdo de dejar Kiev sin heredero y dividir el estado por la línea del Dnipró. Los hermanos reconquistaron juntos los territorios occidentales de los polacos (perdidos tras la muerte de Volodýmyr) y ampliaron el comercio con Bizancio. En estos tiempos, Tmutarakáñ (en territorios de Mstyslav) obtuvo una gran importancia para la historia de la Rus de Kiev. Dado que los comerciantes que bajaban por el Dnipró podían ser atacados por los pechenegos en la estepa abierta, Kiev comenzó a decaer económicamente. En cambio, Nóvhorod y Cherníhiv, gracias a esto, pudieron durante cierto tiempo desarrollar su comercio. Cherníhiv se encontraba cerca de la vía comercial que pasaba por los ríos Desná y Seim y luego continuaban por tierra, es decir, “porteaban” sus barcos hasta la cuenca alta del Don. Desde ahí, los comerciantes bajaban por el Don, pasaban la fortaleza rus de Torre Blanca y, tras el mar de Azov, llegaban a Tmutarakáñ de la Rus, situada en el estratégico estrecho de Kerch, donde en dirección este varias vías se cruzaban hacia Asia Central y más allá del Cáucaso, y en dirección suroeste hacia Constantinopla.

La Rus se unió en 1036 cuando Mstyslav murió súbitamente. Ahora Iaroslav era de facto y de iure el gran príncipe e innegable gobernante de toda la Rus, desde Nóvhorod hasta Tmutarakáñ. Conocido posteriormente como Iaroslav I, El Sabio (gobernó 1036 – 1054) decidió dejar Nóvhorod y otra vez convertir Kiev en la capital política y cultural del Estado. Su primer paso fue la protección de la ciudad de los ataques pechenegos, que en aquellos tiempos llevaban un estilo de vida nómada tradicional. Desde finales del siglo IX los pechenegos controlaban la estepa desde la cuenca baja del Don hasta la cuenca baja del Danubio, pero ahora estaban siendo reemplazados por los torkos, que a su vez eran presionados por unos nuevos guerreros del este, los kipchaks (también cumanos o kupchakos).

Bajo presión torka, los pechenegos, asustados, se dirigieron al norte e intentaron conquistar Kiev por su cuenta, pero en 1036 fueron destrozados por las tropas rus comandadas por Iaroslav. Esta victoria sobre los pechenegos, junto con una anterior (1019) fueron conmemoradas de forma especial: supuestamente, en el lugar de la batalla Iaroslav comenzó a construir la monumental catedral de la Santa Sabiduría, es decir, Santa Sofía. En cuanto a los pechenegos vencidos, una parte de ellos se dirigió al sur y atacó al Imperio bizantino. En 1091 fueron derrotados por el ejército bizantino (en unión con los kipchaks) y al poco tiempo desaparecieron como fuerza política independiente. Algunos pechenegos se quedaron a lo largo del río Ros, al sur de Kiev, que hizo de frontera entre la Rus y la estepa. Esta vez, junto con los torkos y otros pueblos túrquicos que también fueron expulsados de las estepas por los kipchaks, formaron una nueva alianza, la de los karakalpaks. Los “sombreros negros” (karakalpaks) como les llamaron los cronistas de la Rus, poblaron las tierras fronterizas a lo largo del río Ros y fueron aliados de los grandes príncipes de la rus.

El destino de los karakalpaks nos muestra un aspecto poco conocido de la vida de la Rus de Kiev. Aunque los cronistas de la Rus y, posteriormente, los historiadores y novelistas, normalmente describen a los habitantes de la estepa de manera despectiva como enemigos paganos de la Rus cristiana, pero, en realidad, ellos más que estar enemistados con los rus, interactuaban con ellos a varios niveles. Algunos nómadas, como por ejemplo los karakalpaks, no sólo defendían las fronteras de los principados (especialmente los de Pereyáslav y Cherníhiv) de los ataques de sus colegas torkos kipchaks, sino que también tenían un papel importante en la vida política de la Rus: se casaban con miembros de las familias de los grandes príncipes y actuaban como mercenarios en las guerras fraternales que arruinaron el estado de Kiev.

Además de la frontera sur de la estepa, Iaroslav se ocupó de la frontera noroeste. Ahí conquistó a los masovianos y yotvingios y su hijo Volodýmyr, que le sucedió en Nóvhorod, conquistó a algunas tribus finesas. Aunque en el extremo sur Iaroslav tuvo menos éxito. El fortalecimiento de las vías comerciales con Bizancio incrementó la competitividad y a veces esto causaba conflictos entre los comerciantes rus y los funcionarios bizantinos. Iaroslav intentó resolver este problema mandando en 1043 una gran flota a Constantinopla, pero sufrió una humillante derrota.

Es muy difícil de decir si la política exterior de Iaroslav resultó siempre exitosa, pero continuamente apostaba por la diplomacia nupcial, especialmente con Europa occidental. Su segunda mujer, Ingegerd, era hija del rey sueco Olaf; casó a sus hijas respectivamente con el rey de Hungría, Andrés I (Anastasia), con el rey de Noruega, Harald III el Despiadado (Ielizaveta) y con el rey de Francia Enrique I (Anna); casó a su hijo Iziaslav con la hija del rey polaco Miecislao II, a Sviatoslav con la hermana del arzobispo de Tréveris (Trier) Burhard, a su hijo Vsévolod con la hija del emperador bizantino Constantino X Monómaco. Estos lazos nupciales hicieron a la Rus de Kiev conocida en toda Europa.

Iaroslav fue conocido no solo por sus éxitos militares y diplomáticos sino también por el crecimiento y desarrollo de Kiev. En la época de su reinado fueron levantadas cinco grandes construcciones: la monumental entrada a la ciudad (Zoloti Vorota, Puerta de Oro), la iglesia de la Anunciación situada dentro de Zoloti Vorota, la iglesia de San Jorge, la iglesia de Santa Irina y la catedral de Santa Sofía, el edificio más importante en la panorámica del Kiev medieval. Con ayuda de la iglesia, de la escritura y del derecho, Iaroslav fomentaba la conciencia de integridad de toda la Rus de Kiev cuyos principios fijó su padre Volodýmyr.

Durante las negociaciones con Bizancio, Iaroslav logró asegurarse el apoyo del patriarca de Constantinopla (la autoridad principal en el mundo cristiano oriental) en lo que se refiere al nombramiento del arzobispo (al principio todos ellos fueron grecobizantinos) que encabezaría la iglesia de la Rus en Kiev. A diferencia de las décadas anteriores, sobre estos hechos se han conservado testimonios documentales: se sabe sobre los tres jerarcas que en tiempos de Iaroslav encabezaron el arzobispado de la Rus. Al arzobispo de la Rus le asignaron también dos ayudantes epíscopes (para ellos fueron fundadas nuevas parroquias en Iúriev y Bílhorod, cerca de Kiev) y una parroquia más se creó en Pereiáslav. Aunque la guerra rusbizantina que estalló en 1043 influyó también en los asuntos eclesiásticos. Iaroslav se daba cuenta de la necesidad de deshacerse de la protección del Imperio bizantino, que los representantes de la iglesia extendían y defendían con tanto fervor. En 1051 consiguió llegar a un acuerdo sobre la primera elección para el trono arzobispal: un rus local, Hilarión, intelectual kievano fiel a su gran príncipe.

Aspirando a hacer su contribución a la vida intelectual de los rus y desarrollar el sentimiento de integridad política, Iaroslav encargó preparar crónicas donde se pudiera seguir el origen de su Estado desde tiempos remotos. Una contribución más en el desarrollo de este sentimiento fue su orden de codificar las leyes en todo el estado de Kiev. Este código es conocido como “Ruska pravda” (“La verdad de la Rus”), trataba principalmente sobre el derecho cotidiano y destacaba por sus castigos no muy severos, que preveían varios tipos de pago en lugar de encarcelamiento o pena de muerte. Gracias al arte de la diplomacia, al cuidado de la cultura y a la primera codificación escrita de las leyes eslavas, Iaroslav entró en la historia de la Rus como “el Sabio”.

Iaroslav esperaba legar su sabiduría a las generaciones posteriores y en los últimos años de su vida trató de resolver el problema de la herencia y transferencia de poder, intentando así prevenir el caos que aparecía tras la muerte de cada gran príncipe. Su decisión consistía en repartir las tierras de la Rus de Kiev en cinco vótchinas3, cada una de ellas concedida a uno de sus hijos, y en una sexta vótchina, la tierra de Pólotsk, reinó su hermano. El hijo mayor se convertiría en el gran príncipe de Kiev y tras su muerte el trono sería ocupado por sus hermanos según orden cronológico. Al mismo tiempo cada hijo formaba su propia dinastía en las tierras heredadas.

A pesar de las directrices de Iaroslav a sus hijos (“amarse”, “vivir en paz”), bajo el gobierno del hermano mayor, el gran príncipe Iziaslav I (1054 – 1078), a pesar de los intentos de su padre de fortalecer el sistema de sucesión, los conflictos entre sus hijos surgieron casi inmediatamente después de su muerte y arruinaron el estado de Kiev durante medio siglo. La situación empeoró con la aparición de un nuevo peligro en el sur: allí los kipchaks expulsaron a los pechenegos y controlaron la región esteparia. Conocedores de los enfrentamientos entre los grandes príncipes de la Rus, donde los mismos nómadas estaban del lado de uno u otro gran príncipe, en 1061 los kipchaks se atrevieron a atacar la Rus. Durante casi diez años se movieron libremente por la Rus de Kiev y la saqueaban, especialmente en las regiones fronterizas del Principado de Pereiáslav y de la parte sur de Kiev. Los saqueos de los kipchaks no solo arruinaban la economía agrícola en las tierras fronterizas, cuya población fue aniquilada o esclavizada, sino que a finales del siglo XI incomunicaron Kiev con Bizancio bloqueando las rutas comerciales en el Dnipró y el Donets que pasaban por Tmutarakáñ. Desde entonces estas ciudades (Tmutarakáñ desde 1094 y Torre Blanca en 117) fueron aisladas para siempre de las tierras del norte de la Rus, permaneciendo en la zona de influencia de kipchaks y bizantinos hasta el siglo XIII, cuando los tártaros mongoles las destruyeron.

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El Consejo de Liúbech y Volodýmyr Monómaco

El peligro kipchak y las prolongadas e infructuosas discordias internas llevaron a los cinco grandes príncipes de la Rus a reunirse en el año 1097 en Liúbech (ciudad pequeña al norte de Kiev). En esta reunión, conocida como Consejo de Liúbech, los grandes príncipes acordaron decidir el reparto de las tierras para los gobernantes y sus descendientes. Como recoge el testimonio de la Crónica de Néstor, los grandes príncipes establecieron: “que cada uno obtenga su herencia paterna”, juraron no romper la sucesión dinástica y acordaron que solo juntos “salvarán la tierra de la Rus” de los kipchaks y resolverán las posteriores discordias en consejos como este4.

Bajo los lemas del Consejo de Liúbech y liderados por el enérgico gran príncipe de Pereiáslav Volodymyr Monómaco, los grandes príncipes de la Rus lograron destrozar tres veces a los kipchaks entre los años 1103 y 1111. Como resultado de estas victorias, la amenaza kipchak desapareció durante medio siglo. El ejemplo de Liúbech se convirtió en el modelo a la hora de convocar consejos análogos donde se discutían y resolvían conflictos internos.

A pesar de las buenas intenciones, el acuerdo conseguido en Liúbech, según el cual cada gran príncipe no salía de los límites de sus dominios, pareció ser poco duradero. En 1113, tras la muerte del gran príncipe Sviatopolk II (1093-1113), la veche5 de la ciudad decidió ofrecer el cargo de gran príncipe al héroe de las guerras contra los kipchaks y gobernante de Pereiáslav, Volodýmyr Monómaco. Al principio se mostró indeciso, temiendo destruir el acuerdo dinástico de Liúbech que él mismo propagaba. Pero cuando en Kiev surgió un levantamiento que amenazaba a la clase alta, a los monasterios y a la viuda de Sviatopolk, Volodýmyr Monómaco aceptó el cargo y gobernó como gran príncipe de Kiev desde 1113 hasta 1125. Aceptar el título de gran príncipe de Kiev le convirtió en dueño de las tierras de Kiev, Túrov, Pinsk y Nóvhorod, pero además, Volodýmyr seguía controlando sus tierras de Pereiáslav y sus descendientes gobernaban en los grandes principados de Rostov, Súzdal y Smolensk. Así que la mayoría de las tierras de la Rus de Kiev estaban bajo el poder de un solo gobernante.

Volodymyr Monómaco fue el último de los tres grandes señores carismáticos de la Rus de Kiev durante el período de consolidación. Fortaleciendo su poder en Kiev y en toda la rus, Monómaco canceló los altos ratios de la deuda e hizo los cambios oportunos en la “Ruska pravda” (“La verdad de la Rus”) de Iaroslav El Sabio (en la así conocida como “redacción extendida”). Monómaco, al igual que su antecesor, se emparentó con familias nobles de Europa occidental (su primera mujer llegó a ser la hija del último rey anglosajón) y mejoró las relaciones con Bizancio, que habían decaído en las últimas décadas. Gracias a estas acciones y también a la paz en la estepa de los kipchaks, el gobierno de Volodýmyr Monómaco se puede considerar uno de los últimos períodos de estabilidad de la Rus de Kiev.

Monómaco esperaba conservar la integridad de la Rus siguiendo el sistema de sucesión que existía antes de Iaroslav, cuando el hijo mayor obtenía Kiev y los más jóvenes los otros grandes principados. Al principio, esta aproximación resultó satisfactoria: su hijo Mstyslav I (1125 – 1132) no solo gobernaba con éxito toda la Rus sino que extendió su influencia hasta la región báltica; pero tras su muerte en 1132, durante el gobierno de su hermano Iaropolk II (1132 – 1139) volvieron a aparecer las discordias internas que durante ciertos periodos de la historia de Kiev se habían mostrado graves. Los períodos de debilitamiento del poder central en la época de consolidación en general duraban pocos años: el intervalo del gobierno duradero de fuertes gobernantes como Volodýmyr el Grande, Iaroslav el Sabio o Volodýmyr Monómaco. Pero a partir de ahora se alargarían durante décadas, convirtiéndose en norma, señalando así la época de descomposición, que duró desde 1132 hasta 1240.

Época de descomposición

Podemos considerar a la frecuencia con la que el título de gran príncipe de Kiev pasó de mano en mano como el síntoma característico de la descomposición política del estado. Si, por ejemplo, durante los dos primeros siglos y medio (878 – 1132) en Kiev gobernaron 14 grandes príncipes, en los primeros 37 años de la época de descomposición (1132 – 1169) se turnaron en el poder 18. Los rasgos principales de este período fueron la decadencia gradual de Kiev como centro político y económico y la transferencia del poder a otras tierras de la Rus. Con el tiempo, el centro político se desplazó a los tres grandes principados: al de Galitzia-Volynia en el suroeste, al de Volodýmyr-Súzdal en el noreste y al de Nóvhorod en el lejano norte.

En el año 1136, Nóvhorod se levantó y conquistó su independencia del principado de Kiev, al que hasta entonces rendía vasallaje. Esta ciudad-república independiente, posteriormente conocida como el “Gran Señor Nóvhorod”, enfocó sus intereses comerciales en el oeste (zona báltica) y en el norte (regiones pocos pobladas de bosque). El principado de Rostov (posteriormente llamado de Volodýmyr-Súzdal) y el de Galitzia-Volynia participaron de forma activa en la lucha por el título de gran príncipe de Kiev. Y aunque en cada uno de estos principados existía un gobernante carismático con capacidad de conquistar Kiev, les resultaba más fácil gobernar sus principados que asentarse en el inestable trono de gran príncipe. Bajo este punto de vista, el comportamiento del nieto de Monómaco, Andrii Boholiubskii “El Piadoso”, muestra un ejemplo típico de este período. Como gobernante del gran principado de Volodýmyr-Súzdal, en 1169 unificó las tropas de los grandes príncipes rus y las dirigió a Kiev para conquistarla y saquearla, quemando muchas iglesias y monasterios y matando a una gran cantidad de habitantes. Por supuesto, anteriormente los grandes príncipes luchaban por Kiev pero ninguno de ellos la trató como Andrii Boholiubskii, una ciudad completamente ajena. Al rechazar el título de gran príncipe de Kiev, a diferencia de sus predecesores que anhelaban Kiev en sí mismo, designó a personas fácilmente manipulables para que la dirigieran y él prefirió vivir en el norte, en su gran principado natal de Volodýmyr-Súzdal.

Este esquema de conquista del poder de Kiev, es decir, ejercer a distancia el mando del estado, se convirtió en norma durante la primera mitad del siglo XIII. Por ejemplo, el gran príncipe de Volynia, Román, al tomar la ciudad en 1200 volvió a Volynia. Bajo su ausencia, en 1203, los grandes príncipes de menor entidad de Kiev y de Cherníhiv, uniendo fuerzas y aliándose con los kipchaks, atacaron Kiev y la saquearon tan cruelmente que un cronista escribió: “y se hizo gran maldad en la tierra de la Rus, la cuál no hubo desde el bautizo de Kiev”6. A finales de la época de descomposición, Kiev pasó por las manos de Danilo de Galitzia (1239 – 1240), que también prefirió quedarse en su gran principado natal, más que nada por la posibilidad de ataques a su región por parte de mongoles y tártaros.

Aunque las guerras internas rompían la unidad de Kiev, la descomposición definitiva del estado la aceleraron las avalanchas de los nómadas de la estepa. Después de las tres derrotas infringidas por Volodýmyr Monómaco, los kipchaks no se atrevían a atacar la Rus. Aunque en los años 1160, bajo el liderazgo del activo kan Kónchak hicieron un par de incursiones sobre los grandes principados del sur, entre ellos los de Pereiáslav, Cherníhiv y Nóvhorod-Síbersk. Justo en aquellos tiempos (1185) el gran príncipe de Nóvhorod-Síbersk, Íhor Sviatoslávych, movilizó sus tropas hacia los kipchaks, hecho que fue inmortalizado en la obra “Cantar de las huestes de Ígor”. Tras la muerte de Kónchak en 1187 muchos kipchaks se dirigieron más al oeste, hacia Bulgaria, y los que se quedaron en las estepas se acercaron a los rus, participaron en las discordias internas de estos y llegaron a ser (gracias a las uniones nupciales pero no solo) una parte inseparable de la política dinástica de la Rus de Kiev.

Incluso si a los kipchaks no les hubiesen echado y neutralizado, la estepa habría continuado siendo una fuente potencial de peligro hasta que el estado de Kiev unido no estableciera una protección fiable. Aunque ya en la primera parte del siglo XIII esto parecía imposible. La decadencia de la autoridad del gran príncipe de Kiev y la distribución del poder económico y político entre tres regiones fronterizas (Galizia-Volynia, Volodýmyr-Súzdal y Nóvhorod) llegaron tan lejos que cualquier vuelta a los tiempos de Volodýmyr Monómaco o Iaroslav El Sabio resultaba completamente irreal. Pero el traslado completo de las fuerzas políticas de la Rus de Kiev ocurrió en 1237 cuando en Europa del este aparecieron los mongoles. Pero antes de pasar al análisis del papel de los mongoles en la reagrupación de las fuerzas políticas de la Rus, es necesario seguir el desarrollo social, económico y cultural de la Rus de Kiev, desde los tiempos más antiguos hasta la mitad del siglo XIII.

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1Porfirogeneta fue un título honorífico en el Imperio bizantino, dado a un hijo o hija nacido después de que su padre haya sido nombrado emperador. (Wikipedia) N del T.

2Crónica de Néstor, en Crónica de Rus, según la Lista de Ipatii traducida por Leonid Majnovets (Kiev, 1989), página 66.

3Vótchina: era una tipo de finca de tierra en los países eslavos orientales que podía ser heredada. El término vótchina también era usado para describir las tierras de un kniaz. El término tiene su origen en la ley del Rus de Kiev. El propietario de una vótchina, el vótchinnik (en ruso, вотчинник) no sólo tenía derechos de propiedad sobre las tierras, sino que además gozaba de poder legal y administrativo sobre la gente que vivía en su territorio. Esa gente, sin embargo, no eran sus siervos, ya que tenían derecho a moverse libremente a diferentes vótchinas. Con el tiempo los derechos administrativos y legales de los vótchinnik fueron severamente limitados, y finalmente totalmente revocados. A mediados del siglo XV, el derecho de cierta categoría de campesinos en algunas vótchinas a dejar a su señor fue limitado a un período de una semana antes y después del llamado Día de Yuri (26 de noviembre). https://es.wikipedia.org/wiki/V%C3%B3tchina (N del T).

4Crónica de Néstor, en Crónica de Rus, según la Lista de Ipatii traducida por Leonid Majnovets (Kiev, 1989), página 146.

5Veche fue una asamblea popular de los pueblos eslavos de la época medieval, a menudo comparado con los parlamentos. Fuente: Wikipedia. (Nota del Traductor)

6The Nikonian Chronicle. Vol.II. Traducido al inglés por Serge A. y Betty Jean Zenkovsky (Princeton, N.J., 1981), pág 26.

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Capítulo 5. Establecimiento de la Rus de Kiev

(Extracto del libro “Ucrania: una historia de su tierra y sus habitantes”, de Paul-Robert Magocsi. En concreto se trata del primer capítulo de la Segunda Parte del libro: El período de Kiev.)

Nuestro conocimiento sobre la historia más antigua de las tierras ucranianas se basa en un mínimum de información histórica repleta de misterios y momentos dudosos. Aunque no cabe duda de que el establecimiento político conocido hoy en día bajo el nombre de Rus de Kiev apareció en las tierras eslavas del este a finales del siglo IX aproximadamente y existió hasta mediados del siglo XIV. Su centro político y cultural se encontraba en Ucrania-Dnipró central, aunque el poder de Kiev se extendía también al norte de las tierras ucranianas. Los siguientes cinco capítulos están dedicados a la aparición, auge, caída y transformación de la Rus de Kiev en cuatro etapas: 1) 870 – 972, época de crecimiento y expansión; 2) desde 972 – 1132, época de consolidación; 3) 1132 – 1240, época de ruptura; 4) 1240 – 1340, época de transformación política.

Origen de la Rus

A pesar de que de la Rus de Kiev, comparada con la época jázara y la eslava antigua, existen bastantes más datos históricos, el primer siglo de su existencia está lleno de misterios y contradicciones. Además, la cuestión del origen de la Rus es problemática. ¿Quiénes son los rus y cómo se establece la estructura del estado de la Rus de Kiev? Estas cuestiones son todavía las más discutidas, aunque sobre ellas quizá se ha escrito más que sobre cualquier otra cuestión de Europa del este. Se sabe que las discusiones constantes y a menudo muy encendidas entre historiadores y periodistas sobre este tema, en su mayor reflejan no tanto los datos de la historia de la Alta Edad Media de Europa del este sino la necesidad de los descendientes de encontrar en el pasado su “mito de origen” correspondiente, que explicaría el origen de la nación y halagaría la dignidad nacional. ¿Los propios eslavos del este fundaron su estado o necesitaron ayuda externa? En otras palabras, ¿La Rus de Kiev fue la primera estructura estatal en las tierras eslavas del este o sólo la sucesora de estados más antiguos? Y al final, ¿quiénes son los rus: escandinavos venidos de otro país, eslavos del este o ambos?

El motivo de la discusión alrededor de esta cuestión han sido las diferentes interpretaciones de ciertos pasajes de una de las más antiguas y famosas fuentes escritas de la historia antigua de los eslavos orientales: la Crónica de Néstor. Después de las típicas descripciones de la inundación bíblica y de la distribución de los descendientes de Noé por todo el mundo, en la Crónica de Néstor se mencionan todas las tribus eslavas del este y sus territorios. Se presta especial atención a los polanos, a los que llaman “sabios y prudentes”, y su líder Kyi, uno de los fundadores de Kiev, que según la crónica tuvo suficiente poder para visitar Constantinopla y obtener “gran honor” del emperador bizantino. De la Crónica de Néstor se lee entre líneas que mucho antes del siglo IX ya existían algunas tribus eslavas del este poderosas o sus alianzas, cada una con su caudillo o gran príncipe. Pero en el siglo IX los polanos y otras tribus eslavas orientales de Ucrania-Dnipró central se convirtieron en vasallos de los jázaros; y al mismo tiempo, en el norte, junto a los fineses vecinos que poblaban la costa del golfo de Finlandia, llegaron a ser vasallos de los varegos y rus-varegos “que vinieron del mar (Báltico)”.

La gran discusión: el origen de la Rus

El “llamamiento de los varegos” y el problema del origen de la Rus causan discusiones que siguen bullendo desde hace más de dos siglos. Dependiendo de la postura de los historiadores, podemos dividirlo en dos corrientes principales: normanismo y antinormanismo1.

Se puede asegurar que la posición normanista se defendió por primera vez en las crónicas rus antiguas: en la primera crónica de Nóvhorod y en la “Crónica de Néstor”. La primera crónica de Nóvhorod data de 1071 y, a pesar de cambios posteriores, es la compilación histórica más antigua de la que disponemos. La “Crónica de Néstor” se escribió incluso antes, a mediados del siglo XI, pero se reescribió y corrigió varias veces después; así que el ejemplar actual se corresponde con la versión elaborada por el monje kievano Néstor a principios del siglo XII y posteriormente rehecha en dos ocasiones por otros clérigos (aproximadamente 1118 – 1123). Igual que la primera crónica de Nóvhorod, la “Crónica de Néstor” narra el llamamiento de los varegos relacionándolo de vez en cuando con los rus. De aquí surge la idea de que los varegos tuvieron un papel importante en la fundación de la Rus de Kiev.

Con la aparición de las primeras investigaciones históricas-críticas sobre Europa del este en el siglo XVIII, dos historiadores alemanes, Gottlieb Bayer y Gerhard Muller, contratados por el Imperio Ruso, formularon la teoría que posteriormente fue llamada normanista y de la que ellos fueron sus fundadores. Junto con sus seguidores (A.L. Schlotzer, E. Konig y V. Tossen) declararon en el siglo XIX que los rasgos característicos de la primera civilización de la Rus de Kiev, es decir, la estructura política y legal, la religión y el arte, surgieron y se desarrollaron bajo influencia escandinava. Aunque las investigaciones posteriores desmintieron varias de estas afirmaciones, un asunto que está fuera de toda duda es la relación entre el “llamamiento de los varegos” de la crónica y los rus.

Varios historiadores rusos de prestigio de los siglos XIX y XX (N. Karamzín, M. Pagodin, S. Soloviev, V. Kluchevski, P. Miliukov y M. Pokrovski), sus seguidores en el oeste (M. Florinski, F. Dvornik y D. Obolienski) y también algunos historiadores ucranianos (M. Kostomarov, P. Kulísh, V. Antonovych y S. Tomashivski) compartían el punto de vista normanista de la historia de la Rus de Kiev (con cambios y añadiduras). Reconociendo la relación que establece la crónica entre los varegos y los rus, los historiadores se pusieron manos a la obra en la búsqueda de testimonios lingüísticos que pudieran ayudar a establecer la patria verdadera de los rus. La hipótesis de Ernst Kunik y Wilhelm Tomsen sobre el origen de los rus de una región sueca (Uppland) en la costa báltica al norte de la actual Estocolmo, fue bien recibida por muchos eslavistas importantes (F. Mikloshich. I. Srieznievski, V. Iagich, O. Shajmatov y A. Bruckner). De las investigaciones lingüísticas se extrajo que la palabra “rus” recuerda a los nombres con los que las tribus finlandesas denominaban a los que “llegaban del mar”. Así que “rus” puede provenir: 1) de “ruotsi”, palabra finesa para describir a los suecos, sobre todo a los que provenían de la parte de la región costera de Uppland que está un poco más al norte de Estocolmo y conocida como Roslagen, y a sus habitantes les llamaron “rospiggar” (se pronuncia “rúspigar”); 2) de “ropsmenn” o “ropskarlar”, palabras que en escandinavo antiguo significan “navegante-remero” y en finlandés significan “nación independiente”, y que, por cierto, se conservaron en el primer nombre finés de “Suecia” (Ruotsi) y “sueco” (ruotsalaiset).

El antinormanismo de Mijaíl Lomonósov también procede del siglo XVIII, pero su defensa de la “nación rus” y de todos los eslavos del este no se plasmó en una teoría científica hasta el siglo XIX, cuando aparecieron los primeros antinormanistas convencidos: Dmitrii Ilovaiskii, Stepán Guiedieónov, a los que se unieron varios historiadores (I. Filiévich, M. Hrushevski, P. Holubovski, H. Vernadski, H. Paskevich, M. Tijomírov, B. Hriékov y B. Rybakov). Estos autores o bien criticaban ciertas afirmaciones del normanismo o, empleando restos arqueológicos, creaban nuevas teorías sobre el origen de las estructuras estatales antiguas de los eslavos orientales, donde el llamamiento de los Varegos jugaba sólo un papel anecdótico.

Según los antinormanistas, el nombre “rus” en realidad está conectado no con los varegos de Nóvhorod o con otras regiones al norte del lago Ladoga, sino más bien con una tribu mucho más al sur que vivía en la corriente media del Dnipró al sur de Kiev, o, como aseguraba H. Vernadski, al este del mar de Azov. Según el punto de vista antinormanista, en la corriente media del Dnipró, es decir, en el valle del río Ros, habitaba la tribu eslava de los “ros” (rosos o rodos), que en el siglo VI unió a los vecinos eslavos alrededor de su metrópoli, Róden. Cuando los rosos se unieron con los polanos (Kyivshchyna) y siveriany (Chernihivshchyna), esta alianza se fortaleció y extendió creando en la corriente media del Dnipró una nueva unión intertribal que llegó a llamarse “Rus”.

Utilizando esta información, que alguien podría considerar hipotética, los historiadores soviéticos B. Hriékov y B. Rybakov, llegaron a ser considerados los antinormanistas más acérrimos. Ellos además argumentaban su posición con los hallazgos arqueológicos del siglo XX, que parecían demostrar la existencia de estructuras estatales de eslavos del este antes de la aparición de los varegos en Europa oriental. Estos “Estados” se refieren a la alianza tribal duliba en Volinia y la alianza rus en la corriente media del Dnipró (formada por polanos, siveriany y uliches). Ambas alianzas se consideraban continuadoras del “Estado eslavo” antae precedente. Fue la expansión de los rus hacia el norte de Kiev y su control cada vez mayor sobre las otras tribus eslavas (y no la llegada de los varegos) lo que causó la aparición de la Rus de Kiev a finales del siglo IX y principios del X.

Los antinormanistas dudaban de la existencia de un pueblo rus (o algunas de sus variantes) tal y como mencionaban las antiguas fuentes escandinavas. Aseguraban que algunos autores musulmanes del siglo IX llamaban “rus” a una de las tribus eslavas, y que incluso mencionan la existencia de tres estados eslavos: Kuyabia, Eslavia y Artania. Los antinormanistas también escribieron que la tradición de identificar Eslavia (Slava) con Nóvhorod era errónea, ya que estos tres nombres se referían respectivamente a Kiev (Kuyaba) y a dos ciudades satélites: Pereiáslav (Eslavia) y Róden (Artania). Además, los antinormanistas consideraban que el testimonio aparentemente indiscutible de la crónica sobre el llamamiento de los varegos y la identificación de ellos con los rus, eran un añadido posterior. La historia del “llamamiento de los varegos” fue, en su opinión, añadida por los copistas leales al poder en el siglo IV, que aspiraban a legitimizar la dinastía Rúrik, llevándola desde Rúrik, que fue el mayor de los guerreros varegos invitados a la tierra de Nóvhorod y al parecer primer mandatario del Estado de Rus. Los antinormanistas también rechazaban el argumento de sus oponentes sobre los mensajeros de Rus a Bizancio, cuyos nombres eran claramente escandinavos, considerándoles contratados por los grandes príncipes de la Rus eslava, los cuáles les encargaban misiones especializadas en asuntos comerciales y diplomáticos.

La discusión entre normanistas y antinormanistas la intentó resolver por primera vez el jurista y activista social ucraniano Serhii Shelujin en 1929, que en aquel tiempo era emigrante político y vivía en Praga. Elaboró una “teoría del origen celta de la Rus de Kiev procedente de Francia”. Entre las tribus celtas de la Galia sometidas por Julio César entre 58 ac y 51 ac se menciona a los rutenos, que vivían al este del río Ródano al norte de Narbona, la primera colonia romana al oeste de los Alpes y que incluía los territorios de las posteriores regiones francesas de Languedoc y Auvernia, en el actual suroeste francés. Tras la primera mitad del siglo V, durante las invasiones bárbaras causadas por la intervención de los hunos, los rutenos se dirigieron al este y se asentaron en las provincias romanas de Recia, Nórico y Panonia (actuales Austria y oeste de Hungría). Pronto, tras las invasiones, los rutenos se rebelaron contra la autoridad romana. Entre los caudillos del levantamiento se encontraba Odoacro (u Odovacar), mencionado en las fuentes de aquellos tiempos como “el rey de los rutenos” (Rex Ruthenorum). Odoacro fue el comandante supuestamente de origen germánico que, en el año 476, puso el punto y final a la historia del Imperio romano de Occidente.

Al respecto de los rutenos celtas, S. Shelujin consideraba que seguían viviendo en Recia, Nórico, Panonia y la costa de Iliria (actuales Croacia y Eslovenia), donde se mezclaron con la población local, incluyendo eslavos. Aproximadamente en el siglo VII los rutenos de nuevo se dirigieron al este. Una pequeña parte viajó a la región de los Cárpatos, en el extremo oeste de Ucrania, donde, según esta teoría celta, dejaron las huellas de su origen en los nombres, entre los que se encuentran Rus, rutenos (etimológicamente relacionados con Ruteni) Hálych y Galitzia. La mayor parte de los rutenos fueron al sureste a lo largo del río Danubio y su delta, atravesaron las estepas ucranianas y se asentaron en la costa este del mar de Azov, en la península de Tamán, en la costa este del estrecho de Kerch. Allí fundaron su capital, Tamatarka (Tmutarakáñ). Desde esta ciudad, los rutenos viajaron al norte, hasta Kiev, donde se mezclaron con la tribu local eslava de los polanos, a los que trasladaron el nombre “rus”. Con el tiempo, la Rus se extendió desde Kiev hasta Nóvhorod, al norte.

Otra explicación que toma en consideración el factor celta (“francés”) la ofrece el historiador ucranio-estadounidense Omelián Pritsak. Coincide con los normanistas en que los rus varegos llegaron desde fuera y jugaron el papel más importante en la aparición del primer estado eslavo fuerte. Además, ya al principio del siglo IX, los rus se establecen al norte, entre las tribus finesas y eslavas orientales, y su metrópolis se situaba en las tierras alrededor de Rostov. Pero estos rus varegos primitivos y también los que posteriormente respondieron al famoso “llamamiento”, según Pritsak no constituían un grupo étnico independiente, ni tampoco eran escandinavos, celtas, eslavos, o iranios (como consideraba Vernadskii). Se trata más bien de personas de diversos orígenes que se unieron en una entente comercial y viajaban por el mar del Norte y el mar Báltico (varegos). Acerca del llamamiento del varego Rúrik y sus hermanos a mediados del siglo IX, Pritsak coincide con los antinormanistas en que otorgarle a este episodio un significado especial es un añadido posterior de los copistas. También rechaza la teoría sobre el origen étnico escandinavo de los rus y, a la vez, niega la conexión de esta palabra con la tribu de los ros, con el río Ros o con algún Estado eslavo concreto en tierras ucranianas hasta el siglo IX. Este historiador, en cambio, propone que la palabra “Rus” proviene de “Ruti/Ruzzi”: una variante de Alemania central de la palabra “Rusi” de Francia central, que surgió de “Ruteni/Rutena” (región de Francia surcentral cerca de la ciudad Rodez: sus habitantes hasta día de hoy se llama “rutenois”), donde se encontraba la sede internacional de la entente ruteno-frisia.

A pesar de los argumentos convincentes de estas y otras teorías, todavía no hay una respuesta definitiva sobre el origen de la Rus y los rus, así que la discusión sigue abierta.

Aproximadamente a mediados el siglo IX (años 860-862 según la “Crónica de Néstor”, y año 854 según la más antigua “Crónica de Nóvhorod”, que quizá sea la fecha más exacta) las tribus eslavas orientales eslovenas y krývychi y también las tribus finesas chuds, vepsos y merias bajo control varego, “expulsaron (a los varegos) más allá del mar, no les pagaron tributo y empezaron a gobernarse solos”.2 Parece que los eslavos del norte y los fineses no lograron aprovechar esta oportunidad porque “se levantó un clan contra otro clan” y “empezaron a luchar entre ellos”. Bajo estas condiciones, como describe la “Crónica de Néstor”, los ex dependientes eslavos y los fineses dijeron: “vamos a buscar un gran príncipe para nosotros que pueda gobernar nuestras tierras y juzgar según el derecho y la ley”. Se hicieron a la mar en busca de varegos, de rus… y los chuds, eslovenos, krývychi y ves dijeron a los rus: “la tierra nuestra es grande y generosa, pero no hay orden en ella. Venid a reinar y gobernarnos”.3 Los rus mandó a tres hermanos, Goerekr/Rúrik, Sineo y Truvor, que se asentaron en Stáraya Ládoga (en Nóvhorod según la primera Crónica de Nóvhorod), Beloozero (actual Belozersk) e Izborsk. Así que “de estos varegos la tierra de los rus obtuvo su nombre”, aunque de su llegada a la tierra de Nóvhorod vivían los eslavos orientales eslovenos. De esto, surge en la “Crónica de Néstor” la diferenciación entre los varegos rus que llegaron y los eslavos locales.

Aunque luego se cuenta que muy pronto dos de los hermanos murieron dejando a Rúrik reinando solo en la Rus de Nóvhorod. A los dos “boyardos” de Rúrik, es decir, a Askold y Dir, como escribe la crónica, se les permitió ir a Constantinopla, pero por el camino, surcando el Dnipró (que dentro de poco se convertirá en parte de la famosa “ruta de varegos a griegos”), se detuvieron en Kiev, que en aquel tiempo, como todas las tierras polanas, se encontraba bajo control jázaro. No se sabe si se detuvieron a petición de los habitantes de Kiev, pero Askold y Dir “se quedaron juntos en la ciudad esta y reunieron a muchos varegos y empezaron a gobernar la tierra polana. Y Rúrik reinó en Nóvhorod”.4

La consolidación temporal en Kiev les proporcionó a Askold y Dir más valentía, así que decidieron ir a Constantinopla, y en el año 860 se dirigieron a la capital del Imperio Bizantino en 200 barcas. Aunque lograron arrasar a los poderosos bizantinos, la Rus de Kiev no tuvo suerte con los hermanos varegos. En los años 880-882 un nuevo gobernador varego de Nóvhorod, Helgi/Oleg, llegó del norte con un gran ejército, marcó a Alskold y Dir y “se asentó reinando en Kiev” y proclamó: “Que sea esto (Kiev) la madre de las ciudades de la Rus”, empezando desde este momento el sometimiento de las tribus eslavas orientales y finesas.5

Así que según la “Crónica de Néstor”, varias tribus eslavas del este, entre ellas los polanos, hacía mucho que tenían sus propios ejércitos y grandes príncipes. Aunque a mediados del siglo IX se encontraron bajo el poder de los varegos y los jázaros. El efímero intento de autogobierno no salió bien, por eso invitaron a los extranjeros varegos rus de Escandinavia que gobernarían en las tierras de Nóvhorod. En poco tiempo, la influencia varega se extendió al sur de Kiev y aledaños. Al principio, los varegos controlaban dos territorios: el poder de Rúrik abarcaba las tierras de Nóvhorod, mientras que Askold y Dir abarcaban las tierras de Kiev. En los años 880 estos territorios pasaron al poder único del gobernador Oleg, que empezó a someter a otras tribus eslavas. Desde este momento dio comienzo el establecimiento de la Rus de Kiev. Para recrear las descripciones episódicas y a veces contradictorias de la “Crónica de Néstor” hay que analizar la situación de Europa durante el siglo IX y cómo los hechos de aquellos tiempos remotos influyeron de forma directa e indirecta en los eslavos del este y en Ucrania.

Europa en el siglo IX

En el siglo IX, desde la Escandinavia más al norte a la parte más sureña del Mediterráneo y desde las estepas orientales más lejanas del kaganato jázaro hasta el corazón del continente que vivía la ruptura del imperio de Carlomagno y las intervenciones ruinosas de escandinavos, árabes y magiares, ocurrieron cambios muy significativos, resultado de los cuáles aparecieron en toda Europa, y no sólo en el este, nuevas realidades políticas.

En el norte, en Escandinavia los cambios políticos y demográficos causaron constantes migraciones de guerreros, comerciantes y simples aventureros para los que Europa, desde la última década del siglo VIII, se convirtió en un territorio donde ejecutar continuos saqueos. En Alemania del Norte, Britania e Irlanda, a estos guerreros les llamaron vikingos; en Francia, España e Italia, normandos, es decir, gente del norte; los eslavos y fineses en Europa del este les llamaron varegos (del escandinavo antiguo “Vaeringjar”, es decir, “el que hizo juramento”). Durante el siglo IX, los vikingos/normandos/varegos avanzaron sin piedad hacia el sur, robando en ciudades y aldeas del continente y de las islas británicas.

Hubo varias causas que explican la expansión escandinava, pero quizá la más importante fuese la situación política. En Dinamarca y, en menor parte, en Noruega y Suecia, los reyes consolidaban su poder en sus respectivos reinos cada vez más, controlando ferozmente a los ladrones tradicionales que se aprovechaban de agricultores y pescadores. En este período de transición hacia un gobierno más centralizado, expulsaron a muchos caudillos de tribus pequeñas y a rebeldes. El resultado de este fortalecimiento político fue la seguridad y la estabilidad, provocando crecimiento y bienestar entre la población, vaciando en poco tiempo los recursos naturales de la escasa Escandinavia montañosa. En esta situación de presión sobre la población y de fortalecimiento político interno, aparecieron muchos voluntarios para las incursiones vikingas (un ejemplo clásico que en historia se llama teoría de la válvula de escape). Si los vikingos no hubiesen tenido adónde ir, lo más probable es que el conflicto entre el gobierno y la población descontenta habría provocado una guerra civil. Pero durante el siglo IX, Europa atravesaba una crisis que sirvió como válvula de escape para expulsar el “vapor escandinavo”.

En el continente europeo, el Imperio de Carlomagno (reinó entre 768-814) renovó cierta estabilidad en Europa central y occidental al sur y al norte de los Alpes. Una estabilidad que aquí era desconocida desde los tiempos del Imperio romano. Aunque poco tiempo después de la muerte de Carlomagno (814) la discordia entre sus herederos causó la ruptura del imperio y la guerra entre varios regentes cristianos. Al sur, en el Mediterráneo, reinaban los árabes musulmanes. El califato árabe que surgió en Oriente Próximo, a finales del siglo VIII mantenía bajo su control todo el norte de África y la mayor parte de la península ibérica (futuras España y Portugal). Durante el siglo IX los árabes (conocidos en Europa como sarracenos) se dirigieron desde sus tierras norteafricanas a Sicilia, Cerdeña, Córcega y el sur de Italia. La mayor parte del Mediterráneo y sus vías comerciales estuvieron en manos de los árabes.

En el extremo sureste del continente europeo comenzó la decadencia del kaganato jázaro y la estabilidad que éste proporcionaba en todo el territorio bajo su influencia. Al principio, en los años 820, estalló una guerra civil severa, y aunque en 10 años el poder del kaganato se renovó, este conflicto trajo serias consecuencias. Los kabary, que salieron derrotados de esa lucha política, huyeron al norte, a la corriente alta del río Volga (cerca de Rostov) donde se encontraban los rus varegos; y también huyeron al sur, al territorio de los magiares, antiguos fieles vasallos de los jázaros. La presencia entre los varegos comerciantes de refugiados políticos jázaros en Rostov ayudó a fortalecer el prestigio de los kabary y, finalmente, en los años 830, a crear un estado nuevo: el kaganato rus. Al mismo tiempo, los magiares que recibieron a los rebeldes kabary se convirtieron en enemigos de los nuevos gobernantes de Jazaria.

Al final, los nómadas guerreros pechenegos (llamados patzinakos por los bizantinos) comenzaron a trasladarse de sus tierras a Jazaria, al norte del mar Caspio, y desplazaron a los magiares de su nuevo país: Levedia (entre los ríos Don y Donéts). Los magiares se mudaron al oeste y, aproximadamente en los años 840-850, se asentaron en las estepas ucranianas, entre el Dnipró y el Prut. Aquí, en la nueva patria (Étel-Kiozi), los magiares comenzaron a contactar con los polanos eslavos orientales, que vivían al norte de ellos, en la zona media de Ucrania-Dnipró, y también hicieron sus primeras incursiones al oeste (Balcanes y Europa central). Todos estos cambios políticos y las migraciones de los pueblos causaron confrontaciones bélicas y el cese del comercio, cuya consecuencia fue la inestabilidad general del kaganato jázaro y de las estepas ucranianas.

En el inquieto siglo IX, la única fuerza europea que mantuvo e incluso aumentó su influencia fue el Imperio Bizantino. También sufrió un profundo estrés interno cultural y político: la iconoclasia, que duró muchas décadas del siglo VIII y primera mitad del IX. Desde el año 843 (cuando finalmente acabó la crisis que desde 726 sacudía a ratos a todo el imperio) y hasta el primer cuarto del siglo XI, Bizancio vivió su época dorada alcanzando el mayor esplendor territorial de su historia y la mayor influencia económica y cultural. Aunque el imperio repelió los ataques de los árabes de Oriente Próximo, el acceso a Europa occidental les seguía siendo denegado por el dominio árabe en el mar Mediterráneo durante el siglo IX y muchas décadas del siglo X. Así que, permanenciendo en un temporal aislamiento del sur y del oeste, la economía más poderosa de Europa estuvo obligada a seguir fortaleciendo sus vínculos con el Kaganato Jázaro y las regiones al norte y al este del mar Negro. Aunque las relaciones cercanas tradicionales entre bizantinos y jázaros estaban amenazadas por la aparición de un nuevo jugador en la zona europea oriental: los varegos de Escandinavia.

Los varegos del este

Al principio, a los expoliadores escandinavos les complacían totalmente los ataques a los puertos costeros desprotegidos y también a las ciudades y conventos accesibles por los ríos navegables, pero muy pronto se dieron cuenta de la ventaja de otro método: asentarse en estos territorios, establecer un control sobre los territorios ganados y explotar a la población local por más tiempo. Justo de esta forma surgieron la Normandía en Francia, el Reino de Sicilia en Italia del sur y la Rus de Kiev en el este.

Los contactos de los escandinavos con el este perduraron con suerte dispar desde el siglo I ac, y especialmente fuertes fueron las relaciones con las costas este del mar Báltico (actuales Estonia y Letonia). Pero en un par de siglos, los primeros escandinavos que llegaron a estos territorios se integraron con la población báltica y finesa.

En los siglos VI y VII los comerciantes escandinavos, conocidos como varegos, volvieron a las costas orientales bálticas. Avanzando gradualmente hacia el interior de estas tierras se enteraban por la población local báltica y finesa sobre las riquezas de Jazaria en la corriente baja del Volga y sobre el comercio exitoso del kaganato con el califato árabe y el Imperio bizantino. Al escuchar estas historias, a los comerciantes y saqueadores varegos les entraron ganas de aprovecharse de los mercados jázaros inmediatamente. En el siglo VIII crearon la llamada “ruta sarracena”, que comenzaba en Birka, en la costa este sueca, atravesaba el mar Báltico y el golfo de Finlandia, luego continuaba a lo largo de los ríos Ladoga, Onega y Beloózero hasta el curso alto del Volga, y siguiendo la corriente les dirigía al sur hasta la metrópoli de Jazaria. A lo largo de esta ruta establecieron puestos de avanzada con fines comerciales y con el tiempo fundaron poblados. Tres de ellos adquirieron especial importancia durante el siglo VIII: Ladoga Vieja (o según las sagas nórdicas Aldeigjuborg), en la costa sur del lago Ladoga, Belozersk, en la orilla sur del lago Blanco, y Rostov, en la zona de entrerríos del curso alto del Volga y Kliazma. De estos puestos de avanzada en el norte los varegos obtenían esclavos y pieles de animales, y los intercambiaban por especias, artesanía de metal, ropa y plata que llegaban de las rutas comerciales árabes y centroasiáticas que se cruzaban en Jazaria.

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La demanda de artículos de Asia central y del lejano Oriente por parte de Bizancio y de Europa del oeste no disminuyó, pero el acceso desde Bagdad y los puertos del oeste del mar Mediterráneo se cerró en el siglo VIII a causa de las guerras entre bizantinos y árabes y el control árabe del Mediterráneo. Así que el kaganato jázaro se convirtió en el nuevo mediador de los intereses comerciales de Bizancio en el este. Parecía que al principio los varegos se conformaban con entrar en las vías comerciales jázaras y con la oportunidad de transportar los bienes del mercado jázaro por el Volga hasta el Báltico, y de ahí al norte y al oeste de Europa. Pero estas relaciones mutuamente provechosas se rompieron tras la década de 820 a causa de disturbios internos en Jazaria y el peligro externo sobre el kaganato que ya comentamos más arriba. La violación de la Pax Chazarica y la migración de los magiares y pechenegos interrumpieron el comercio por el Volga y obligaron a los varegos a buscar vías alternativas. Además, los jázaros ya no podían ejercer de mediadores efectivos entre el este, Bizancio y Europa del norte; así que los propios varegos pudieron sustituirles en esta función.

Estas circunstancias obligaron a los varegos a establecer otra vía a mediados del siglo IX, que comenzaba en los puertos Birka y Sigtuna, localizadas en el sur de Suecia. Atravesaban el mar Báltico (“Varego”) viajando a lo largo del río Dviná occidental casi hasta su nacimiento. De aquí navegaban por su pequeño afluente hacia el sur y luego, avanzaban por tierra (para distancias cortas los varegos arrastraban sus barcos –“porteo”-) hasta el Dnipró, donde fundaron su puesto de avanzada Gnezdovo, al oeste de la actual Smolensk. Los varegos también podían atravesar el mar Báltico por otra vía: a través del golfo de Finlandia llegaban al puesto de avanzada de Ladoga Vieja, y viajaban hacia el sur hasta el lago Ilmin, en cuyas cercanías fundaron su nuevo puesto de avanzada Horodyshche (Holmgard en escandinavo antiguo), posteriormente conocido como Nóvhorod. Al atravesar Ilmin, continuaban su ruta hacia el sur por la corriente del río Lovat hasta su nacimiento. De aquí había poca distancia hasta el Dviná occiental, que recorrieron tirando de los botes por la tierra (el primer “porteo”), y de ahí a Gnezdovo. Bajaron por el Dnipró hasta el puesto fronterizo jázaro en Kiev. Desde Kiev viajaron por tierra hacia al este hasta el río Donets y la capital del kaganato jázaro Atil, o seguían bajando por el Dnipró y, arrastrando los botes por tierra para pasar los rápidos inaccesibles del Dnipró, llegaban al mar Negro y continuaban hasta Constantinopla. Esta ruta alternativa se convirtió en la famosa vía “de varegos a griegos”.

El potencial beneficio del comercio internacional a lo largo de la ruta báltica Dnipró-mar Negro llegó a ser la causa de la presencia cada vez más activa de los varegos en Europa del este. El debilitamiento del kaganato jázaro, que a mediados del siglo IX perdió el control de los territorios fronterizos occidentales benefició a los varegos. En aquel tiempo, los magiares nómadas controlaban las estepas del Dnipró, mientras que las tribus vecinas eslavas orientales (polanos, siveriany y demás) cada vez más frecuentemente se revelaban por las consecuencias no efectivas de la Pax Chazarica. En el extremo norte, los escandinavos controlaban las rutas comerciales hasta que las tribus locales finesas y eslavas del este les expulsaron temporalmente. Las discrepancias y los enfrentamientos dibujaron el escenario que dio lugar al “llamamiento de los varegos” descrito en las primeras páginas de la Crónica de Néstor.

Precisamente, las implicaciones de este “llamamiento” son las que han causado tanta controversia en la historiografía de Europa del este. Una de las dos principales escuelas de pensamiento reconoce la credibilidad de la historia reflejada en la Crónica sobre el “llamamiento de los varegos”, considerando la fundación del estado de Kiev mérito de los escandinavos conocidos como rus varegos. Los representantes de la otra escuela de pensamiento disminuyen el papel de los varegos, considerando a estos eslavos orientales, y no escandinavos, y consideran la Rus de Kiev una creación de eslavos orientales que simplemente contrataron a militares varegos para servirles. Quizá la explicación más equilibrada la podemos encontrar en un comentario de historiadores del siglo XX a un famoso tratado histórico del siglo X, “De Administrando Imperio”, del historiador y emperador bizantino Constantino VI Porfirogéneta (gobernó durante 913-920 y 945-959):

Es ahora ampliamente aceptado que el estado de Kiev no nació ex nihilo con la llegada de los varegos en el siglo IX, sino que su base social y económica procedía de la época anterior, durante la cual los eslavos de la cuenca del Dnipró participaron activamente en la vida política y comercial de las estepas de Asia occidental y del mar Negro; y la aristocracia eslava de terratenientes y comerciantes después del lllamamiento de los varegos seguía garantizando la estabilidad territorial y el crecimiento económico del país. Al mismo tiempo es indudable el hecho de que la gente que llegó precisamente de Escandinavia en la segunda mitad del siglo IX reunió en un solo estado en la vía marítima Báltica-mar Negro a las dispersas tribus eslavas orientales, al que ellos llamaron Rus6.

La época de crecimiento y expansión

A pesar de la cuestión contradictoria sobre el origen de la Rus, el gran príncipe Oleg (gobernó en 878-912) se considera un personaje histórico decisivo que sentó las bases del estado de Kiev. Durante su reinado comenzó la época de crecimiento y expansión del imperio de Kiev, y duró casi un siglo, hasta el año 972. En este primer periodo de la historia de la Rus de Kiev, Oleg y los siguientes tres sucesores (Ingvar o Igor, Olga y Sviatoslav) tenían dos objetivos: 1) Conseguir apoderarse de las variadas tribus eslavas del este y finesas situadas a lo largo de las rutas comerciales que querían ser controladas por los varegos; 2) Imponer buenas relaciones con los nómadas y establecer relaciones militares y comerciales provechosas con los dos estados más poderosos de la región: Bizancio y Jazaria.

Desde que Oleg conquistó Kiev y dio muerte a Askold y Dir en 882, comenzó la consolidación de las tribus eslavas orientales y finesas bajo el poder rus varego. Según la Crónica de Néstor “y se asentó Oleg reinando en Kiev y proclamó: ‘Que sea esta la madre de todas las ciudades de las Rus’”7. Los eslovenos, los kryvychi y los meria, que obedecían a los varegos en el norte igual que los polanos gobernados por Oleg en el propio Kiev seguían pagando tributo. Debido a que el lejano norte y Ucrania-Dnipró había estado controlada por los rus varegos, Oleg se dirigió hacia otras tribus eslavas orientales. Del año 883 al año 885 obligó a los drevlianos, siveriany y radimiches a reconocer el mandato de los varegos. Los uliches y tývertsi vivían mucho más al sur, así que su conquista tomó más tiempo, hasta los 890. Por tanto, a finales del siglo IX Oleg, artífice del imperio, como a veces es llamado, controlaba desde Kiev la mayoría de las tribus eslavas orientales desde la costa del mar Negro hasta el delta del Danubio en el sur y en el norte hasta el golfo de Finlandia por un lado y la parte alta del Volga por otro.

Una expansión tan rápida como esta inevitablemente causó un conflicto entre Jazaria y Bizancio. Debilitados por los conflictos internos de los años 820 y por la migración de magiares y pechenegos a la estepa, los jázaros no podían proteger de los varegos a los siveriany y radimiches (ex vasallos eslavos orientales). Además, la política impulsiva de Oleg provocó que los magiares, bajo la presión de los pechenegos tuvieran que retroceder al oeste, fuera de Ucrania, y, cruzando los Cárpatos, asentarse en la llanura Panónica, donde viven hasta el día de hoy, en Hungría. Desde aquellos tiempos, las estepas ucranianas se abrían a los pechenegos, que podían atacar en cualquier momento desde sus nuevos puestos de avanzada en las corrientes medianas del Volga y del Don.

Las relaciones entre Oleg y el Imperio bizantino eran más difíciles y dependían del interés cultural, militar y comercial. El desarrollo de la Rus de Kiev dependía de la apertura de la gran vía comercial Báltico-Dnipró-Mar Negro llamada “de varegos a griegos”, y su bienestar y desarrollo dependían de establecer relaciones beneficiosas con Bizancio. Los bizantinos también tuvieron que tener en cuenta a los rus tras su inesperado ataque a la capital del imperio a manos de Askold y Dir en el año 860. La primera reacción de Bizancio fue fortalecer las relaciones con los jázaros, sus aliados tradicionales (la misión de Cirilo y Metodio en los años 860-861) e intentar, de manera exitosa, unir la rus a la esfera de influencia cristiana. En consecuencia, los emisarios de Askold y Dir se bautizaron a finales de la década de 860, en Kiev se construyó una iglesia y, según el tratado rus-bizantino del año 874, en la Rus (quizás, Tmutarakáñ) se instaló un arzobispo bizantino.

Pero las buenas relaciones rus-bizantinas finalizaron después de que Oleg matara a Askold y Dir y se apoderara de Kiev. Y cuando terminó de someter a las tribus eslavas orientales, Oleg en el año 907 atacó la capital bizantina. A consecuencia de esta intervención, los bizantinos tuvieron que firmar un tratado en el año 911 según el cuál los comerciantes rus quedaban exentos de pagar impuestos y obtenían un permiso especial de residencia cerca de Constantinopla (donde podían vivir gratuitamente hasta seis meses). Este tratado aseguraba el crecimiento económico del nuevo Estado de Kiev, ya que otorgaba a la Rus privilegios comerciales sobre la tierra más rica de la región. A cambio de pieles, cera, miel y esclavos, los rus obtenían “oro, seda, fruta y diferentes joyas”. Todo esto se lo quedaban los magnates de la rus o lo vendían a los comerciantes que salían al Báltico a través del Dnipró y desde ahí hacia Europa del norte y occidental. Hasta su muerte, en el año 912, Oleg extendió la esfera de influencia de la Rus de Kiev hasta alcanzar un territorio inmenso y logró neutralizar a los estados más poderosos de la región: Jazaria y Bizancio.

A pesar de grandes dificultades, el poder de la Rus de Kiev lo intentó mantener el sucesor de Oleg, Ingvar / Ihor (reinado 902 – 945), pero las tribus eslavas del este estaban descontentas con el hecho de que los gobernantes varegos recaudaran tributo (poluddia). Había que pagar con dinero (para el mantenimiento del Gran Príncipe y su mujer) y en especie (pieles, cera y miel) que recaudaban de cada granja y finca. En la práctica, ese proceso se diferenciaba poco de un robo organizado en aras de enriquecer a la élite varega. Por eso, en los tiempos de Ihor estallaron algunas revueltas, las más sonadas fueron el levantamiento de los uliches y el de los drevlianos.

En la política exterior tampoco todo marchó bien. Aunque el kaganato jázaro ya no representaba gran peligro, los pechenegos no cesaban en su empeño: volvieron a las estepas ucranianas e hicieron al menos dos incursiones a la Rus de Kiev (915 y 920). Las relaciones con Bizancio también empeoraron: la discordia con los comerciantes rus en Constantinopla impidió a Igor hacer una incursión de castigo a la capital imperial en 941. Esta vez sí los rus conocieron la derrota, y el nuevo acuerdo comercial firmado en 944 para nada fue beneficioso para Kiev.

Las relaciones con Bizancio en la situación interna de la Rus de Kiev mejoraron cuando en 945 llegó al poder la viuda de Ihor, Helha / Olha (reinado 945 – 962), que se sentó inesperadamente en el torno después de que mataran a su marido durante una nueva marcha de recaudación de tributo a los drevlianos. A pesar de que la Crónica de Néstor describe con detalle la feroz venganza de Olha a los drevlianos, una de las consecuencias de este caso fue el cambio de la forma de recaudar tributo a las tribus sometidas. Olha reformó la práctica de recaudación: el recorrido arbitrario que hacía el gobernante de Kiev fue cambiado por un sistema en el que o bien representantes regionales iban a las granjas y fincas a recoger el tributo o los súbditos acudían a pagar sus tributos en los puestos situados por todo el territorio.

Pero lo que hizo más famosa a Olha fueron sus ganas de mejorar las relaciones con Bizancio. En 955 se dirigió a Constantinopla y, a diferencia de sus predecesores que mandaban al ejército a la capital imperial, Olha realizó una visita pacífica. Incluso se convirtió al cristianismo y obtuvo un nuevo nombre: Olena. Este paso no sólo mejoró las relaciones rus-bizantinas sino que también fortaleció la influencia del cristianismo en Kiev, que durante los años 880, tras la llegada de Oleg al poder, decayó, y se renovó levemente en tiempos de Ihor. Aunque Olha /Olena se convirtió a la nueva religión, ni su hijo ni la élite rus varega aceptaron el cristianismo. Ellos no abandonaron sus ritos paganos propios a pesar de que toleraban la nueva religión e incluso parece que la apoyaban.

El reinado de Olha acabó en 962 cuando su hijo Sviatoslav cumplió 21 años y, por el derecho de edad, comenzó a reinar. Durante los 10 años que duró su reinado llevó a cabo la política invasora de Oleg. A Sviatoslav, igual que a muchos “bárbaros” predecesores, le atraían las riquezas de Bizancio, y quería llegar a ser tan rico y lujurioso como la capital imperial. Pero al principio se dirigió al este y al norte, donde logró unir a los viatiches, unificando así a todos los eslavos orientales bajo el poder de los rus; y con el tiempo, cuando los jázaros pidieron a los rus ayuda en su lucha contra los pechenegos, Sviatoslav atacó al kaganato y en el año 965 invadió Sárkel, dejando sólo en pie una fortificación lejana en el este (Torre Blanca). Este mismo año sometió bajo su poder a los aliados jázaros, a los búlgaros del Volga y luego, al volver de Jazaria, robó en su antigua capital Itil. A finales de los 960 el ejército de Sviatoslav destruyó el kaganato jázaro y junto con él lo que quedaba de la Pax Chazarica.

Ahora ya Sviatoslav sí estaba preparado para dirigirse hacia su principal objetivo: Bizancio. Los bizantinos sabían que ya no podían contar con sus aliados tradicionales, los jázaros, por lo que buscaron nuevos aliados, también entre los rus. Sviatoslav fue algo ingenuo y permitió convertirse en peón de la diplomacia del norte de Bizancio. Los jugadores principales en este tablero diplomático eran la Rus, el Reino búlgaro en la cuenca baja del Danubio y los pechenegos esteparios. Bizancio intentó enfrentar a unos contra otros. Por su parte, Sviatoslav esperaba fortalecer su posición en los Balcanes a costa de los protobúlgaros. Incluso contemplaba desplazar la capital, Kiev, a Pereyáslavets, cerca de la desembocadura del Danubio, pero finalmente se vio obligado a abandonar esta empresa y firmar un acuerdo de paz nada conveniente con Bizancio en 971. Un año después, volviendo de Kiev, cayó en una emboscada preparada por los pechenegos, que quizá fueron informados de la ruta del gran príncipe por sus ex aliados protobúlgaros y bizantinos.

La muerte de Sviatoslav en 972 significó el fin del primer siglo de la historia de la Rus de Kiev. Bajo el mandato de los boyardos y de los sucesores del caudillo varego Rúrik, que fue llamado a las tierras de Nóvhorod en la segunda mitad del siglo IX, fue creado un estado nuevo en Europa del este. Los grandes príncipes rus que se asentaron en Kiev después de la década de 880 necesitaron menos de un siglo para tomar el control de las numerosas tribus eslavas orientales y finesas. Continuando la tradición de las expediciones vikingas (varegas) que saquearon Europa en el siglo IX, los nueve gobernantes kievanos, entre ellos Oleg y Sviatoslav, soñaban con su propio imperio a lo largo de las vías comerciales del mar Báltico hasta los mares Negro y Caspio. Aunque al intentar ampliar las fronteras, se deshicieron súbitamente de los jázaros, sus mayores rivales comerciales del este, y de esta forma rompieron la Pax Chazarica que durante muchos siglos había asegurado alguna paz a los pueblos esteparios impidiendo además invasiones nómadas. Por otro lado, a pesar del éxito militar de los grandes príncipes rus en el este, fracasaron sus intenciones de expansión y saqueo sobre los territorios de influencia del Reino de Bulgaria y de Bizancio. Así que durante el primer siglo de establecimiento y expansión de la Rus de Kiev, los rus varegos lograron conquistar gran parte de Europa del este, pero a su estado todavía le faltaba integrar a sus pueblos para llegar a ser una fuerza política más poderosa en esta región.

1 O corrientes normandas o antinormandas (N. del T)

2 Crónica de Néstor, en Crónica de Rus, según la Lista de Ipatii traducida por Leonid Majnovets (Kiev, 1989), página 12.

3 Ídem.

4 Ídem.

5 Ídem, página 13.

6 Constantino VII Porfirogéneta, De Administrando Imperio, Vol. II: Comentarios de F. Dvornik, R.J.H. Jenkins, B. Lewis y otros (Londres, 1962). Página 23.

7 Crónica de Néstor, página 13.

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Capítulo 4. Eslavos y jázaros

(Extracto del libro “Ucrania: una historia de su tierra y sus habitantes”, de Paul-Robert Magocsi. En concreto se trata del último capítulo de la Primera Parte del libro: Notas introductorias. Época anterior a la Rus de Kiev.)

El origen de los eslavos

El origen y la historia antigua de los eslavos, al igual que la de otros pueblos, están cubiertos de oscuridad. Los hallazgos escritos más antiguos y los restos arqueológicos más significativos que se han encontrado en los siglos XIX y XX todavía no permiten a la ciencia actual responder a muchas preguntas complejas sobre el origen, la distribución, el modo de vida y la organización social y política de los eslavos antiguos. Los testimonios escritos sobre los eslavos antiguos son bastante pobres: se limitan a una corta descripción del historiador Heródoto en el siglo V ac, y otras en el siglo VI por parte del historiador bizantino Procopio y del historiador godo Jordanes. A pesar de los escrupulosos intentos de algunos historiadores por relacionar los nuevos datos arqueológicos con alguna tribu en concreto, todavía quedan muchas especulaciones. Lo único que no plantea dudas es que los pueblos eslavos y sus ascendentes protoeslavos vivían en Europa del este desde por lo menos los principios del siglo I ac. Pero la cuestión sobre de qué región en concreto de Europa del este provienen los eslavos seguirá siendo discutida.

A día de hoy, la protopatria de los eslavos se consideran las tierras al norte de los Cárpatos que se extienden desde la parte alta del valle del río Odra tras los afluentes del Vístula y del Bug en el oeste hasta la corriente media del Dnipró en el este. Hablando en términos actuales podemos decir que en la protopatria de los eslavos entraban las regiones de Polonia central y del este, el sur de Bielorrusia y el noroeste de Ucrania.

En términos geográficos la protopatria de los eslavos se encontraba al norte de la línea que separa la zona mixta de bosque-estepa y las estepas del sur. Esta línea atravesaba Ucrania en diagonal y se extendía desde la parte baja de los ríos Prut y Dníster en el suroeste hasta los afluentes del Siverskyi Donets en el noreste. Más al norte de esta línea, en la zona mezclada de bosque-estepa, los eslavos agricultores que practicaban un modo de vida sedentario estaban mejor protegidos de los guerreros nómadas procedentes de la estepa abierta.

 

Migración eslava

Ya a mediados del primer milenio antes de cristo, los eslavos comenzaron a ocupar lentamente los territorios fuera de su patria histórica. Este proceso gradual de migración duró más de un milenio y la dirección evidente era el sureste (la parte media del Dníster) y el suroeste de Ucrania (en la parte baja del Bug del Sur). A los eslavos y a otros pueblos les seducían las riquezas naturales y las posibilidades de comercio con ciudades griegas y, posteriormente, romanas situadas a lo largo de las costas de los mares Negro y Azov.

Por eso, los contactos entre eslavos y aquellas civilizaciones nómadas y semi-sedentarias que dominaban los territorios ucranianos eran inevitables. Entre ellos, con los escitas, que, después del año 750 ac, controlaron la estepa al norte del Mar Negro. Hay razones para suponer que al menos una parte de los así llamados “escitas aradores” y también quizás de los agricultores de la sociedad escita, estaba formada por eslavos. Con la llegada de los sármatas, que sustituyeron a los escitas después del año 250 ac, los eslavos seguían subordinados a los nómadas.

La información sobre los eslavos que habitaban los territorios de Ucrania en la época sármata ha sido recibida de las obras del historiador godo Jordanes y del historiador bizantino Procopio. Estos son los primeros autores que describieron a los eslavos detalladamente. Jordanes les dividió en tres grupos: 1) vénetos del Vístula, que habitaban la costa del Mar Báltico y en las tierras bajas del Elba, Odra y Vístula; 2) antaes, distribuidos a lo largo del Mar Negro, entre el Prut y el Bug del Sur; 3) esclavenos, que vivían al norte del Danubio, en Moravia, alrededor de los Cárpatos, en Valaquia y en Moldavia. El segundo de los grupos mencionados, el de los antaes, resulta de especial interés.

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La patria antigua de los eslavos

En una de las primeras obras históricas en la que se determina la localización de la patria antigua de los eslavos es la medieval “Crónica de Néstor”, según la cual, al principio “se asentaron los eslavos por el Danubio, donde se encuentran ahora las tierras húngaras y búlgaras”, es decir, a lo largo del curso medio y bajo del Danubio, desde la Llanura Panónica hasta el Mar Negro. Esta interpretación predominó durante muchos siglos, hasta que no fue sustituida por la así llamada “teoría sármata”: la patria antigua eslava se consideraba a las tierras alrededor del río Don, generando fuertes relaciones con los escitas iranios y con los sármatas. En el siglo XIX algunos historiadores aseguraban que los eslavos provienen, o de los Cárpatos o de tierras más al norte a lo largo de los pantanos del río Prýpiat. Actualmente existen cuatro teorías:

1.- Desde el punto de vista del arqueólogo checo Lubor Niederle (1902), la patria antigua eslava cuyo centro se encuentra en la Ucrania noroeste se extiende desde el nacimiento del Vístula y el valle del Bug, atravesando los pantanos del Prýpiat y el margen derecho de Ucrania desde el Dnipró, hasta las cordilleras de los Cárpatos en el sur.

2.- El eslavista Max Vasmer (1941) señaló el lugar de procedencia de los eslavos algo más al este, situando el centro en aquellas tierras de Ucrania norcentral donde el Prýpiat y el Desná desembocan en el Dnipró. Este territorio abarca los pantanos del Prýpiat y el margen derecho de Ucrania, desde los flujos del Bug del Sur en el oeste hasta los flujos del Siverskyi Donets y Don en el este.

3.- Los arqueólogos polacos del periodo de entreguerras y posguerra, Jan Czekanowski, Tadeusz Ler-Splawinski, Leon Kozlowski, Jozef Kostrzewski y Tadeusz Sulimirski, aseguraban que los eslavos provienen de la región de la así llamada cultura lusaciana, que, como mostraban los hallazgos arqueológicos, se situaba entre el río Elba en el oeste y el Bug en el este, y entre los Cárpatos del norte y el Mar Báltico. Este territorio en general coincide con las fronteras de la Polonia contemporánea.

4.- Los arqueólogos soviéticos de la posguerra Piotr Tretiakov y Boris Rybakov, apoyados por el historiador polaco Konrad Jazdzewski y por los arqueólogos checos Jan Fili, Zdenek Vania y Jiri Horak, aseguraban que el territorio de la cultura lusaciana era sólo la parte occidental más lejana de la patria antigua de los eslavos y el resto de los territorios, al parecer, se extendían al este, hasta la parte baja de los ríos Desná y Seim.

Los historiadores contemporáneos cuyas teorías difieren únicamente en detalles, parece que están de acuerdo en que la patria antigua de los eslavos se situaba al norte de los Cárpatos y también al norte de la estepa abierta. Este territorio se extendía por el curso mediano del Vístula en el oeste, a través del Bug y del Prýpiat, y en el este hasta la mitad del Dnipró y Desná; actualmente estas tierras corresponden con la Ucrania norcentral y oeste, el suroeste de Bielorrusia y la Polonia sureste y surcentral.

Los historiadores siguen proponiendo teorías sobre la patria antigua eslava. Algunos arqueólogos consideran que es la histórica Bohemia (Iván Borkovski) o Panonia (Josip Korosec); otros vuelven a las versiones más antiguas de la procedencia de los eslavos, como la de la parte baja del Danubio (Florián Kurta), la del valle pantanoso del Prýpiat a lo largo de la frontera actual entre Ucrania y Bielorrusia (Irena Rusánova), o la de los montes Cárpatos del norte a ambos lados de la frontera actual entre Polonia y Ucrania en la región histórica de Galitzia (Volodymyr Barán).

 

Los antae

Debido a que los fuentes escritas son pobres y contradictorias (Procopio, contrariamente a Jordanes, no considera que los antae fuesen eslavos) y a que los hallazgos arqueológicos no son convincentes, la cuestión de los antae sigue siendo discutida. Se sabe que vivían en estas tierras en época sármata. La tribu sármata más influyente en territorio ucraniano era la de los alanos, uno de estos grupos alanos era conocido como los antae. Parece que tras la llegada de los alanos antae a las estepas de Ucrania en los dos primeros siglos de nuestra era, éstos, de forma parecida a otras tribus sármatas de procedencia irania, empezaron a unir alrededor de ellos a las tribus eslavas y no eslavas que vivían cerca. La influencia de los antae, que al principio se extendía por las tierras del río Prut y el valle bajo del Dníster durante el siglo IV dc, con el tiempo llegó hasta los territorios del norte: primero hasta los afluentes del Bug del Sur, y luego, ya en los siglos V y VI, hasta el Volinia y la corriente media del Dnipró. En los tiempos de la propagación del poder antae profundizando hacia el norte, más allá de la estepa abierta hacia lugares densamente poblados por eslavos, a estos eslavos sometidos les comenzaron a llamar también antae. Al mismo tiempo, los eslavos mismos fueron sustituyendo gradualmente a los ex conquistadores alanoiranios y a la élite militar de los que heredaron el nombre de antae.

En el siglo IV dc los antae se consolidaron como una unión fuerte de tribus con destacamentos militares poderosos. Esta reputación como fuerza recia combatiendo se mantuvo hasta el siglo VI,  Jordanes describió a los antae como al pueblo “más valiente” que vive “entre Dníster y Dnipró al norte del Ponto Euxino (Mar Negro)”[1]. Los antae consiguieron hacer exitosas incursiones en el Imperio Bizantino y repeler a los godos que desde 1015 se habían consolidado en Crimea y en el sur de Ucrania. Debido a una de estas escaramuzas ha llegado a nuestros tiempos la mención del “rey” de los antae, cuyo nombre era Bozh.

El siglo de oro del poder antae en territorio ucraniano tuvo lugar en el siglo V. Durante este tiempo consiguieron rellenar el vacío de poder supremo que comenzó en la orilla derecha del Dnipró después de la llegada de los hunos, que a finales del siglo IV expulsaron a los godos de estos territorios, y éstos se fueron al oeste, cruzando los Cárpatos, a la llanura panónica. La zona de influencia antae se extendía por el norte de la zona central y oeste de Ucrania. Llevaban un modo de vida sedentario, estableciendo numerosas aldeas, principalmente cultivaban la tierra y cuidaban el ganado.

Los antae sedentarios establecieron también algunos asentamientos fortificados famosos, como los castros donde los artesanos elaboraban objetos de metal y vajillas de arcilla. Los restos de estas elaboraciones han sido descritas por los arqueólogos como elementos de la Cultura de Cherniajov y de la Cultura de Penkivka. De estos asentamientos fortificados, el más importante era Volinia en el oeste y Kiev en el curso medio del Dnipró, donde los antae ejercían un comercio vivo local e internacional, llegando incluso al Imperio Romano y al Bizantino.

Aunque no hay duda de que los antae habitaron la zona de los territorios ucranianos entre los siglos III y VII, las teorías de los historiadores sí difieren en cuanto al tipo de sociedad y esfera de poder. Algunos investigadores aseguran que los antae eran eslavos o grupos tribales en parte eslavizados que de vez en cuando se aliaban en una unión militar tribal. Otros defienden que esta unión desembocó en un “estado”, considerando así a los antae fundadores de uno de los primeros estados eslavos. Frantisek Dvornik incluso habla de “imperio” de los antae, ampliando de esa forma el territorio de la patria antigua de los eslavos desde el Óder en el oeste hasta el punto más alto del Donets y del Oka en el este. Pero la mayoría de los historiadores llaman a los antae los eslavos del este: los historiadores ucranianos no soviéticos (Hrushevski, Polonska-Vasylenko) aseguran que los antae fundaron un estado ucraniano; los historiadores soviéticos (Grékov, Rybakov) les llaman el grupo local de eslavos que formó el primer estado eslavo del este en el siglo VI entre los dulibos en Volinia y en el siglo VIII entre los polanos, que vivían en la parte central de Ucrania-Dnipró[2] cerca del río Ros.

Independientemente de si los antae crearon un estado o simplemente existían como grupo tribal, su influencia acabó tras la llegada de los ávaros en la segunda mitad del siglo VI. En la época de los ávaros los antae desaparecen de las fuentes escritas: son mencionados por última vez en el año 602.

 

Pax Chazárica

El siglo VII llegó a ser un siglo importante y crucial en la historia de Ucrania, no sólo porque a principios de siglo desaparecieron los antae, sino también porque a mediados de siglo los ávaros guerreros se trasladaron de las tierras ucranianas a la llanura panónica, y un nuevo pueblo túrquico, los jázaros, fundaron su propio estado política y económicamente poderoso  al este de los territorios ucranianos situados entre el curso bajo del Don, el Volga y el valle de los ríos Kubán y Térek. Al respecto de las tribus eslavas del este, podemos decir que algunas de ellas se alejaron al oeste, con los ávaros, tras los Cárpatos. Se rompió la unión tribal de los dulibos en Volinia y en su lugar apareció una nueva unión entre los polanos y siveriany en la mitad de Ucrania-Dnipró. Algunos historiadores consideran que la unión polano-severiana con capital en Roden, en la desembocadura del río Ros en el Dnipró, heredó la tradición de conformar estados de los eslavos del este (de hecho, los historiadores soviéticos insisten en la existencia temprana del Estado rus en estos territorios, los demás aseguran que esto fue una unión tribal dentro de la esfera de influencia jázara).

El territorio jázaro conformaba un triángulo delimitado por un lado por la corriente baja del Don, por otro lado por el río Volga y por otro lado por los ríos Térek y Kubán. Aún así, la influencia jázara se extendía mucho más lejos. A principios del siglo IX, algunas tribus eslavas orientales en el noroeste (polanos, radimiches, siveriany, viatiches), las tribus del norte (mordvinos, cheremysy, protobúlgaros del Volga) y también onogures, magiares, kasogos y alanos en el sur, obedecían al kaganato (Imperio) jázaro. Incluso desde el siglo VIII controlaban la mayor parte del norte de Crimea, donde bajo su poder también se encontraban los godos de Crimea con su capital en Doros.

Por este considerable territorio pasaban algunas rutas comerciales internacionales rentables, una de ellas era la parte norte de la Ruta de la Seda, que empezaba en China, atravesaba el mar de Aral, se prolongaba a lo largo de la costa del mar Caspio y terminaba en la capital jázara (Atil), en la cuenca del Volga. En Atil, los jázaros comerciaban en dirección sur: desde el Caspio hasta Bagdad y el Oriente Próximo persa (posteriormente árabe); o hacia el oeste por el curso del río Don, a través del mar Negro hasta Bizancio. El comercio constituía el principal interés de los jázaros, por tanto, el control y defensa de las vías comerciales era la prioridad de las fuerzas militares del kaganato. La fuente principal de ingresos eran los impuestos a los productos que pasaban por sus territorios y también el tributo que pagaban los pueblos sometidos al dominio jázaro. A cambio, los jázaros aseguraban la paz en la región, estabilidad y condiciones favorables para el comercio; así que sus relaciones con las tribus cercanas se pueden considerar de vasallaje. Estos eran los rasgos principales del nuevo orden establecido (Pax Chazarica).

A diferencia de sus predecesores y sucesores nómadas, los jázaros, para los cuáles el comercio era lo más importante, preferían la diplomacia y la paz a la guerra y el pillaje. Así que los protobúlgaros del Volga en el norte, incluso después de conseguir su independencia a mediados del siglo VIII, conservaban relaciones amistosas con los jázaros. Respecto al sur, tras la lucha encarnizada con el Imperio persa y luego la lucha a lo largo de los siglos VII-VIII con el califato árabe, en el año 750 aproximadamente, ambas partes acordaron que seguir luchando era inútil, por lo que marcaron una frontera “natural” con las montañas del Cáucaso.

Las relaciones con Bizancio, que era la ciudad más importante de la región, desde el principio del dominio jázaro en el siglo VII, se construyeron de la mejor manera. Los jázaros eran aliados de Bizancio en la contención de, primero, los persas y luego los árabes. El único peligro posible de estas relaciones amistosas venía de la península de Crimea, donde desde el siglo VI, bajo el poder bizantino, existía el Reino del Bósforo. En el lugar donde se hallaba la ciudad greco-bósfora de Hermonasa (Tamatarkha) en la costa este del Estrecho de Kerch, los jázaros contruyeron la fotaleza de Tmutarakáñ. Luego, utilizando de forma acertada las disputas entre Crimea y Constantinopla, a finales del siglo VII los jázaros tomaron el control  de casi toda la península. Tras este hecho, la tensión entre jázaros y bizantinos disminuyó: acordaron dividir Crimea entre la esfera de influencia bizantina que se extendía por la costa, y la jázara, por el territorio de estepa de la península.

En el siglo VIII las relaciones bizantino-jázaras sólo se hicieron más fuertes gracias a la diplomacia nupcial (a las hijas de algunos de los kaganes las casaron con emperadores bizantinos) y tras defenderse conjuntamente de los magiares nómadas y los recién llegados varegos rusos, que cada vez inquietaban más. En consecuencia, en los años 830 los arquitectos bizantinos construyeron la segunda capital de los jázaros, Sarkel (o Casa blanca), en el río Don, y en los años 860 la llegada de la misión cultural de Bizancio a los jázaros de la mano de los misioneros cristianos Cirilo y Metodio.

El comercio internacional, que era de suma importancia para los jázaros, ayudaba a desarrollar la cultura y, por tanto, la religión del imperio. Al principio los jázaros seguían el chamanismo procedente de Altai, pero la élite dominante se abrió a otras religiones más desarrolladas. Las tres grandes religiones encontraron apoyos entre la nobleza jázara: 1. Islam, llegó en el siglo VII a través de comerciantes árabes. 2. Judaísmo, traído por los misioneros judíos en 765, entre ellos se encontraba Isaac Ha-Sangarí. 3. Cristianismo, del cual eran fieles Cirilo y Metodio de Bizancio, futuros “apóstoles eslavos”, que vivieron en Sarkel en los años 860-861. En el período transcurrido entre los años 789 y 809, el kagán jázaro y la nobleza se convirtieron al judaísmo, y después, durante la primera mitad del siglo X, el kagán acogió a los refugiados judíos que huían de las ejecuciones del emperador bizantino Romano I (que gobernó en 920-944). A pesar de que al final entre los habitantes del estado jázaro la religión más influyente era el Islam, el kaganato ha sido el único estado en la historia que (aunque en un príodo corto) reconoció el judaísmo como religión oficial. Así, aparecieron muchas leyendas y teorías judías (la última ha sido el libro de Arthur Koestler, “La decimotercera tribu”) cuyos autores intentan defender que los judíos de europa oriental descienden de los jázaros.

La importancia del estado jázaro reside en el hecho de que durante dos siglos (aprox 650-850) aseguraron la estabilidad de la gran región situada entre los mares Negro y Caspio y las Montañas del Cáucaso, que colindaba con distintas culturas. El kaganato jázaro no se puede considerar un “bastión de la estepa” inexpugnable de los ataques del este, como tradicionalmente se muestra en literatura, sino que más bien era un centro fuerte alrededor del cual se reunían las tribus nómadas y sus alianzas (protobúlgaros, alanos, magiares y eslavos del este), y donde el comercio y la existencia pacífica prevalecían sobre los conflictos armados.

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Arqueología en Ucrania

El primer período de historia ucraniana o protohistoria (aproximadamente de 1150 ac a 850 dc) se presenta a menudo en las obras históricas como una época de ataques continuados de pueblos nómadas, desde los cimerios hasta los jázaros, que invadieron el territorio de Ucrania y lo gobernaron en distintas épocas. Sin embargo, el objeto de las investigaciones arqueológicas de aquel período de dos siglos diferencia estas culturas. El conocimiento sobre ellas se ha formdo en base a los rastros del pasado hallados durante las excavaciones, como restos de viviendas, instrumentos domésticos, armas, sepulturas, monedas y, sobre todo, la cerámica. Los hallazgos arqueológicos nos cuentan más sobre la forma de existencia física de la población sedentaria agrícola que los datos de varios autores antiguos que nos dejaron sólo descripciones generales sobre estos pueblos nómadas dominantes.

Los arqueólogos revelaron que en este período en el territorio ucraniano coexistían varias culturas. Estas culturas se trasladaban de vez en cuando y puede que vivieran en nuevos lugares más tiempo que en su territorio de origen. Por eso, los nombres contemporáneos de esas culturas a veces están condicionados por el lugar en el que a finales del siglo XIX y principios del XX fueron halladas por primera vez (Tripilia, Zarubintsi y Cherniajiv), o por el estilo decorativo de su cerámica, o por el modo de sepultura (catacumbas o sepulcros individuales).

En los territorios ucranianos los arqueólogos revelaron bastantes culturas prehistóricas. La más famosa es la cultura de Tripilia (aproximadamente entre 4500 ac – 2000 ac), que certifica el paso de la ganadería nómada a la agricultura sedentaria; la cultura bilohrúdiska (1350 ac – 800 ac), que revela en parte rastros cimerios; la cultura de Srubna (1200 ac – 600 ac), en la que a finales de su existencia aparecen los escitas.

A principios del primer siglo de nuestra era surgen un par de culturas nuevas, aunque los historiadores todavía no se han puesto de acuerdo en cómo clasificar estos hallazgos arqueológicos y en verificar su pertenencia a alguna cultura o pueblo en concreto. El problema de las relaciones entre arqueología e historia se hace obvio en el proceso de análisis de la cuestión  de la etnogénesis eslava.

La primera de estas culturas nuevas es la cultura de Zarubintsi (llamada así por el pueblo del mismo nombre cerca de Pereiáslav), que llegó a su esplendor entre los años 200 ac – 200 dc en Ucrania noroeste (Volinia y los pantanos del río Prýpiat) y norcentral (Kyivshchyna[3]). Era una cultura agrícola cuyos habitantes vivían en pequeñas viviendas a lo largo de las orillas protegidas de los ríos y que era famosa por su forma única de trabajar el hierro. La cultura Zarubintsi coincide en el tiempo con la época sármata, aunque quizás también otros pueblos contribuyeron a esta cultura (bálticos, escitas, pomeranios), entre los cuáles podían encontrarse los eslavos.

Aproximadamente en el año 200, en la zona geográfica de bosque-estepa y estepa abierta, en la mayor parte del territorio de la Ucrania contemporánea, Moldavia y la parte este de Rumanía, surge la así llamada cultura de Cherniajiv (proviene del pueblo Cherniajiv, cerca de Kiev, donde en 1899 Vikentii Jvoika encontró sepulturas). Aquí se encontraban cientos de poblados que se extendían a lo largo de pasos estrechos (a veces de hasta 1 kilómetro de largo) en las orillas de los ríos. La cerámica pulimentada gris o negra, los instrumentos de hierro y las joyas refinadas de metal caracterizan la cultura de Cherniajiv y dan testimonio del comercio con el mundo romano en el sur. Sobre la vida espiritual de los pobladores de aquellos tiempos, obtenemos información a través de las estatuas paganas de ídolos de piedra encontradas en varios sitios en el centro de la zona de Podnistrovia[4]. Estas estatuas tienen una altura que oscila de 1 a 3 metros y datan de los siglos II al V. Los científicos no han llegardo a ponerse de acuerdo acerca de las tribus que crearon la cultura material, aunque probablemente sea el resultado de la influencia mutua de varias etnias entre las que se encontraban los dacios, germánicos, sármatas, escitas y antae. Sea como fuere su composición étnica, la cultura de Cherniajiv parece que llegó a su inesperada hecatombe aproximadamente en el año 400, víctima de la avalancha nómada huna.

Casi al mismo tiempo que la cultura de Cherniajiv, entre el Dnipró y el Bug del sur y el curso bajo del Dnipró apareció la cultura de Penkivka (llamada así por el antiguo pueblo de Penkivka, en el centro de Ucrania-Dnipró, hoy en día inundado por el embalse de Kremenchuk). Esta cultura parece dar testimonio de la presencia en Ucrania de los sármatas: nómadas de origen iranio que gradualmente se eslavizaron y posteriormente figuraron en las fuentes históricas como los antae. A esta cultura agrícola también es caracterizada por sus poblados pequeños a lo largo de las orillas de los ríos consistentes en viviendas semi subterráneas con una estufa de piedra en cada una. La cultura de Penkivka relacionada con los antae floreció desde el siglo IV hasta el ataque de los ávaros de principios del siglo VII. Evidentemente, los ávaros rompieron la majestuosidad de los guerreros antae, pero no destruyeron el modo de vida característico de la cultura de Penkivka, especialmente en la Ucrania norcentral y noroeste.

 

Las tribus eslavas bajo la esfera de influencia jázara

Los eslavos, que vivían en Ucrania central y suroeste, se encontraban bajo la esfera de influencia de la Pax Chazarica, y por ello tuvieron la oportunidad de desplazarse al sur, a lo largo de los ríos, hasta el Mar Negro y más allá al este del Dnipró. A pesar de la antigua alianza de los antae, en el territorio de Ucrania había otras tribus eslavas independientes: los siveriany, en el noroeste a lo largo del curso bajo del río Desná y el curso alto de los ríos Seim y Sula; los polanos (habitantes de llanura, campo…), a lo largo del Dnipró entre Kiev y Roden; los drevlianos (habitantes de bosques), en los alrededores de los ríos Prýpiat y Horyn; los dulibos, en Volinia, cerca del nacimiento de los ríos Vístula, Bug y Styr; los croatas blancos, al norte de los Cárpatos; los úlychi, en la orilla izquierda del Bug del Sur; y los tývertsi, entre el Dníster y el Prut, cerca del Mar Negro.

En los tiempos de la alianza tribal antae, las metrópolis de estas tribus eslavas estaban fortificadas con castros. Al principio las rodeaban empalizadas, terraplenes y fosos con agua, donde los agricultores de los alrededores se escondían en tiempos peligrosos. Posteriormente, los castros se convirtieron en ciudades, en ellas trabajaban los artesanos y los comerciantes. En el siglo IX, en Kyivshchyna existían aproximadamente 400 castros, en Volinia 350, en Podolia 250 y en Galitzia 100. Los más importantes eran: Kyiv, metrópolis de los polanos fundada por su semilegendario Gran Príncipe Kyi (aproximadamente en el año 560); Cherníhiv, metrópolis de los siberiany; Iskórosten (actual Kórosten), metrópolis de los drevlianos; Volinia (actual Horodok del Buj), metrópolis de los dulibos; Przémysl, metrópolis de los croatas blancos, y Peresichen, metrópolis de los úlychi. Al principio, la administración de las tribus se concentraba en las manos de los representantes de aquellas familias que gracias a su prosperidad, valentía militar o cualidades propias, tenían poder e influencia. Se reunían en una asamblea (llamada veche) para decidir los asuntos importantes y en ellas de vez en cuando las personas más influyentes se convertían en caudillos o grandes príncipes de todo el grupo tribal.

Al principio, las tribus eslavas se dedicaban a la agricultura y practicaban la ganadería. Recogían las cosechas de distintos tipos de grano, pescaban, cazaban animales salvajes y recogían la miel y la cera de las abejas. Estos animales cazados eran vendidos en las ciudades, donde los artesanos ofrecían sus productos cerámicos, trenzados, metálicos y, los más importantes: productos de hierro de alta calidad. En la época jázara, en tierras ucranianas se mantuvo no únicamente el comercio interno, sino que este territorio era un eslabón importante de la red comercial internacional.

En los primeros siglos de supremacía jázara, la vía comercial más importante que unía Asia central, el mundo árabe y Bizancio con Europa del norte, pasaba por Jazaria, se estrechaba por el Volga, atravesaba algunos lagos y llegaba hasta el Golfo de Finlandia y el Mar Báltico. Los iniciadores de este comercio fueron varegos que, desde sus fortificaciones en las costas occidentales del Báltico y sus puestos de avanzada en Rusia en la parte norte (Ládoga la Vieja) y norcentral (Rostov), bajaron en el siglo VIII por el Volga hasta Jazaria. Durante el siglo IX apareció la ruta más corta desde el Báltico hasta Bizancio: a través de algunos lagos y ríos directamente al sur hasta el Dnipró saliendo al Mar Negro. Aspirando a que la gran ruta de navegación que posteriormente se convirtió en la famosa “ruta de varegos a griegos” no bordearan las tierras jázaras, éstos fortalecieron sus posiciones en la parte media de Ucrania-Dnipró con una guarnición militar en Kiev (ciudad llamada por entonces Sámbatas). Por otro lado, de Sámbatas partía la ruta terrestre dirección oeste hasta las ciudades jázaras de Sarkel y Atil. Así que en Kiev se cruzaban las rutas principales norte-sur y este-oeste por las que llegaban los productos de Asia central, tierras árabes, Bizancio y de los mercados bálticos y escandinavos. Por estas rutas y sus desvíos, las tribus eslavas del este de Ucrania intercambiaban grano, cera, miel, a veces pieles y esclavos, por ropa bonita, oro, plata, vino y cerámica.

Aunque existían unas cuántas tribus eslavas, tenían mucho en común: modo de vida agrícola, mitología y sistema de creencias. Repartidos en grupos pequeños entre la gran llanura y los bosques, los eslavos reaccionaban a su aislamiento y miedo a las fuerzas misteriosas de la naturaleza creando deidades que habitaban en nubes, bosques, tierras, ríos, campos y establos. Personificando la naturaleza intentaban encontrar con ella un idioma “humano” común y, de este modo, deshacerse del miedo a lo desconocido. Debido a que sus sistema de creencias no dejó testimonios escritos, conocemos sólo las descripciones de autores foráneos cristianos, y también a través de las costumbres nacionales posteriores donde se supone que permanecían los rasgos mitológicos precristianos eslavos.

Evidentemente, existían dos categorías de dioses: los principales, que controlaban todas las fuerzas de la naturaleza, y los secundarios, que habitaban los bosques locales, campos y ríos. Los dioses principales eran Svarog, dios del cielo, y sus dos hijos, Dazhbog, dios del sol, y Svarozhich, dios del fuego. No menos importantes eran Perún, dios del trueno, y Volos, dios del ganado. A la segunda categoría de dioses pertenecían muchísimas criaturas que poblaban bosques (lisovik), pantanos (demonios), campos (polovik), y ríos y lagos (sirenas). Otros dioses estaban relacionados con los sentimientos humanos, por ejemplo, Yarilo, dios de la pasión y renacimiento primaveral, y Kupalo, dios del agua, hierba y flores, que tenía el poder de la purificación. En honor de todos estos dioses se ofrecían sacrificios acompañados de sus rituales correspondientes.

En general, se suponía que el sistema eslavo de creencias garantizaba la comunicación directa con los dioses, sin templos, ídolos ni sacerdotes. Aunque había dos excepciones: en la isla Rugen en el Mar Báltico y en Kiev. En ambos sitios existían grandes ídolos. En Kiev, un ídolo grande de madera de Perún lanzando truenos, dios de la guerra. Los gobernantes más antiguos de Kiev y los primeros grandes príncipes, antes de ir a la guerra, le ofrecían a él sacrificios, al igual que al dios del ganado Volos. La tribu eslava rani (o rujani) de la isla de Rugen tenía ritos incluso más complejos y construyeron algo parecido a templos para el “dios de los dioses” Svantovid (Sviatovid). Parece que el culto a Svantovid se extendió también hasta las tribus eslavas del oeste que vivían al norte de los Cárpatos. Es probable que sea él el que fue personificado en un ídolo de más de dos metros de altura encontrado a mediados del siglo XIX en la orilla del Zbruch en el oeste de Ucrania. Con la llegada del cristianismo, los principales dioses eslavos y sus ídolos fueron destruidos, pero la fe en las criaturas terrestres ha perdurado con mucha fuerza en las aldeas incluso en el siglo XX y coexiste con la fe cristiana.

En los tiempos de la Pax Chazarica, las tribus eslavas en territorio ucraniano fueron protegidas de las intervenciones destructivas de los nómadas del este y por eso pudieron desarrollar la agricultura y el comercio durante los siglos VII – IX. A pesar de estos privilegios, a algunos grandes príncipes eslavos les indignaba el estatus de vasallos en las relaciones con los dirigentes jázaros. Pero durante mucho tiempo los eslavos estuvieron separados, por lo que ninguna tribu tuvo el suficiente poder para oponerse al kaganato jázaro. La aparición de aquella fuerza sólo llegó a ser posible a mediados del siglo IX en Kyivshchyna cuando las tribus locales se unieron bajo el mando de los líderes escandinavos varegos. Así apareció una nueva entidad conocida como Rus. ¿De dónde apareció este fenómeno? O citando las palabras del prólogo del libro “Crónica de Néstor” que dan comienzo a la famosa discusión: “¿De dónde empezó la tierra rusa, y quién reinó al principio en esta tierra, y cómo apareció la tierra de Rus?”[5].

[1] The Gothic History of Jordanes, traducida por Charles Christopher Mierow, segunda edición. (Princeton, NJ, 1915), p. 60.

[2] Ucrania-Dnipró es el nombre que se le da al territorio de Ucrania en el Imperio ruso, que corresponde aproximadamente al actual territorio de Ucrania, con las excepciones del Mar Negro de la península de Crimea (parte de la RSS de Ucrania en 1954) y en el oeste Galitzia, la cual fue una provincia del imperio austríaco. N del T. Fuente: Wikipedia.

[3] Parte de Ucrania histórica-etnográfica que al principio incluía los oblast contemporáneos del centro y del norte de Ucrania, es decir, la orilla derecha del Ucrania-Dnipró mediano. N del T. Fuente: Wikipedia Ucrania.

[4] Zona geográfica de Ucrania correspondiente al valle del río Dníster. N del T. Fuente: Wikipedia Ucrania.

[5] Crónica de Néstor, en Crónica de Rus, según la Lista de Ipatii traducida por Leonid Majnovets (Kiev, 1989), página 1.

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